Por: Cecilia Orozco Tascón

Yo te elijo, tú me eliges

Salvo que ocurra un milagro, en los próximos días tendremos a dos nuevos y orondos togados en el Consejo Superior de la Judicatura.

Llegarán a esa desprestigiada corporación que estuvo a punto de desaparecer porque su carga negativa es molesta aún para la institucionalidad colombiana, los exmagistrados de la igualmente desprestigiada Corte Suprema de Justicia Pedro Munar y Francisco Ricaurte, tal vez el más garoso de cuantos personajes hayan llegado a esa corporación. Existe una tercera opción, ¡tan amplias que son las designaciones en la alta corte!: el también exmagistrado Sigifredo Espinosa.

¿Quiénes los elegirán? Sus excolegas de la Suprema quienes a su vez están en sus actuales sillas gracias a los votos de Munar, Ricaurte y Espinosa. Estos, para su infortunio, cumplieron su escasísimo período de ocho años en la Corte y como quedaron hambrientos de salarios por encima de los $20 millones, de despachos lujosos, secretarias que les levanten el teléfono, camionetas blindadas, escoltas y, desde luego, millonaria pensión, aspiran a continuar poniéndose la toga otros ocho años en un tribunal que les garantice similares beneficios. Para ese fin nada mejor que la Judicatura donde ha habido dignos predecesores suyos. Por ejemplo, José Alfredo Escobar Araújo, el de los botines de Giorgio Sale ¿Cómo harán esa pirueta? Fácil: Munar, Ricaurte y Espinosa prepararon la pista ayudando a llegar a muchos de los que componen la Sala Plena. Y éstos les devolverán el voto-favor cuando tengan que seleccionar a los que ocuparán las vacantes del Consejo.

¿Clientelismo y corrupción con plazas del Estado? Qué importa. Como se dijo en una columna anterior, el poder es para poder. En los pasillos del Congreso de la República todavía se escuchan los comentarios de los parlamentarios que fueron “inspirados” por ciertos magistrados de la Suprema para que les ampliaran el período de 8 a 12 años y su edad de jubilación de 65 a 70, en la escandalosa reforma a la Justicia que se cayó por la ira que generó en los colombianos. Por lo menos dos de los miembros de este trío reeleccionista: Munar, Ricaurte, Espinosa (no olvidar estos nombres por favor) fueron vistos promoviendo con ardoroso empeño esos autobeneficios. No lo lograron pero tampoco desistieron. Así es la historia. Y entendiéndola, se comprende por qué tomaron el camino de llegar al Consejo de la Judicatura, tonto que es uno. En vez de cuatro años más que hubieran tenido de continuar en la Suprema, tendrán el doble, ocho en la Judicatura.

No es todo. La esposa del honorable Munar, Gladys Virginia Guevara, era la directora de la Escuela Judicial Rodrigo Lara Bonilla que depende… del Consejo Superior de la Judicatura. Ella fue la primera interesada en llegar a esta entidad como magistrada, pero en ese momento había otros intereses en ese gran juego de trueque de puestos en que se han pervertido las altas cortes. Así que Gladys Virginia fue consolada con un alto cargo… en la Procuraduría General, donde otro reeleccionista necesitaba —cómo no— los votos de los magistrados de la Corte Suprema para ser postulado a un período más en el Ministerio Público, es decir, otros cuatro años para sí. Munar, Ricaurte y/o Espinosa y Ordóñez lograrán su cometido porque aquí no hay juez que los pare ¡Si ellos mismos son los jueces! Y después se aterran de que los critiquen.

 

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