Por: Carlos Granés

Yoani Sánchez y los mitos de una dictadura (I)

“Hoy voy a vivir como si fuera libre”: es la frase que se dice Yoani Sánchez, la bloguera y opositora cubana, para sobrellevar la existencia en esa jaula caribeña que inventaron los hermanos Castro.

Yoani sabe que no es libre; sabe que su línea de teléfono está intervenida, que la espían los Comités de Defensa de la Revolución y que en cualquier momento, si a alguien no le gusta lo que dice o publica en Generación Y, el blog que le ha mostrado al mundo entero cómo se vive el día a día en Cuba, puede sufrir el acoso de las hordas castristas y esos vulgares “actos de repudio” que fácilmente acaban en agresiones físicas. Aun así, Yoani no se ha dejado contaminar por el virus que inocula el totalitarismo. Si el mundo está lleno de trabas y de pequeñas miserias, que sean ellas las que la frenen. Yoani se ha propuesto no caer en la rutina de la imposibilidad ni en la apatía, mal que frustra de antemano cualquier intento por cambiar las cosas.

Así ha empezado su intervención en la Casa de América de Madrid, en la gira por varios países que finalmente, después de veinte intentos fallidos, ha logrado emprender. Su intención al dirigirse al público extranjero y a los exiliados cubanos no es agitar sentimientos anticastristas. Lo que pretende es desmontar los mitos que ha fabricado el oficialismo para justificar su dictadura, dividir a los cubanos y proyectarse ante el mundo como víctimas del imperio estadounidense. El primero de estos mitos es la supuesta idoneidad de la educación y la salud en Cuba. En hospitales donde faltan termómetros, hilos de sutura y hasta almohadas, la calidad del servicio está lejos de ser esa maravilla que predica el régimen; y un sistema educativo en el que existe la censura, destinado a que la población crea en la mitología revolucionaria y se pliegue infantilmente a la palabra del líder, no fomenta el librepensamiento. Pero eso no es lo fundamental. Supongamos que sí, dice Yoani, supongamos que en efecto la salud y la educación en Cuba son las mejores del mundo. ¿Justifica eso la sumisión y la falta de libertad? ¿La gente debe dejar de pensar y de expresarse libremente a cambio de hospitales y colegios? Para Yoani, ese chantaje es inaceptable.

Otro mito que desmonta es el de que hay dos Cubas, una en La Habana y la otra en Miami. Para Yoani sólo hay una Cuba, y prueba de ello es que muchos isleños sobreviven gracias a la remesas de los cubanos del exilio. Ha sido el Gobierno, con sus soflamas e insultos, el que se ha propuesto partir en dos a la población e inventar un lobo feroz. ¿Hay divisiones y opiniones encontradas entre los opositores? Desde luego, dice Yoani, es imposible que no las haya, porque nosotros, a diferencia del oficialismo, somos demócratas, y los demócratas sostienen ideas distintas que no tienen por qué concordar. Es así, con la pluralidad de perspectivas, que se construyen las democracias y se forja esa cualidad que es la tolerancia. Si la oposición está dividida, pues en buena hora. Así debe seguir. Ese no es el problema. El problema es que Cuba lleva más de 50 años oyendo una sola voz.

 

* Carlos Granés

 

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