Por: Reinaldo Spitaletta

‘Yidisgate’ y el gran Burundú

PARECE QUE TODOS LOS CAMINOS del presidente Uribe lo conducen a la dictadura.

Desde el principio, incluso en los tiempos de su primera campaña, cuando decía que no estaba de acuerdo con la reelección, se advertían sus ansias de convertirse en las instituciones, en la política, en el partido, en el gran Burundú. En el “Mesías”. El espectáculo mediático de la última semana lo confirma.

En Colombia se está legitimando lo ilegal. Hace rato que el Ejecutivo le declaró la guerra a las Cortes, lo cual, en una democracia tan “profunda” como la que se dice hay aquí, es un atentado a lo que cada vez menos parece respetar el Presidente: el Estado Social de Derecho.

¿Cuándo empezó todo esto?: ¿cuando se descubrió la infiltración paramilitar en el DAS?, ¿cuando estalló el escándalo de la parapolítica o “parauribismo”?, ¿cuando para reformar un “articulito” se apeló a la compra de conciencias y votos?, ¿cuando detuvieron al primo del Presidente?

La desinstitucionalización empezó hace rato. Pero el asunto de Yidis y Teodolindo la disparó a niveles de “hecatombe”, y lo que se puede inferir es que el Presidente y algunos de sus conmilitones están metidos en un lío jurídico, el cual quieren desviar con pataletas, con señalamientos de que la delincuente con la cual tuvieron relación para lograr reformar la Constitución es una “psicópata criminal” y una secuestradora,  lo que en otro momento no los hizo ruborizar. Al contrario, todo parece indicar que la utilizaron con el fin de que el Gran Hermano se perpetuara en el poder.

El Presidente, como lo mostró su alocución de medianoche, no acata los fallos de los jueces, o los desconoce porque no están acordes con sus intereses políticos. Tampoco los impugna utilizando los canales previstos por la Constitución y las leyes. Al contrario, señala a los magistrados como conniventes con el terrorismo, cuento que tampoco es nuevo porque, en la búsqueda de imponer un pensamiento único, ha diseñado la táctica de señalar al opositor como “comunista disfrazado”, “guerrillero de civil”, colaborador del “terrorismo”…

Lo que ha revelado la decisión de la Corte Suprema de Justicia en el fallo contra la ex representante Yidis Medina es que la aprobación por el Congreso de la reelección presidencial se hizo a partir de un crimen. No se cuestiona la legitimidad de las elecciones en las que salió reelegido Uribe, sino la irregularidad en el trámite legislativo de la reelección. Pero el “todopoderoso” ha salido a invocar al pueblo (como un dictador, dijo el ex magistrado Carlos Gaviria) y a la ejecución de un referendo.

Cuántas veces el pueblo ha sido utilizado como mampara, como conejillo, como “rebaño desconcertado” para fines oscuros, para el establecimiento de dictaduras y regímenes corruptos. La historia es rica en ejemplos, desde Hitler hasta dictadorzuelos latinoamericanos como Fujimori.

 Así, hay toda una perversión en los usos que del pueblo hacen los tiranuelos, algunos disfrazados de demócratas. Volviendo al caso del referendo, no es que a Uribe le haya ido bien con esa figura. En su primer cuatrienio perdió uno y se le extravió el habla por varios días.

Me parece que en este momento, el pueblo, en efecto, debería rodear a las cortes y reivindicar el Estado Social de Derecho; acudir, incluso, a mecanismos de desobediencia civil para que se respeten las decisiones de los jueces y se sigan los caminos regulares para controvertirlas. Es tiempo para exigir que no siga imperando la impunidad.

Dicen ciertos guasones de esquina que al ‘yidisgate’ hay que erigirle un monumento porque con él se desnudaron las intenciones de establecer en Colombia una “dictadura populista”.

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