Casa Dorada, el edén de Juan Gabriel

El Divo de Juárez, prolífico y versátil artista, construyó años antes de su muerte un paraíso en Cancún, México. Una pequeña y misteriosa propiedad en inmediaciones del hotel Generations Riviera Maya, con estudio de grabación incluido, en la que se cree se esconden secretos que permitirían ampliar su legado.

A unos 15 metros del hotel Generations, sobre la encantadora Riviera Maya, se encuentra una misteriosa casa estudio en la que Juan Gabriel compuso sus tres últimos discos. / Cortesía: Karisma Hotels

Una pequeña casa de vacaciones y un estudio de grabación se han convertido en un baluarte del que todos los mexicanos hablan cuando pasan por la avenida que de Cancún conduce a Tulum, en el punto más oriental de la península de Yucatán. El dueño era Juan Gabriel, proclamado por sus seguidores como el Divo de Juárez y a quien sus padres bautizaron Alberto Aguilera Valadez.

Casa Dorada fue como le puso a esta propiedad — una cabaña de unos 35 metros cuadrados y tres pisos, rodeada de un inmenso jardín custodiado por un cerramiento verde—, que empezó a idearse desde que la cadena Karisma sólo tenía en esas playas un hotel: Dorado Royale. De ahí el nombre que el versátil cantautor decidió ponerle a un edén en el que compuso, grabó, amó, descansó, bailó y dejó impresa su alma.

Quienes trabajan en sus alrededores se refieren al artista como el señor Aguilera, pues conocieron al ser humano detrás del elocuente e histriónico cantante de baladas, rancheras, boleros, folclor mexicano y hasta pop. Todo aquel que pasa por Casa Dorada se siente en otra parte, lejos del ambiente de vergel que acondiciona Karisma al conectar los tres hoteles que ha construido a lo largo de 16 años: Dorado Royale, en el 2000; Casitas Royale, en 2006, y la joya de la corona: Generations, en 2014.

La cerca que rodea aquella casa verde impide dimensionar la extensión real de esta propiedad que saltó a la fama con la muerte de Juan Gabriel, el pasado 28 de agosto. Los empleados de los hoteles y los viajeros han tratado de descubrir los secretos que esconde el lugar. La única certeza es que allí se grabaron sus últimas tres producciones discográficas.

Durante los recorridos en carritos de golf, el medio ideal para movilizarse por los espacios y la amplia oferta de diversión y descanso de los tres hoteles, justo cuando se pasa por el túnel con piedras de colores y referencias budistas se intensifican los rumores.

Según los conductores, Juan Gabriel invitó a una gran cantidad de artistas a su estudio. Dicen que hasta Juanes estuvo alguna vez en Noa Noa, una de sus célebres canciones y otro de los sobrenombres que recibe la propiedad, en la que seguramente destellaron miles de ideas para la música, muchas de las cuales tal vez ni se conozcan. Justamente ese es el otro motivo por el cual las medidas de seguridad se han vuelto cada vez más extremas. Se teme que canciones o colaboraciones inéditas se filtren.

Por ahora, no hay certeza de lo que pasará con la casa de Juan Gabriel, pues aún es un enigma cómo y entre quiénes serán divididas sus propiedades, además de sus regalías y los derechos sobre su música. A esto se suma que quedaron pendientes la edificación de un museo, un centro de espectáculos, una escuela infantil de música y un museo de la gastronomía mexicana.

Sin embargo, se conoció que la inversión para adelantar estos proyectos estará a cargo del grupo Lomas Travel, dueño de seis hoteles en México y con 33 años de experiencia operando en el Caribe mexicano. Dolores López, socia fundadora de la compañía, explicó al diario El Economista que “es una inversión más del grupo en Quintana Roo, específicamente en la Riviera Maya, y será un atractivo para los millones de turistas que nos visitan cada año”.

Por lo pronto, viajeros y locales han convertido el frente de la casa estudio en su lugar preferido para las infaltables selfis. Pero hay otro recuerdo del legado de Juan Gabriel que no muchos conocen y que despierta aún mayor curiosidad: una familia de cocodrilos que, dicen, donó al hotel Generations. Viven en un humedal separado de los jardines por una reja y difícilmente se dejan ver.

Lo cierto es que en medio de las historias que se han tejido alrededor de esta leyenda de la música y sus propiedades, este rincón de la Riviera Maya, que golpea una cálida brisa y cubre un cielo en distintos tonos de azules que se funden en el mar, es un paraíso para el descanso. Una oportunidad para descubrir el encanto de unas tierras en las que el Divo de Juárez se inspiró.

* Invitación Karisma Hotels.

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