La isla de la belleza

Una montaña en el mar, casas en el borde de un acantilado y rocas esculpidas por el viento hacen parte de su magia.

La localidad de Bonifacio es uno de los lugares más bellos de la isla. Está ubicada en lo alto de una colina rocosa esculpida por el viento. / iStock

Córcega es la isla más pequeña del Mediterráneo occidental, una montaña en el mar con cumbres que superan los 2.000 metros de altura, un mosaico de paisajes naturales infinitos y un paraíso virgen declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Para los griegos, un lugar sublime, y para los franceses, una isla de belleza.

Está ubicada 200 km al sureste de la Costa Azul, a 170 km de Niza y a 80 km de las costas de Italia. Se divide en dos departamentos: la Alta Córcega y la Córcega del Sur; el primero y menos turístico se esconde entre montañas, playas, pueblos y ciudades pintorescas que le dan un toque más auténtico. Allí está situada Bastia, la capital económica de la isla, una ciudad antigua llena de encanto que sobresale por su arquitectura genovesa, el puerto viejo y las iglesias barrocas.

A unos pocos pasos se encuentra el Cabo Norte Corso, una parada imperdible para quienes quieran captar la imagen de la montaña en el mar. Una península llena de torres que fueron construidas para protegerse de las incursiones bárbaras y una sucesión de bellos pueblos pesqueros por los que no ha pasado el tiempo.

El segundo cuenta con la localidad de Bonifacio, una de las ciudades más bellas del lugar por estar en lo alto de una colina rocosa esculpida por el viento; sus casas colocadas al borde del acantilado y la pureza de su entorno hacen de este espacio una obra de arte. En este departamento se encuentra Ajaccio, la capital de Córcega, lugar donde nació Napoleón Bonaparte.

Pero, más allá de su naturaleza exuberante, sus aguas cristalinas, su abundante vegetación y sus impresionantes líneas de costa, la isla menos conocida del Mediterráneo llama la atención de los turistas por la variedad de planes que ofrece. Quienes prefieren disfrutar de los paisajes y de la inmensa riqueza natural pueden emprender una de las múltiples rutas de senderismo. Entre ellas la famosa GR20, que cruza la isla de noroeste a sureste, recorriendo el corazón del Parque Natural, y posee 15 etapas, entre ellas la ruta de un mar a otro, de oeste a este; o la ruta entre mar y montaña, de norte a sur.

Por su parte, los amantes de los deportes náuticos pueden gozar de aguas termales, grandes cascadas, piscinas naturales, ríos y lagos de montaña. Kayak, motos acuáticas, esquí náutico, pesca submarina, windsurf y surf son solo algunas de las posibilidades. Uno de los encuentros deportivos que se disputan en la Isla de la Belleza es el Rally de Córcega, competencia que se organiza desde 1956.

Las manifestaciones culturales son otro de los campos por descubrir en este destino: festivales de música, cine, canto y danza mandan la parada en cada ciudad. Así como la artesanía y la gastronomía, pues esta tierra también es reconocida por fabricar navajas, aceites esenciales, vinos y productos de charcutería como salchichas, jamones y quesos. Incluso, a Córcega se puede ir solo para hacer turismo gastronómico o vinícola, pues a lo largo y ancho de la isla hay una especie de granjas-albergues en los que pueden alojarse y degustar las grandes especialidades de la gastronomía corsa. Y por supuesto, restaurantes y tabernas tradicionales donde se pueden saborear los platos más exquisitos de esta cocina.

En cuanto a hospedajes, hay un amplio abanico de alternativas, desde hoteles lujosos hasta casas rurales y hostales, todo depende de los gustos y preferencias. Finalmente todo pasa a un segundo plano cuando se está en una de las más bellas islas del Mediterráneo.