“Prometí que lo que me pasó a mí no les pasaría a los demás”: Carlos González Puche

El exfutbolista, abogado y directivo de la Asociación Colombiana de Futbolistas Profesionales (Acolfutpro) habla de la situación que califica como injusticia laboral y violación de derechos fundamentales de los jugadores de los clubes deportivos del país. Mañana se definirá si más de mil afiliados inician huelga después de una reunión en el Ministerio de Trabajo, mientras los dirigentes de la Federación y la Dimayor no parecen tener el menor interés en dialogar con los asociados.

“Los directivos se niegan a reconocer a Acolfutpro como el interlocutor válido de los jugadores”. González Puche. / Cristian Garavito

Constituir un sindicato o una asociación para defender derechos laborales puede ser visto en Colombia como una actividad sospechosa. ¿Cómo crearon ustedes Acolfutpro en un país tan reactivo a la protesta?

El comienzo fue muy difícil, porque la informalidad era absoluta: clubes constituidos como asociaciones sin ánimo de lucro, algunos de ellos controlados por personas y con dineros de dudosa reputación; y unos futbolistas temerosos que desconocían sus derechos y los reglamentos que regulan su actividad. Fue necesario trabajar muy duro para generar precedentes. El primer caso emblemático fue el del arquero Juan Carlos Henao: el Once Caldas, campeón de la Copa Libertadores, irresponsablemente les hacía contratos a los futbolistas hasta cuando jugara el torneo local. Cuando el equipo fue eliminado dio por terminado su contrato. Ya sin ese vínculo, Henao jugó la final de la Copa Libertadores. Después lo llamó el club Santos de Brasil. Pudo firmar con ese club porque nuestra asociación lo apoyó.

¿Por qué necesitaba apoyo?

Porque los clubes se reservan la facultad de decidir el futuro profesional de los jugadores. Pero la Corte Constitucional había sentenciado, en 1997, que si no existe contrato vigente, el jugador es libre de negociar con el club que desee. No obstante, en 1998 tuve que presentar unas tutelas porque el Deportivo Independiente Medellín no les permitía a sus jugadores buscar otros contratos, pese a que hacía seis meses no les pagaba. En esa ocasión, con la Sentencia de tutela T/302 de 1998, se materializaron los derechos al trabajo de León Atehortúa, Héctor Mario Botero, Álex Fernández y Miller Durán.

El nivel de reclamos entre los futbolistas es muy bajo en estos años. ¿A qué se debe?

En un artículo del antiguo Estatuto del Jugador, hecho por la Dimayor, se estipulaba que el jugador que demandara quedaba inhabilitado para ejercer la profesión hasta cuando hubiera decisión judicial. Podían pasar años...

¿Quién dirigía la Dimayor en ese momento?

El exministro Jaime Castro (hoy embajador residente en París).

Supongo que ese estatuto no está vigente: el mundo civilizado no admite formas de esclavitud laboral...

El estatuto se modificó con normas FIFA a partir de 2005. Se eliminaron unas reglas abusivas y subsisten otras. Hubo un ajuste, pero fue insuficiente.

Aparte del derecho al trabajo, ¿cuáles otros se les han negado a los futbolistas?

Varios fundamentales. Por ejemplo, el jugador que sea transferido, en Colombia, a otro equipo solo puede percibir el 8 % de los beneficios económicos de la transferencia, mientras que en Argentina es del 15 %. Pedimos aumentar la participación de los nuestros.

¿Es verdad que ustedes fueron amenazados de muerte, en algún momento, por su actividad a favor de los jugadores que fue interpretada como guerra contra los clubes y la Dimayor?

Sí. Las amenazas surgieron después de que la OIT nos diera la razón (en la queja #2481, en 2007) para actuar como representantes legítimos de los futbolistas en Colombia y los clubes fueron sancionados por incumplir con sus obligaciones laborales. Estos se quejaron de que los estábamos exponiendo en foros internacionales. Entonces nos llegaron amenazas de muerte a mí y a Luis García. Y supimos que habían pagado para que nos asesinaran.

¿Quiénes? ¿Los dueños de los clubes?

No puedo afirmarlo, pero una persona que conoció la orden de matarnos abogó por nosotros.

¿Hablamos de clanes del narcotráfico y del paramilitarismo cuando estos tenían acciones en algunos clubes?

Es una realidad innegable y el país la ha conocido suficientemente.

¿Cómo están recibiendo los dirigentes y dueños de los equipos, actualmente, las peticiones que están haciendo ustedes?

Los directivos se niegan a reconocer a Acolfutpro como el interlocutor válido que representa a los jugadores. Tampoco reconocen las conquistas que hemos conseguido a través de acciones y decisiones judiciales y administrativas. No existe ningún tipo de diálogo formal que permita que los futbolistas podamos participar en la toma de decisiones sobre los aspectos que tienen trascendencia en nuestra vida profesional. Esa es la razón por la cual no se han sentado a discutir las peticiones que hemos presentado desde el año 2005, cuando se generó el primer conflicto colectivo. Esa posición la mantienen.

¿Cuál es la situación laboral, hoy, de los y las futbolistas en Colombia?

En cuanto a los hombres, estos cuentan con garantías legales para ser futbolistas con contratos que reconocen el pago de sus salarios y su seguridad social integral. Las mujeres apenas están comenzando a ser consideradas profesionales. Hay otras situaciones que los afectan y cuya solución no está en manos de los clubes, sino en poder de la Federación y de la Dimayor, que son los que regulan la profesión. Estamos solicitando que nos permitan intervenir en las normas de nuestra actividad profesional. Es un derecho elemental.

¿Cuáles son sus peticiones a esas dos agremiaciones?

Solicitamos: poder participar en la elaboración del calendario de competencias profesionales y en la definición de los períodos de descanso y recuperación; en los horarios, intervalos y tiempo de descanso entre partidos; poder concertar el Estatuto del Jugador, el Código Disciplinario y la minuta obligatoria única de contrato de trabajo; concertar también el número de entradas para los partidos de los torneos locales y las selecciones Colombia; contar con pólizas complementarias de salud; tener participación sobre derechos de televisión; adoptar protocolos de las políticas contra la discriminación, acoso laboral y violencia de género. Y otros más.

¿No son muchas peticiones simultáneas? ¿No es estratégico solicitar las más importantes y dejar las otras para después?

Puede ser que estratégicamente sea mejor presentar menos peticiones, pero se presenta un pliego y luego vienen las conversaciones. Se trata de un proceso, pero si este no se inicia, ¿cómo se negocia con la contraparte?

¿Cuáles son los puntos de honor para ustedes, es decir, los que no cederían por ningún motivo?

Lo primero que tiene que ocurrir es sentarse. Ya constituida una mesa formal se definirían las prioridades.

¿Qué esperan de la reunión de mañana con el Ministerio de Trabajo?

Esperamos que la mediación del Ministerio y la OIT pueda ser productiva. Sin embargo, una carta enviada por el presidente de la Dimayor al viceministro de Trabajo no deja ninguna esperanza, porque su texto fue muy desobligante.

Para ustedes, ¿cuáles son los puntos que violan en mayor medida los derechos de los futbolistas?

Algunos puntos de los estatutos y reglamentos de la FIFA, la Federación y la Dimayor, que son obligatorios para los futbolistas como he sostenido, violan derechos fundamentales como cuando Johnny Ramírez recurrió a una tutela: la comisión disciplinaria le inició un proceso para impedirle volver a jugar y para suspenderlo un año de su actividad profesional con fundamento en el artículo 3 del Código Disciplinario de la Federación. Otro punto violatorio de derechos es que según los estatutos de la Dimayor (artículo 5, numeral 11), la Federación tiene la facultad de explotar los derechos colectivos de imagen de los futbolistas sin que ellos reciban ningún tipo de participación de esos recursos. Por eso en el pliego se incluye la participación en los derechos de televisión que usufructúan de manera exclusiva los clubes.

¿Los futbolistas tienen mínima voz o voto en alguna de las decisiones que toman la Federación y la Dimayor?

No tenemos ninguna participación o injerencia en las decisiones que adoptan los directivos con relación a todos los aspectos que tienen incidencia en nuestra actividad profesional. El cese de actividades fue votado como consecuencia de la negativa de las directivas a discutir las peticiones formuladas.

¿Es cierto que los futbolistas hombres y mujeres están siendo amedrentados por sus clubes si van al paro y eso desbarataría la protesta?

Las mujeres no, porque el torneo femenino ya terminó. A los hombres los han amenazado con despidos e inclusión en listas negras para no que sean contratados por otros clubes ni puedan ser parte de la selección. Existe la posibilidad de que la Dimayor les imponga sanciones deportivas y económicas, como el implacable juez en que se ha convertido.

Ante esta realidad, ¿qué harán? Parecen muy frágiles...

Es difícil tener unanimidad en casos como este, porque evidentemente hay abuso de posición dominante y los empleadores tienen capacidad de veto y de construcción de listas negras. Si, además, se considera que los empleadores de los futbolistas solo son 36 en el país, y que, además, controlan las selecciones, su poder se convierte en casi absoluto. Tanto, que ningún gobierno ni presidente de la República ha podido ponerlos en cintura. Ninguna autoridad política ejerce control sobre ellos.

¿Con cuáles dirigentes ha sido más difícil tratar sobre temas de derechos de los jugadores, antes y ahora?

La mayoría de los directivos se resisten a reconocernos, pero Luis Bedoya, hoy detenido en Estados Unidos, hizo imposible llegar a un diálogo. Con Jorge Perdomo, expresidente de la Dimayor, se estaba iniciando una relación constructiva aunque no formal. Hoy todavía no existe una relación institucional con la agremiación, aun cuando puedo comunicarme, personalmente, con los directivos cuando los busco.

La Dimayor sostiene que no contrata a los futbolistas, sino que los nexos de ellos se establecen con cada uno de los clubes, lo cual, en estricto sentido, es cierto. Y que por no ser la contratante no puede aceptar negociaciones. ¿Qué responde a esa posición?

Que es verdad que la Dimayor no contrata a los jugadores, pero también es cierto que ella es la que hace los reglamentos que regulan la profesión de los futbolistas y que estos están sometidos a esos reglamentos. Entonces, la subordinación es un hecho: los jugadores tienen que aceptar su cumplimiento. No es optativo. Además, hay unos derechos colectivos que son del resorte de la Federación y no de los clubes.

En esta problemática los futbolistas pueden ser víctimas, pero hay unas que tienen en grado superlativo, esa condición: las jugadoras. ¿Cuándo se interesaron por ellas?

Acolfutpro es una asociación de futbolistas profesionales. De todos modos, la Fifpro impartió instrucciones de contactar a las futbolistas así no fueran profesionales, como era el caso de las que hacían parte de la selección de Colombia, para empezar a apoyarlas. Pero el miedo, al igual que sucedía con los hombres, les impedía reclamar un trato justo y digno. En marzo de este año, a partir de las denuncias en las redes de Isabela Echeverry, Melisa Ortiz y Natalia Gaitán, pudimos ayudar a formalizar sus denuncias. De manera muy rápida se produjo un impacto mediático que permitió conocer su realidad y los obstáculos para ser reconocidas como profesionales. Los directivos se molestaron por la exposición a la que fueron sometidos y calificaron de injusto el repudio a sus actitudes frente al fútbol femenino.

Ellas han dicho que estuvieron abandonadas durante años. Pero cuando algunas tuvieron el valor de denunciar malos tratos, acoso laboral y sexual, y vetos para integrar la selección, empezaron a recibir apoyo público. Si ellas no exponen su situación en los medios ¿algo habría cambiado?

Si no hubieran hecho las denuncias, jamás se hubiera conocido esa realidad y nunca habrían obtenido el apoyo público que tienen ahora. El miedo a que las discriminaran y nos les permitieran jugar en la Selección, impidió que denunciaran mucho antes porque no existiendo el fútbol profesional femenino sino hasta el año 2017, la única opción para desarrollarse era se escogida para la Selección Colombia. Eso explica que la gran mayoría hubiera optado por buscar becas en las universidades de Estados Unidos.

¿Es cierto, como dice la leyenda, que usted fue el abogado que presentó una tutela para que se le permitiera a un niño de las escuelas de fútbol trasladarse a un club en donde tendría futuro profesional y que ese niño es, hoy, un famoso jugador? ¿Cómo es esa historia?

Es cierto. Preparé el escrito de tutela para defender el derecho fundamental al libre desarrollo de la personalidad de ese niño con el club aficionado en Ibagué, con el fin de que se le permitiera continuar su formación en el Envigado Fútbol Club. Cuando el fallo salió a favor del menor, este pudo trasladarse con su familia a continuar su preparación en el club antioqueño. Era James Rodríguez.

Usted siempre ha sido defensor de los derechos de los futbolistas. ¿Por qué ha dedicado su vida a esto?

Porque vengo de una familia donde me enseñaron a pelear por mis derechos. Un abuelo español republicano que llegó a Colombia huyendo de Franco y otro abuelo liberal huyendo con su familia de Montería, de la persecución conservadora, a Bogotá. Tuve que aprender que con convicción y trabajo se logra lo que uno quiere y, por eso, siendo futbolista, nunca dejé de estudiar derecho: sabía que el fútbol era pasajero y como fui sujeto de los abusos de los directivos, me prometí que lo que me pasó a mí cuando me impidieron jugar, intentaría que no les pasara a los demás.

El ultimátum del presidente Vélez, de la Dimayor

La carta que el presidente de la División Mayor del Fútbol Colombiano, Dimayor, Jorge Enrique Vélez, le dirigió al viceministro de Trabajo Carlos Alberto Baena esta semana, fue escrita en un tono retador y censurador. Vélez empieza por mencionar, un poco despectivamente, “una asociación de futbolistas” refiriéndose a Acolfutpro, siendo esta la única agrupación que reúne a más de mil jugadores, y en lo que parecería una señal de que las directivas de ese deporte no la reconocerán como su interlocutora en las reclamaciones contractuales que tienen sus asociados que estarían a punto de entrar  en huelga. Vélez continúa  calificando las declaraciones del viceministro Baena sobre la mediación del gobierno en el conflicto entre directivas y futbolistas, como “inquietantes” por “comprometer seriamente su imparcialidad de servidor público”. También le echa en cara al viceministro sus “·actuaciones (pasadas) como senador (que)... no han sido las más adecuadas” con relación al Deportes Quindío. Le exige que se declare impedido “no solo legal sino moralmente para tratar de mediar en la presente situación”. Y, finalmente, le advierte que “la entidad que represento no está dispuesta... a aceptar (su ) mediación”. Es un ultimátum.

Futbolistas asociados por primera vez en 2004

¿Cuándo y por qué se creó Acolfutpro?

Creamos la asociación en 2004 con Luis García y el apoyo de nuestro coordinador Gustavo Quijano y de los futbolistas de la Selección Colombia bajo el liderazgo de Iván Ramiro Córdoba, Mario Yepes y Juan Pablo Ángel con el objetivo de defender los derechos de los futbolistas de Colombia.

¿Cuál era la coyuntura?

Luis García estaba en el Santa Fe. Se le rompieron los meniscos y no tenía seguridad social. Su papá, que fue mi entrenador (el “chiqui” García) me busca para que presente la demanda que concluye con  la Sentencia de la Corte Constitucional C/320 de 1997  que le pone límites a las condiciones de los clubes deportivos que puedan resultar violatorias de los derechos de los futbolistas. Con Carlos Alberto Pandolfi viajamos a Buenos Aires y visitamos la Federación Internacional de Futbolistas Profesionales (FIFPro). Después escribimos los estatutos y Acolfutpro se constituye en Armenia, el 26 de marzo de 2004.

¿Cuántos agremiados empezaron y cuántos son ahora?

213 futbolistas fuimos fundadores. Hoy contamos más de 1400 afiliados incluyendo a las mujeres que luchan por un torneo profesional que les permita encontrar en el fútbol una posibilidad real de desarrollarse profesionalmente.

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Cecilia Orozco Tascón / Especial para El Espectador

Deportes

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