El primer vuelo de VivaColombia a Miami

En el mundo ya son muchas las aerolíneas de bajo costo, a nivel nacional solo opera VivaColombia y con ella hemos aprendido que es cuestión de leer la letra pequeña para evitar inconvenientes.

Por ejemplo, no hacer el web check-in puede costar $25.000, que es lo que cobra la aerolínea por imprimir el pasabordo en el aeropuerto; exceder los seis kilos en la maleta se traduce en tener que pagar entre $26.000 y $46.000 dependiendo de si se hace en el aeropuerto o por internet, y elegir la silla es un servicio adicional que puede comprarse así como el refrigerio en la cabina.

El pasado 16 de diciembre viajé por segunda vez con VivaColombia en el vuelo inaugural de la ruta Bogotá – Miami – Bogotá junto a un grupo de periodistas. De ida todo fue perfecto, pero el regreso se convirtió en una odisea. El programa indicaba que estaríamos en Bogotá hacia las 3:00 p.m. del viernes 18 y terminamos aterrizando a la 1:00 a.m. del sábado.

El primer inconveniente fue justo a la hora de iniciar el vuelo: no se tenía la autorización de Cuba para sobrevolar la isla, así que tuvimos que esperar cerca de una hora en la pista. Después nos informaron que el combustible no era suficiente, por lo que tuvimos que retornar al muelle de abordaje.

En un primer momento nos dijeron que podíamos permanecer en el avión durante el proceso, diez minutos después la noticia era que obviamente debíamos desembarcar porque estaba prohibido tanquear con pasajeros a bordo.

Una vez en la sala y en medio de la inconformidad de los viajeros, la aerolínea informó que la espera se alargaría: a la tripulación se le había vencido el tiempo de servicio y tocaba esperar a que llegara reemplazo desde Medellín. En total fueron más de ocho horas de espera en el aeropuerto de Miami.

Algunas personas decidieron relajarse tomándose unos tragos, mientras otras anhelaban el despegue, que no fue tan sencillo. Tocó esperar a que los pasajeros entregaran las botellas de licor, a que se hicieran las últimas revisiones y sacaran de la bodega el equipaje de un viajero que no llegó. El vuelo partió en medio de palabras de angustia, frases chistosas y coros de villancicos de quienes contentos y algo prendidos ya celebraban la Navidad.