Por: Tatiana Acevedo Guerrero

Yo soy mundial (yo soy mundial), como mi selección

Era 1962 y el presidente seguía siendo Lleras Camargo.

Posesionado en un ambiente de esperanza por el Frente Nacional, había recibido apoyo del Partido Comunista (ante la candidatura ultraconservadora de Jorge Leyva, percibida como mayor amenaza). El periodo comenzó con comisiones de diálogo y Rehabilitación pero en el contexto de la “alianza para el progreso” se tomaron medidas represivas. Gómez Hurtado denunció 16 repúblicas independientes, el partido comunista habló de combinación de las formas de lucha, surgió un grupo armado de derecha llamado “la mano negra”. En el norte Lleras Restrepo, encargado de la reforma agraria, denunció feudalismo y miembros de las élites políticas lo amenazaron de muerte. Así, el penúltimo día de mayo llegó Colombia al mundial de fútbol. Poco después titulares anunciaron la hazaña deportiva: el equipo había empatado 4 a 4 con la Unión Soviética. Las condiciones laborales de los jugadores eran malas, los viáticos casi inexistentes y cualquier reivindicación era interpretada como ingratitud. Tras el empate “multitudes se lanzaron a las calles”. Se preparaba para posesionarse León Valencia, quien dos años después ordenó la operación Marquetalia.

En 1990 volvió Colombia al mundial, dirigida por Maturana y con grandes actuaciones de Higuita y Rincón. Barco era presidente y había creado la figura del alto comisionado de paz. También aumentó el gasto en programas de desarrollo rural y rehabilitación. Pese a esto, en su periodo se fortalecieron las Farc y arreció la represión contra la izquierda no armada, los movimientos agrarios del norte y la UP. Inaugurando la elección popular de alcaldes, Galán se enfrentó a la criminalización de su partido y fue asesinado. También fueron asesinados Pizarro y Jaramillo, candidatos del M-19 y la UP. Días antes del mundial el clima era optimista, pues se ratificaba la Constituyente y promulgaban consignas de paz. El ataque a Casa Verde, sin embargo, sembró las primeras dudas sobre el alcance de dichas consignas. El presidente era ya Gaviria y en su gobierno, cuatro años después, también fuimos al mundial.

El cartel de Medellín, que declaró la guerra al Estado, había promovido el deporte en barrios populares. Una generación de jugadores excelentes no sólo tuvo que soportar la presión de los propios narcos durante el certamen sino que cargó para siempre con el estigma. Como antes, en el país hubo diálogo y reformas. El paramilitarismo, aliado con sectores institucionales, creció. Las Farc también. Subió Samper y el cartel de Cali no le hizo la guerra al Estado, como el de Medellín, pero trató de financiarlo. Finalizando su mandato el equipo jugó (con un solo gol del Tumaqueño Preciado) en otro mundial. Samper declaró en distintas publicaciones que no se cayó porque logró el respaldo de los militares, los gringos y los cacaos.

En algunos días comienza, de nuevo, un mundial. Santos, que siempre ha tenido apoyo de la maquinaria que se hereda con el liberalismo, logró la confianza de élites terratenientes y sectores conservadores luego de 8 años de trabajar para Uribe y pudo así comenzar un proceso de paz con las Farc. Pero en el final de su periodo compite con el propio Uribe y comienza a perder el apoyo de algunos militares y, por el lado de los gremios, de uno que otro cacao. Se quiere la paz y se quiere la guerra. Como cada que arranca un mundial, Colombia convive con el orden y con la violencia. Las reformas que prometen un Estado de bienestar llegan pero se trancan en la ejecución y esto genera enormes frustraciones. Hay resistencia virulenta a cualquier reforma de tierras. La desconfianza al ascenso social tampoco desaparece y atiza el florecimiento de actividades ilegales. En las vidas del equipo, de los barrios y ciudades en que nacieron sus 23 hombres (tres de Medellín, tres de Cali, tres de Bogotá, dos de Quibdó, uno de Puerto Colombia, dos Barranquilleros, un Cucuteño, un Samario, dos Tumaqueños, dos oriundos de Cauca, dos del Urabá y uno del Magdalena Medio) están estas y otras historias.

 

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