Por: Jorge Iván Cuervo R.

Yidis en ‘Soho’

CUANDO SUPE DE LA NOTICIA, MI primera impresión fue la de total incredulidad, como Alberto Casas, quedé mustio. Luego, algo de indignación por algo tan atrevido en estos momentos. Pensé que en el fondo le hacían un favor al Gobierno al contribuir con la pérdida de credibilidad de Yidis. Si se empelota en Soho, diría mucha gente, por plata o por figuración, esta mujer es capaz de cualquier cosa, incluso de mentir para enlodar al Presidente.

Cuando supe que la entrevista la haría Salud Hernández, más morbo me dio. Quería ver su mala leche habitual desplegada en toda su dimensión. Con cierto desdén compré la revista, y debo decir que todos mis prejuicios se vinieron abajo.

En primer lugar, desde el punto de vista estético, el resultado final es aceptable. Que vieja, que gorda, que sin curvas, sí, todo es verdad, pero para gordas sin brillo, ya Soho se había arriesgado con Marbelle, y la presencia de Yidis introduce cierto equilibrio social y regional, tan necesario en este país clasista y centralista. Ese aire de diva provinciana de los años veinte con mucho fotoshop, finalmente es un buen producto. No es Tala Restrepo, no es Natalia París, es una mujer de carne y hueso.

El trabajo de periodista de Salud es impecable. Hizo todas las preguntas que todos quisiéramos hacer, con desparpajo pero con respeto, sin comerle cuento, sin endiosarla y sin defenestrarla, dejándola ser, y al final descubrió que detrás de la arpía insensible e inescrupulosa que los medios oficialistas y el Gobierno nos quieren hacer ver, hay una mujer llena de contradicciones que en principio no habría por qué no creerle cuando dice que hace todo esto por redimirse como persona. A muchos sorprenderá que el Gobierno hubiera “persuadido” a alguien humano, demasiado humano.

Sus respuestas son frenteras, y deja entrever que todo el problema se origina en que el Gobierno sólo la valoró el día del voto definitivo que permitió la reelección presidencial, y luego la fueron pordebajeando y maltratando, hasta que ella entendió su importancia y se sintió con derecho de reclamar lo suyo, encontrándose con el emperadorcito-ministro Palacios, quien en su inmensa arrogancia dejó de cumplirle sin medir las consecuencias de su decisión. Yidis acepta que la operación de compra de su voto fue una labor delegada en los hombres del Presidente, algo así como ‘hagan lo que tengan que hacer y no me cuenten’, con los resultados conocidos: un asunto menor de negociación entre el poder nacional y el poder local, se volvió un tema de Estado y puso al Gobierno contra las cuerdas.

No creo que el reportaje deteriore la credibilidad de Yidis. Ella no es un dechado de virtudes —¿quién lo es?—, pero lo que ha declarado ha venido siendo corroborado por las autoridades, y este reportaje no le quitará ni le pondrá una coma más. Es como si alguien le hubiera ofrecido en su momento a Santiago Medina que se hubiera desnudado para una revista. La claridad que tiene el país de que el tío del director de Soho llegó a la Presidencia con los dineros del narcotráfico, gracias a lo dicho por el Anticuario, no se hubiera afectado.

Contra todos los pronósticos, la revista se jugó una carta audaz, y como documento periodístico, le salió bien, para qué.  Sólo me queda una inquietud que me carcome el alma ¿Quién sigue? ¿Piedad Córdoba? ¿Íngrid? ¿La propia Salud?

jorgeivancuervo@etb.net.co

 

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