Por: Reinaldo Spitaletta

Yidispolítica le cobra al uribismo

La señora, que consideraban casi una retrasada mental, con nivel académico “muy básico, pobre estructura intelectual y vasta ambición de reconocimiento”, se les volvió famosa por el delito de cohecho y porque le dio nombre a un episodio de la vulgaridad y corruptela del uribismo en Colombia: la yidispolítica.

Por aquellos días, de abundante olor a podrido, el mesías ya tenía la mirada fija en la reelección. Y sus alfiles, o, desde otro punto de vista, sus lacayos (el Señor de las sombras es un jinete experto, que puede cabalgar con una taza llena de café sin derramarla), ofrecían leches y mieles por un voto que salvara la reelección y la reforma del “articulito” de la Constitución. Y ahí estaban el supernotariado, el director del DAS, el ministro de Protección (la gente decía desprotección) Social, el justiciero Mininterior.

Había que ofrecer el oro y el moro para que los parlamentarios que no querían votar a favor de la reelección de Yo el supremo, cambiaran de opinión. Y en el panorama de quiénes serían los chapulines salvadores, estaban dos provincianos: Yidis Medina y Teodolindo Avendaño. Había que comprarlos. Darles notarías. Decirles que en sus regiones habría inversiones públicas. El mismo presidente, casi de rodillas, en Palacio (después se llamaría la Casa de ‘Nari’), le dijo a la señora (que según los del carrusel presidencial era cuasi mongola) que salvara la patria. Y la patria era él, quién más entonces. Le prometió cuotas burocráticas, de “cuyo cumplimiento se encargaría el doctor Alberto Velásquez” (El Tiempo, 19-04-2015). Todo eso ocurrió el 2 de junio de 2004.

Al otro, a Teodolindo, lo sedujo el abanico de canonjías que le mostró el Minprotección. Una notaría le hizo abrir los ojos al sobornado (después la vendería por 450 millones) y unos contratos para su nuera. Todo muy lindo. Se estaba tejiendo (como en otros episodios de la historia nacional) lo de siempre: no un capítulo de prostitución política, ni un nauseabundo complot, sino otra orquestación del poder para continuar en el poder.

Por Teodolindo y Yidis hubo reforma constitucional. El “articulito” cambiado permitió la reelección presidencial. A Yidis le habían dicho que en Barranca y en el resto de Santander tendría de todo, que las inversiones sociales crecerían, y lo que casi pasó de agache fueron los cierres hospitalarios, los atentados económicos contra la salud, el aumento del desempleo y de la pobreza. Pero ya estaba untada la mano. Y con la votación a favor de la reelección, Yidis (y su colega Teodolindo) pasarían a ser parte de la historia de la infamia.

La señora, que comenzó a cantar muy afinada cuando fue condenada por el delito de cohecho (para el que se necesitan dos partes), que se había empelotado para una revista de farándula, fue declarada loca, incoherente, mitómana, payasa sin oficio, por el uribismo. El mismo DAS le hizo montajes para tenerla como secuestradora, como toda una bandida. Hoy, de victimaria se tornó en víctima.

Después de mucho tiempo, han sido condenados por el episodio de la yidispolítica (por el delito de cohecho) los exministros Sabas Pretelt, Diego Palacio y el exsecretario Alberto Velásquez. En el llamado entorno uribista, del que los mencionados hacen parte, están María del Pilar Hurtado, condenada por las “chuzadas”; Mauricio Santoyo, exjefe de seguridad de Uribe; Jorge Noguera, exdirector del DAS, condenado a 25 años de cárcel; Mario Uribe, parapolítico, y Andrés Felipe Arias, protagonista del escándalo Agro Ingreso Seguro y prófugo de la justicia.

La yidispolítica uribista, un caso más de clientelismo, corrupción, coimas, tráfico de influencias, politiquería, dádivas y prácticas criminales, ha sido un evento más de la historia del poder político en Colombia. Durante los ocho años de gobierno de Uribe se acentuaron estas mañas y desafueros.

La exparlamentaria Medina, que estuvo detenida con Marta Leal, exsubdirectora de operaciones de inteligencia del DAS, advirtió que el responsable de la yidispolítica fue Álvaro Uribe. “Debe haber un juicio político contra él; no puede ser posible que tanto funcionario de este gobierno esté huyendo y otros presos, sin que el verdadero autor de todo no le pase nada”, dijo en una entrevista del diario El Tiempo. Sin embargo, el teflón uribista parece seguir funcionando.

El 3 de junio de 2004, se votó la reelección. Y ahí, junto a Teodolindo, estaba vigilante el ministro Palacio. Y junto a Yidis Medina, el ministro Pretelt. Ni la historia ni la justicia los absolvió.

 

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