Por: Oscar Guardiola-Rivera

Zizek y Latinoamérica

Según la revista Prospect, Slavoj Zizek es uno de los diez pensadores más influyentes del mundo.

Algunos lo consideran “el filósofo más peligroso de Occidente”. Otros, como el escritor inglés John Gray, aprecian su capacidad “para ilustrar como pocos las contradicciones del capitalismo actual”. Si el objeto de la crítica es elevar la capacidad de interpretar los hechos, dar lugar a las controversias y formarnos como público antes que informarnos, Zizek la ejemplifica. En días pasados critiqué unas declaraciones suyas en las que parecía desdecir de los “populismos” radicales en Europa y Latinoamérica. Su respuesta puede leerse en el diario Público de España.

“Si bien es cierto que la Revolución Bolivariana en Venezuela puede ser objeto de críticas —dice Zizek—, no deberíamos olvidar que también ha sido víctima de una campaña contrarrevolucionaria… en especial de una larga guerra económica”. Apunta que la táctica es copiada de la que usaron Kissinger y Nixon con éxito (no para el pueblo chileno) en los setenta. Analiza las recientes declaraciones del exsecretario estadounidense Lawrence Eagleburger a Fox News.

Según éste, “si en algún momento la economía comienza a ir mal, la popularidad de Chávez comenzaría a decrecer. Estas son las armas que tenemos contra él... las herramientas económicas para hacer que la economía venezolana empeore, de manera que (su) influencia en el país y la región se vaya a pique… lo que podamos hacer para que la economía venezolana se encuentre en una situación difícil está bien hecho; pero hay que hacerlo sin entrar en una confrontación directa”.

Observa Zizek que afirmaciones como esta revelan algo que avergüenza a los liberales y que los neoconservadores, opositores sólo en apariencia, proclaman: “no estamos tratando con fuerzas de mercado ciegas… Digamos por ejemplo, con los dueños de las tiendas… intentando obtener ganancias mayores mediante el acaparamiento u ofreciendo sus productos en mercados más favorables. Estrategias bien planificadas y muy sofisticadas”.

Es el caso en Venezuela y Grecia. “Enfrentamos hoy la enorme presión de lo que deberíamos llamar… ‘propaganda enemiga’ (cuyo objetivo) no es aniquilar la fuerza adversaria sino… asesinar cualquier esperanza”. Este tipo de propaganda busca convencernos de que este es el mejor de los mundos posibles o el menos malo. Y que intentar cambiarlo sólo empeoraría las cosas. Concluye Zizek, “todas las formas de resistencia” Syriza, Podemos y los progresistas latinoamericanos, “deben contar con nuestro más firme apoyo”.

 

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