Por: Olga Lucía Barona

Yo sí me dejo enamorar

Ojo que aún no hemos ganado nada. No da ni para sacar el carro de bomberos ni para bañarnos en maicena.

No empecemos con los triunfalismos que en el pasado nos hicieron tanto, pero tanto daño. Sin embargo,  cada cosa hay que decirla y esta selección de Colombia, que ayer se clasificó a la segunda ronda de la Copa América, sí empieza a enamorarnos.

Claro que todavía falta ajustar algunas cosas, especialmente en el manejo de la pelota, pero lo cierto es que el equipo nacional va por el camino correcto, por el camino que lo llevaría a hacer unas buenas eliminatorias. Su talón de aquiles, que había sido su falta de gol, ayer lo transformó en efectividad con la buena presencia de Radamel Falcao García, un goleador que estaba en deuda con la camiseta de la selección. Ojalá haya llegado su despunte. La zona defensiva es sinónimo de seguridad y prueba de ello —claro, gracias también a Neco— es que no ha recibido ni un gol en esta Copa América.

Mirando línea por línea, la selección tiene un equipo ordenado y con talento. Cada vez sus buenas individualidades se compenetran más y se ve un conjunto sólido. Ayer, ante Bolivia, inyectó otro ingrediente a su fútbol y fue la jerarquía, que no juega al fútbol, pero que qué importante es tenerla.

Ya no echemos más reversa para atrás, como diría El Bolillo, a esta selección lo que le sobra es futuro.

 

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