Por: Columnista invitado

Z(agueros) y gole(adore)s

Las verdades del área son rectas de dudosa geometría, como ardientes amores de ficción en manos de un penalti. Por eso saben mucho de la felicidad y la belleza: Luis García Montero.

Desde que hay fútbol hay agüeros, porque los resultados se han hecho depender más de los fenómenos extraordinarios que de las propias capacidades individuales y colectivas. En un mundo sincrético, pero, paradójicamente, racional, lógico y resultadista, quien ingresa a una cancha (potrero, pantano, cemento, gramilla, sintética) entra con la convicción de que hay que pedir ayudas sobrehumanas para entender ese juego ilógico, irracional y azaroso. Hay rituales y prácticas como pisar la grama con el pie derecho, echarse la bendición antes de entrar a la cancha, llevar una estampita en la camiseta, prender una veladora en el camerino, rezar un Padrenuestro. Lev Yashin, por ejemplo, jamás jugó con un color distinto al negro, de allí su epíteto de ‘La araña negra’, y Arconada siempre jugó con medias blancas. Hugo Sánchez no chutaba el balón con dirección a la portería en los entrenamientos. Los arqueros, además de su destino solitario e incomprendido, tienen múltiples prácticas, como señalar puntos estratégicos con algodones, pisar la grama para demarcar líneas y puntos, llevar medallas y escapularios dentro de las medias. Algunos z(agüeros) asisten a lugares de peregrinación, se hacen tatuajes con figuras de santos y vírgenes. Siempre se sortea la cancha con una moneda (cara o sello), se escoge un arco, el mismo, porque allí se han hecho los mejores goles. Otros acuden a creencias más populares como no tener relaciones sexuales o salir con la bendición de la madre. Uno de los agüeros más curiosos es el de Laurent Blanc cuando Francia salió campeona en el mundial de 1998. El jugador besaba la calva de su compañero Barthez antes de cada partido. Algunos técnicos preguntan seriamente por el signo zodiacal de los jugadores antes de contratarlos. En Colombia se recuerda la llamada Maldición del Garabato, epíteto de Benjamín Urrea Monsalve, quien maldijo al equipo y juró que América de Cali no quedaría campeón. Hechizo que se rompió en 1979. Además, se dice que los más expertos en trucos y artimañas fueron Bilardo, Zubeldía y Helenio Herrera. Nicolás de Cusa escribió en 1463 que Dios es redondo porque el balón es el símbolo de la divinidad y de la perfección matemática. A pesar de ello, en 1942, el Dínamo de Kiev derrotó a una selección de Hitler, aunque ya les habían dicho que si ganaban morían. Los mataron con la camiseta puesta, entraron a la cancha con el único amuleto con el que se entra a jugar hasta en una recocha: ganar. Ganar porque es lo más honesto, es decir, lo más mágico.

*Juan Carlos Rodas Montoya

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