Hilo, un paraíso para los sentidos

La naturaleza y la historia confluyen de forma espectacular en este exótico paraje, en donde se admiran ríos de lava ardiente y se camina por una frondosa selva.

A simple vista, Hilo, la ciudad más importante de la isla de Hawái, poblada por un poco más de 43.000 habitantes y reconocida como un destino universitario y epicentro de celebraciones como el Festival Merry Monarch, parece una urbe perfecta: tranquila, colorida, tropical, asombrosa, cálida y llena de vida. Pero cuando se descubre a profundidad, supera las expectativas.

Hilo no es solo playa, a pesar de ser uno de sus atractivos por estar cubierta de lava negra, historia y deportistas. También sorprende con bosques, selvas, grandes jardines y cascadas espectaculares. Características que llaman la atención de cualquier viajero, a pesar de ser catalogada como la zona más húmeda de los Estados Unidos.

La economía gira en torno al turismo, por lo que es común encontrar una gran variedad de restaurantes, hoteles o apartamentos para alquilar, así como actividades y planes para todos los gustos. Quienes prefieren lo histórico y cultural pueden empezar su recorrido visitando la Avenida Kamehameha, la más importante de la ciudad y en donde se encuentra el teatro del palacio neoclásico construido en 1925 y el conocido mercado de los granjeros.

En el centro, importantes galerías de arte y el East Hawaii Cultural Center se convierten en un punto neurálgico del arte de Hilo y en escenarios para preservar y dar a conocer las artes culturales de la isla.

Museos como el de Tsunamis del Pacífico, que hace un recuento de los desastres naturales de la ciudad entre 1946 y 1960, que finalmente obligaron a Hilo a correrse hacia el interior de Hawái; o la casa-museo Lyman Mission, que cuenta la historia de los misioneros estadounidenses que llegaron a la isla, integran el recorrido, en el que no puede faltar el Discovery Center Mokupapapa de las ciencias naturales.

Para quienes buscan adrenalina y diversión, la ciudad les ofrece el zoológico de Panaewa, el único de Estados Unidos que se encuentra dentro de una selva tropical, así como las montañas Mauna Kea y Mauna Loa, cubiertas de nieve y con observatorios a unos 3.300 metros de altura, y el paseo a la caldera Kilauea, un volcán activo.

Otras alternativas son hacer esnórquel en las piscinas de agua fresca en la playa Leleiwi o transitar por el camino Banyan, una calle rodeada de árboles plantados por figuras históricas como Franklin D. Roosevelt y Amelia Earhardt.

Las riquezas naturales de este destino resultan tan extraordinarias que cuenta con una de las cataratas más importantes de Hawái, llamada Akaka Falls, a 130 metros de altura, ubicada a 20 kilómetros de Hilo en un parque natural donde abundan la vegetación exuberante, los helechos y todo tipo de plantas tropicales gigantes.

El Liliuokalani Gardens, un hermoso jardín japonés, es otro de los atractivos que hay que conocer. Mientras se camina, se respira un ambiente tranquilo y relajante, con decenas de árboles, flores y exóticas plantas. Pero en Hilo no necesariamente todo es grande, su encanto también radica en pequeños detalles como la carretera Chain Of Craters Road, de 29 kilómetros, en el Parque Nacional de los Volcanes, que fue cortada por una de las erupciones. La primera parte discurre por entre un frondoso bosque, mientras que la última fluye en un campo de lava. Al final del recorrido se puede dejar parqueado el carro y caminar sobre la lava solidificada.

Lo mismo sucede con el Hilo Farmers Market, el mercado más famoso de Isla Grande. Aquí se consiguen frutas tropicales como lychee, coco, piña y durian. También hay verduras, manualidades, comidas típicas de Hawái, ropa, bisutería y souvenirs.

Una muestra de que en Hilo la única preocupación es estar tranquilo en medio de la brisa cálida, el agua azul turquesa, imponentes paisajes y la cotidianidad de una ciudad en la que nadie tiene prisa. Desde Bogotá salen vuelos directos que duran cerca de doce horas.

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