Por: Óscar Sevillano

Yo conozco a Claudia… Palacios

La actual administración de Bogotá quiso hacer una apuesta diferente en el Canal Capital a la que se venía gestionando en la alcaldía de Gustavo Petro, con un equipo de personas distintas, una de ellas la periodista Claudia Palacios, quien ha dedicado su vida al periodismo, y a quien se incorporó al equipo con la idea de que se creara un sistema informativo de noticias del Distrito Capital.

He dialogado con muchas personas que le conocen y ninguna habla mal de ella, ni creen que sea capaz de prestarse a cosas indebidas y todas, sin ninguna excepción, se muestran sorprendidas por el trato que le dio el también periodista Gonzalo Guillén, quien en su última columna publicada en Semana.com le pone en el nivel de una persona aprovechada y oportunista, que se vale del lugar que hoy ocupa en el Canal Capital para sacar ventajas económicas a su favor.

Puede al periodista no gustarle la manera como Claudia Palacios ha redireccionado la manera de emitir noticias en el Canal Capital, que es tan solo uno de los tantos trabajos que se producen en este medio de comunicación. Puede que al periodista no le guste el trabajo de ella, ni las apuestas que en materia de información se hacen.

Pero lo que no está bien es esa manera en como destruye no solo lo que hacen los demás, en nombre de una ética, donde el único juez y fiscal es el mismo Gonzalo Guillén, cuando no hay nada más falto a la ética que pretender instrumentalizarla para descabezar a los demás.

Reconozco el valiente trabajo que hace el periodista en Colombia, donde ha realizado denuncias valiosas que han permitido destapar mafias y la criminalidad que han capturado la función pública, pero no se puede ser complaciente con esta manera tan ruin en como se trata a una persona y se ejerce el periodismo.

Si se tienen dudas sobre la manera en como determinada persona ejerce alguna función pública, perfecto, se pueden elevar preguntas, pero con respeto, sin caer en señalamientos y sobre todo respetando el nombre y la honra de las personas. No es pasando por encima de los demás, tratando de descabezarlos para ganar reconocimiento y recordación pública, como se hace el buen periodismo.

Quienes conocemos a Claudia Palacios nos cuesta creer que sea capaz de prestarse a temas indebidos como exigir un salario que esté por encima de los topes que el manual de la Función Pública establece. De hecho, lo que recibe por sus servicios no es lo que se conoce como sueldo mensual, sino como honorarios, porque al ser una profesional que presta unos servicios, que el Decreto 2785 del 2011 considera como “altamente calificados”, se le puede asignar una remuneración, incluso más elevada que el jefe de la entidad. ¿Hay aquí algo indebido?

Fue así también como el exgerente del Canal Capital Hollman Morris pudo contratar los servicios del juez Baltasar Garzón quien firmó con contrato por prestación de servicios por un total de 163 millones durante cuatro meses, lo que equivale al pago de alrededor de 40 millones de pesos al mes. ¿Por qué entonces a Claudia se le cae con toda, mientras el otro caso se olvida o se guarda silencio?

Puede Gonzalo Guillén no estar de acuerdo con la dirección que tomó el Canal Capital en la administración de Enrique Peñalosa y con la decisión de borrar todo lo que se venía elaborando, incluso, lo que estaba dando buenos resultados como la franja de opinión y el Primer Café, que se habían constituido como marcas al interior del medio, pero lo que sí no está bien es que se acabe con el nombre de una persona con base en verdades acomodadas.

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