Aeronave cinco estrellas

El empresario Oscar Diös rescató un Boing 747 de ser convertido en chatarra, lo remodeló e hizo de él un curioso hospedaje a la salida del aeropuerto de Estocolmo.

El Jumbo Hostel tiene 25 habitaciones, 80 camas y una suite en la cabina de los pilotos. / Samuel Bietenholz - Flickr

El avión Boeing 747 estaba sentenciado a convertirse en chatarra. Después de 26 años de vuelos ininterrumpidos para Singapore Airlines, Pan Am y Transjet, le había llegado la hora de jubilarse. Sus propietarios debían enfrentarse a una competencia cada vez más férrea y la evolución vertiginosa de los nuevos modelos los obligaba a actualizarse para contar con tecnología de punta. Era inevitable echar al olvido el viejo aparato modelo 76.

Su suerte, sin embargo, cambió en 2006 cuando el empresario sueco Oscar Diös se encontró con la vetusta aeronave justo en el momento en que buscaba un lugar para abrir un hospedaje en los alrededores del aeropuerto de Arlanda, en Estocolmo (Suecia). Diös vio el Boeing y decidió convertirlo en un hostal.

Su idea fue tan innovadora que las autoridades del país no dudaron en darle la venia para que situara el avión en la entrada de la terminal aérea, que recibe más de 17 millones de viajeros cada año.

A principios de 2008 la aeronave inició su transformación: fue pintada de blanco y azul en la parte exterior, redecorada, despojada de las 450 sillas, adecuadas las 25 habitaciones con sus 85 camas e instalada una cafetería en el ala izquierda, así como una suite en la cabina de los pilotos. Así nació el Jumbo Hostel, el único avión cinco estrellas del mundo.

A pesar de su estatus, el principio de economía en el Boeing se mantiene incólume, por lo menos respecto a los demás albergues cercanos al aeropuerto de la ciudad. Además se ha convertido en un paso ineludible de turistas que visitan o hacen escala en Suecia.

Es una aeronave excepcional. Sus huéspedes no están obligados a abrocharse los cinturones, pueden tomar una siesta junto a los controles de la cabina de vuelo e incluso encender equipos electrónicos sin generar riesgo a bordo. “Tranquilo, nunca despegaremos”, reitera su tripulación. Pero, eso sí, que ni se les pase por la mente prender un cigarrillo. Es una vieja política que sigue vigente en su interior.