Naturaleza para los sentidos

Por ser ejemplo ecoturístico, el Santuario de Flora y Fauna Otún Quimbaya fue elegido entre los 100 lugares más sostenibles del mundo por la organización Green Destinations.

Muy cerca del Santuario se encuentra el lago del Otún, una de las maravillas del Parque Nacional Natural Los Nevados. / Flickr: Óscar Eduardo Blandón

Treinta expertos internacionales estudiaron aquellos rincones del mundo que han logrado conjugar la naturaleza, la cultura y la tradición con iniciativas exitosas de turismo sostenible. Lugares que sin importar su tamaño se han convertido en verdaderos ejemplos de conservación y desarrollo. En Colombia, en el corazón de Risaralda, un terreno casi sagrado que se funde con la selva subandina y las aguas del río Otún, fue elegido como uno de los 100 destinos más sostenibles del planeta. Se trata del Santuario de Flora y Fauna Otún Quimbaya, uno de los parajes más fascinantes del departamento para conectarse con la biodiversidad.

Cerca de 489 hectáreas se cubren a diario de niebla y esconden un paraíso de palmas de cera, robles y pinos que abren paso a tres senderos donde los turistas tienen la posibilidad de apreciar desde muy cerca una gran variedad de aves como la pava caucana, el toro de monte, el carriquí y la soledad de montaña, y mamíferos como el mono aullador rojizo y el guatín, en vía de extinción. Además de su diversa topografía, el parque es dueño de importantes especies de flora boscosas dentro de las que se destacan las bromelias y las orquídeas.

El reconocimiento del santuario como destino sostenible va más allá de su riqueza natural. Jaime López, representante de la Asociación Yarumo Blanco, administradores del servicio ecoturístico del parque, explica que de la mano de la tierra las comunidades locales han encontrado un camino para su desarrollo. “A través del ecoturismo logramos una reconversión del campesino tradicional que caza, extrae del bosque y aprovecha los recursos naturales en un actor de conservación”.

Por eso, desde el momento en que llega el visitante es recibido por un guía experto que además de liderar las caminatas hasta la cuenca alta del río se encarga de realizar actividades de interpretación ambiental. Con un par de botas pantaneras y unos binoculares los turistas pueden acercarse a las maravillas del santuario en tres recorridos de baja dificultad. Una de las joyas más sorprendentes es una cascada con una caída de 60 metros, en la que vale la pena sumergirse para relajarse y tomar fotografías.

Con una inmensa oferta de actividades de aventura y descanso, el Santuario ha registrado más de 4.500 visitas anuales. Para conocer todos sus tesoros, Jaime López recomienda comprar un paquete de dos días y una noche, cuyo costo oscila entre los $100.000 y $200.000. El plan incluye alojamiento en una típica construcción paisa, alimentación y la compañía de un guía durante los recorridos.

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