Postales de Navidad

Rothenburg, Shirakawago, Hallstatt y Grindelwald llaman la atención por su arquitectura, paisajes y tradiciones. Recorrerlas es emprender un viaje al pasado y adentrarse en un cuento de Nochebuena.

Grindelwald, en el cantón de Berna, Suiza, se encuentra a 1.050 metros de altura, rodeada por un imponente grupo de montañas. / Fotos: 123rf

Resguardadas por increíbles paisajes montañosos, que por estas fechas se visten de blanco, cautivan a los viajeros con su tamaño, pintorescas casas e historia. Aunque no protagonizan las guías turísticas de Alemania, Suiza, Japón y Austria, son atractivos imperdibles en el itinerario de quienes visiten estas tierras, especialmente en invierno, cuando los mercados navideños y la adrenalina de las pistas de esquí rompen la cotidianidad y garantizan horas de diversión.

Tal vez la más tranquila de estas poblaciones, que no superan los 10 mil habitantes, es Shirakawago. Una villa japonesa a los pies del monte Hakusan, en la región de Gifu, declarada Patrimonio de la Humanidad en 1995. Rodeada de campos de arroz y atravesada por un río, pasó a la historia debido a la particular arquitectura de sus viviendas, estilo gassho-zukuri. Es decir, casas de cuatro pisos, de 18 metros de largo y 10 de ancho, cuyos techos se construyeron muy inclinados para que soportaran sin contratiempos las precipitaciones de nieve, que durante el invierno son casi a diario.

Se dice que sus amplios espacios permitían que varias generaciones de una familia vivieran juntas y que en el último piso era donde se criaban los gusanos de seda. Todavía se conservan en muy buen estado unas 150, muchas de las cuales se han adecuado como hoteles para que los extranjeros tengan la oportunidad de disfrutar de una experiencia única.

Hallstatt, en Salzkammergut, Austria, también fue declarado Patrimonio de la Humanidad. En 1997 la Unesco reconoció lo extraordinario del paisaje cultural de esta localidad, en cuyas inmediaciones se dice que están la mina de sal más antigua del mundo, a la que se puede llegar a pie o en funicular, y un osario con una colección de 1.200 cráneos bellamente decorados.

Alemania, que se caracteriza por sus fascinantes pueblitos medievales, preserva en el estado de Baviera una joya. Se trata te Rothenburg, una pequeña población fundada en 1770, que no paró de crecer hasta el siglo XVI, cuando sufrió los embates de la guerra de los 30 años y luego de la peste. Durante la II Guerra Mundial sus edificaciones se destruyeron, pero el empeño de sus pobladores y la colaboración internacional facilitó la reconstrucción y hoy luce intacta.

El casco antiguo todavía conserva las murallas que se levantaron para protegerla en el siglo XIV. Plönlein, una intersección custodiada por dos enormes torres, es el lugar más fotografiado, al igual que el magnífico edificio en donde por años funcionó el ayuntamiento, y la vieja taberna, hoy en día adaptada como Oficina de Turismo, que antiguamente estaba reservada únicamente para el disfrute de los concejales.

Finalmente está Grindelwald, en el cantón de Berna, Suiza. Un paraíso para esquiar a 1.050 metros de altura, rodeado de imponentes glaciares y cataratas. El lugar perfecto para alejarse de todo y regalarse unos maravillosos días de descanso.