Por: Luis Carvajal Basto

¿Zuluaga será Uribe?

En unas presidenciales en que el debate estará centrado entre continuar en guerra o hacer la Paz, el reto más grande de la oposición Uribista no es desacreditar al presidente Santos sino conseguir que, en la mente de los electores, su candidato se parezca al ex presidente Uribe o, cuando menos, demuestre que le “obedece”.

Si una teoría del elector racional, en que este evalúa fríamente “costos y beneficios” de las diferentes opciones, definiera las próximas presidenciales, sería  fácil decir que en una segunda vuelta el presidente Santos será reelegido. Al final, el asunto sería (dicen hoy las encuestas) entre los amigos de la Paz, encabezados por él y los amigos de ganarla por demolición o “tierra arrasada” liderados por Zuluaga. Sencillo: ¿Paz o guerra?

Pero en nuestra realidad política de hoy, las cosas pueden escapar a esa simple dicotomía.

Para el presidente candidato pueden parecer sencillas y la fórmula podría ser algo como esto: Reelección =  respaldo parlamentario de sectores de la coalición + éxito en el proceso de Paz + exhibición de logros del gobierno + conformación de una alianza por la Paz con los sectores amigos de ella que pierdan en la primera vuelta.

Para el candidato Zuluaga, pueden ser aún más expeditas: su elección  dependería “solamente” de lograr identificarse con su mentor quien marca 73% de favorabilidad en las encuestas. Conseguir ese endoso. No necesitaría ayudar a crear el estereotipo de “traidor” para el presidente Santos, por no pensar como hace cuatro años (Si Pastrana y Uribe tuvieran inteligencia política dirían: el primero que fue pionero de la Paz y el otro que él sentó a la mesa a las FARC, trinó la semana anterior el ex presidente Samper), ni remarcarle, de manera subliminal o abierta, errores de su gobierno que podrían imputarse a administraciones anteriores, como el fallo de La Haya.

Su primera aparición ante el gran público, al responder al anuncio de la reelección, parece obedecer a la primera estrategia al aparecer como un candidato “ventrílocuo” que leía, o recitaba, en vivo y en directo, un discurso que alguien le escribió. ¿Sería el mismo Uribe? , pensó buena parte de la teleaudiencia. Lo cierto es que no se salió del libreto al cual dirigía su mirada para levantarla, momentáneamente, y mirar hacia las cámaras tratando de sonreír. ¿Así será toda la campaña o en una eventual presidencia?  Pensaba otra parte de los tele-videntes.

La campaña apenas arranca y hace falta una cadena  casi impredecible de hechos políticos que, al final, inclinarán la balanza. Hacen parte de ella los siguientes:1) el resultado de las elecciones parlamentarias y su impacto en el ánimo de los electores.2) La eventual conformación de una coalición de los demás sectores en competencia antes de la primera vuelta.3) Los errores o aciertos de los candidatos ante la exposición mediática, incluido un presidente que tendrá que conseguir un balance positivo entre el desgaste y logros de su gestión, con Ley de garantías de por medio.4) el énfasis que consiga Santos en un discurso Social y por la Paz que inquieta a sectores importantes de opinión que hoy le apoyan ,en contraste con el  de austeridad que promueve Zuluaga. A eso se puede reducir el debate programático en la campaña  5) El límite legal para completar la baraja de candidatos que vence el 7 y 14 de marzo. Hasta esa fecha, por ejemplo, podría inscribir su candidatura Vargas Lleras quien no está inhabilitado. De allí se desprende la 6) ¿Entre hoy y el 14 de marzo cómo le irá al presidente en las encuestas?

Como se puede ver, falta  poco tiempo pero variados e importantes hechos políticos por suceder para que elijamos presidente. Hoy por hoy, sin embargo, uno muy importante que debemos conocer es si logrará Zuluaga conseguir la favorabilidad que tiene el ex presidente Uribe en las encuestas, para lo cual debe antes resolver la compleja disyuntiva entre intentar ser como él o, simplemente, hacer lo que le dice.

@herejesyluis

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