En busca de descanso

Panamá, un lugar donde las vacaciones hacen la diferencia.

Hacer turismo  con dos niñas de 20 meses y cuatro años puede ser una toda una aventura. Por lo general, los padres hacen turnos y terminan necesitando unas segundas vacaciones. Más duro aún para una mamá sola enfrentada a pañales, piscinas y playa, pero la decisión estaba tomada y aunque era un riesgo no había vuelta atrás: serían las primeras vacaciones de esta nueva familia: mamá y dos hijas. El destino, Panamá: mar, sol, piscinas y, de pronto, compras.

Es en este punto donde las decisiones se vuelven absolutamente estratégicas. Si con dos adultos a cargo es importante escoger cuidadosamente un lugar en donde todos se diviertan en vacaciones, con un solo adulto a cargo esta selección es de vida o muerte. Un hotel todo incluido con espíritu familiar es sin lugar a dudas la mejor opción.

Así llegamos al Breezes Resort, en la Costa Pacífica cerca de la región de Santa Clara. Un complejo hotelero de origen jamaiquino que tiene varios tipos de resorts siempre con el concepto de Super Inclusif (es decir, todo incluido en el precio: comidas, bebidas y actividades). Algunos son para mayores de 14 años (seguramente atendiendo la solicitud de parejas y personas que anhelan espacios, Children free —libres de niños—) y otros para familias. El Brezees de Panamá, que abrió sus puertas al público el pasado mes de agosto, es de corte familiar, y así se lo dejan saber a sus huéspedes desde el momento en que entran cargados de niños, maletas y cochecitos. No se trata sólo del botones que corre a ayudar, como debe esperarse en un hotel cinco estrellas, sino de la actitud y el trato de cada uno de los miembros del staff del hotel. Aquí los niños son huéspedes tan respetados y respetables como sus padres.

Los aviones y sus retrasos no entienden de niños pequeños cansados e hiperactivos en los aeropuertos. Las aerolíneas no tienen el concepto de Children friendly. Así que el retraso de cuatro horas nos dejó absolutamente destruidas a las niñas y a mí. Llegamos pasadas las dos de la mañana, tras un recorrido de hora y media, que es lo que el Resort dista del aeropuerto internacional Tocumen, y a duras penas alcanzamos a sentir el suave olor de las sábanas antes de caer rendidas. La habitación, una cómoda suite decorada con tonos pastel al estilo antillano, con dos cunas y una cama queen, nos guardaba una sorpresa para el día siguiente.

Al levantarnos descubrimos que el mar, con ese tono cenizo del Pacífico, estaba a pocos metros de nuestra terraza y lo mismo sucedía con las piscinas. Listas para la jornada de mar, fuimos a desayunar en un enorme restaurante que recibe a todos los huéspedes en la mañana, pero que en las noches sólo ve a algunos, pues con las opciones de cuatro restaurantes (El Taboga, que es tipo buffé; Martinos, de comida italiana; Munasan, japonés, y un snack bar junto a la piscina principal) las noches son un poco menos frecuentadas. En este punto debo aclarar que las opciones además de variadas, en términos de comida, no dejaban lugar a la decepción. Todas las comidas fueron más que aceptables, de gran calidad y sazón.

Después del apurado desayuno salimos corriendo para la playa, un ritual en los días que estuvimos. Allí algunos muchachos y parejas se dedicaban al windsurf o sólo a tomar el sol. Nosotras, siempre vigiladas por los salvavidas del hotel y atendidos por sus camareros, nos dedicamos a jugar en la arena y bañarnos hasta el cansancio.

En las tardes las tres piscinas del hotel nos daban la bienvenida. Ahí las personas del bar, siempre atentas a los niños (no sólo las mías) servían helados, jugos y cocteles para los padres sin parar. Una de las principales razones para que las vacaciones fueran un descanso para todos por igual es el club para niños. Ahí un equipo de personas calificadas se dedican a organizarles actividades al aire libre o manualidades. La paciencia y el gusto por atender a los pequeños hace que ellos se queden con gusto y el tema del idioma no dificulta las relaciones, porque el personal es totalmente bilingüe. Algunos días, mientras iba al gimnasio, las niñas se quedaban en el club. Ahí conocieron a dos niñas de su edad de Nueva Jersey. Después de varios días de hablar en un inglés inventado y de divertirse como locas, mi niña me dijo: “Las voy a extrañar”.

Con esto y con el apoyo del equipo del hotel, tuve tiempo para hacer ejercicio, ir a la peluquería, al gimnasio y tomar el sol con calma. También es posible jugar tenis, hacer windsurf y kayak. Honestamente, las compras no fueron ni una necesidad ni una prioridad en un ambiente tan acogedor que invitaba a quedarse todo el tiempo. Otros huéspedes decidieron hacer visitas a lugares cercanos, pero para cuatro días y niñas tan pequeñas, la playa y las piscinas fueron suficientes.

El paseo fue un éxito. Frases como  “mami, quiero subirme en un avión para Panamá” o “mamá, el mar”, lo confirman. Nunca hubiera pensado que una persona con espíritu aventurero considerara un hotel como destino, pero definitivamente el experimento funcionó, no tuve necesidad de unas vacaciones de las vacaciones; y es más, me aventuraría otra vez a pesar de los pasaportes, las esperas y los retrasos.

*Invitación de Breezes Resort.

Información www.breezes.com/resorts/breezes-panama.

Temas relacionados