El divino feo tras la fea divina

Ya está en las salas de cine nacional la película francesa dirigida por Pascal Chaumeil, en la que participa Vanessa Paradis.

Guardadas las proporciones —¡y qué proporciones!—, Romain Duris recuerda con su quijada prognata y rasposa la belleza salvaje de Jean-Paul Belmondo. Neurótico en L’homme qui voulait vivre sa vie (Lartigau, 2010), delicado y angustioso como el enfermo que se despide lentamente del mundo en París (Klapisch, 2008), Duris se transformó en L’arnacoeur (El rompecorazones, Chaumeil, 2010) en un galán que se acerca, como si cazara a una criatura mítica, hacia el atractivo sensual que enfatizan los dientes separados de Vanessa Paradis cuando habla con él.

La ópera prima de Chaumeil enseña a Duris como un atleta amoroso, sumergiéndose en el melodrama de una historia donde los equívocos contribuyen al humor y a la puesta en escena de una comedia que parodia en clave francesa el encanto de las cabalgatas delirantes protagonizadas por parejas míticas de Hollywood: Cary Grant y Katharine Hepburn en Bringing Up Baby (Hawks, 1938); Humphrey Bogart y Audrey Hepburn en Sabrina (Wilder, 1954).

Le preguntamos a Monsieur Duris en un jardín de la Rue Henner, donde la compañía Unifrance tiene en París una casa que sería ideal para un crimen a la manera de los que se cometen en las películas de Chabrol, qué tanto le exigió pasar del registro dramático al cómico en El rompecorazones.

“La dificultad de hacer una comedia está en no exagerar, en evitar la facilidad y no obligarse a ser divertido. En privilegiar la humanidad de los personajes y su romanticismo. El guión de la película sugería desde un principio una comedia pura. Pero Vanessa y yo queríamos desarrollar mucho más la intriga amorosa, pues a mí me gusta que en la comedia romántica haya lugar para la sensibilidad y el lado real del ser humano. Esto no quiere decir que el actor tenga que hacernos reír para que la película sea un éxito comercial. Me parece que es peligroso. Así que Pascal Chaumeil reunió, de una manera muy inteligente, a un reparto que se pudiera entender entre sí”.

A Duris y Paradis los acompaña otra pareja de comediantes, Julie Ferrier (Mélanie) y François Damiens (Marc), al servicio de la evolución cómica y sentimental que decide la persecución del divino feo (Duris) tras la fea divina (Paradis).

“El reparto es importante. Y Chaumeil no se equivocó. El humor y la atmósfera de la película fueron propicios para improvisar. Al fin y al cabo, una película dramática no es tan distinta de una cómica. Es peor cuando se trabaja únicamente en películas que tienen el mismo tono. Sin embargo, aunque me tomó algún tiempo aceptar el guión, lo hice porque estaba Vanessa Paradis y porque desde hacía mucho tiempo quería filmar con ella. Además, el director tuvo una actitud muy abierta, lo que me ayudó a no encasillarme como un objeto comercial”.

Aún así, ¿no cree que es posible descubrir ritmos que diferencian al drama de la comedia, contribuyendo a que una comedia romántica como esta tenga una suerte especial con el público?

“Quizás la liviandad del ritmo, su rapidez, la actuación, el suspenso, la emoción, ¡el amor!, ayudaron en la taquilla. Cuando se hace una película, no creo que un actor tenga que tomar distancia ante sí mismo y mirarse como el público lo ve. Lo único que me interesa en cada proyecto es ser alguien nuevo”.

¿Por ejemplo, pasar de una película como ‘París’ a otra como ‘El rompecorazones’?

“El cine francés necesita el drama y la comedia, y de esta última hay muchos intentos, pero son pocos los que logran el éxito. De hecho, en esta película hay una gran influencia de directores como Wilder o Hawks. Por eso me gustó que durante el rodaje cada cual diera sus ideas para transformar el guión y actuar libremente. No fue fácil comprender los gustos de Chaumeil, pero cuando entendí su tratamiento del humor, evitando la vulgaridad, mis temores se atenuaron”.

¿Un guión estimulante para un actor que, como a usted, le gustan los papeles exigentes a un nivel físico?

“Sí. Me interesan los guiones novedosos, profundos, que me permitan tener la sensación mágica, infantil, que supone leerlos y actuarlos. Cuando esto sucede, y sé que hay un personaje emocionante, lo hago. Aún así, el cine no cambia de una manera esencial mi vida”.

Antes de terminar la entrevista, Romain Duris se acaricia la barbilla con una mano en la que brillan varios anillos. La evocación de Belmondo, que ha recorrido tantas veces las calles de la ciudad, se confirma cuando el actor confiesa la influencia en su trabajo de otros actores míticos: Michel Simon, Jean Gabin, Belmondo. Su herencia es notable y se prolonga en El rompecorazones: una comedia francesa al estilo norteamericano de los equívocos amorosos en términos cinematográficos.