Por: Mario Fernando Prado

Yuri Buenaventura

LA SALSA TRAQUETA Y MERCANTIlista. La salsa como expresión mafiosa.

La salsa ejercicio bailada por muñecos de cuerda con cara de holliday on ice. La salsa monocorde y estridente. La salsa compuesta a las patadas para completar las pistas de un CD. Esa salsa mediática y de nuevos ricos, no es la salsa de Yuri Buenaventura.

La de él es otra cosa y por esa razón es que es el mejor exponente de un género musical que nace en el Pacífico, llega a Cali y de aquí se va por el mundo.

Y es allí, en el bello puerto del mar, en donde nace Yuri Bedoya, del hogar de un letrado seminarista jesuita y una monja palmirana que obtienen una dispensa papal para ser marido y mujer.

El infante hijo de esta pareja dentro de su casa vive un ambiente de cultura y fuera de ella padece el caos común denominador de su pueblo.

Y con ese bagaje y semejante paradoja se va para París a estudiar economía, pero para mantenerse toca el bongó en el metro de la Ciudad Luz. En esas está cuando conoce a un músico que le cambia la vida y que lo lleva a trabajar en una orquesta en donde descuella como cantante y se catapulta convirtiéndose en el artista más cotizado de la salsa latina en toda Europa.

Yuri aprende el francés y vende millones de copias de la canción Ne me quitte pas, la cual arregla para su ritmo bonaverense. Sus presentaciones son multitudinarias y es hoy por hoy el ícono musical latino en el país galo.

Este artista es por estos días la figura central del Festival Internacional de la Salsa que se celebra en Cali y con nostalgia del olor de la guayaba —o del borojó y el chontaduro— se le ve con ganas de regresar a su tierra, que no cesa de aclamarlo.

Incontaminado por los dineros fáciles y los vicios mundanos, Yuri es el hijo pródigo de Buenaventura, de donde tomó su apellido artístico; y aunque en Francia están sus fans más preciados, sus actuaciones y la fuente de sus mayores ingresos, la tierra “lo jala” irremediablemente y está en la encrucijada de seguir triunfando allá o quedarse en su terruño para devolverle con su talento y talante todo lo que recibió.

Allá triunfa, pero acá lo necesitamos. ¿Qué ganará?

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Mario Fernando Prado

¿Más de lo mismo?

“Martillo”, íntegro e integral

Buenaventura a la deriva

El papel de Angelino

Una agroindustria en peligro