Sesenta y cinco horas hasta Lima

Son casi cinco días atravesando la región Andina, conociendo las tradiciones de Ecuador y adentrándose en las tierras incas, por las maravillosas playas de Máncora.

El distrito de Miraflores, en Lima, llama la atención por sus ocho espectaculares playas. / 123rf.

La aventura comienza en la terminal de buses de Bogotá. Son 3.250 kilómetros, 65 horas y casi cinco días en carretera a bordo de un amplio bus de Expreso Brasilia, de uno o dos pisos, con capacidad para 96 pasajeros, televisores plasma en cada silla, sala VIP y wi-fi la mayor parte del trayecto.

Antes de salir del país, y después de haber almorzado en el restaurante El Paisa, en Ibagué, se sube en Cali el segundo grupo de viajeros. Tres conductores se turnan para garantizar la seguridad del viaje. Aunque los valles, cañones, mesetas, cascadas y bosques que caracterizan el paisaje andino son lo suficientemente extraordinarios para mantener entretenido a cualquiera, hay programadas otras tres paradas para estirar las piernas, descansar y comer antes de llegar a la capital peruana.

Dos son en territorio ecuatoriano, en las pintorescas poblaciones de Rumichaca y Guayaquil. La primera es considerado el paso fronterizo entre Colombia y Ecuador. Un puente, que se levantó desde mucho antes de la llegada de los españoles, pero que tuvo que ser reemplazado con los años por una estructura más moderna, da la bienvenida a este pequeño pero acogedor lugar. Aquí los viajeros tienen programado un típico desayuno en el restaurante Don Pacho.

Guayaquil, en cambio, es la ciudad más poblada de Ecuador y forma parte de la lista de las más grandes de América Latina. La zona este se encuentra a orillas del río Guayas, a unos 20 km de la desembocadura del océano Pacífico. El clima cálido durante casi todo el año la han convertido en uno de los destinos más visitados del país.

Vale la pena recorrerla y conocer, entre otros atractivos, las casas patrimoniales del barrio Las Peñas, el espectacular Circuito del Estéreo Salado, con sus imponentes malecones y puentes que se iluminan al anochecer; las esculturas, bibliotecas e iglesias que sobresalen en calles y plazas, y las escalinatas Diego Novoa, que llevan a la cima del cerro Santa Ana, donde se asentó Guayaquil en el siglo XVI, y están rodeadas de típicos cafés, restaurantes, galerías y encantadoras tiendas de artesanías.

Ya en territorio peruano se hace la última parada antes de finalizar el recorrido en Lima. Máncora, una localidad ubicada en el extremo norte, es el paraíso elegido para comenzar a acoplarse a las tierras incas. Reconocida por sus playas de arena blanca y enormes olas que atraen a surfistas de todo el continente, este balneario, hogar de tradicionales familias de pescadores, ofrece planes para llevar las emociones al límite.

Excursiones por el Santuario Natural Manglares de Tumbes, canopy, trapecios y redes de escalar en La Caprichosa, una emocionante reserva que promueve el cuidado del medio ambiente en la región a través de emocionantes actividades para liberar adrenalina en medio de parajes únicos; jornadas de buceo y paseos hasta El Ñuro, a sólo 20 minutos, para observar tortugas marinas, hacen inevitable querer quedarse más tiempo.

Quienes se animen a continuar el viaje más allá de Lima y terminar el recorrido por Suramérica en La Patogonia, ahora pueden hacerlo sin tener que preocuparse demasiado por la logística. Basta con adquirir el Boleto Único Internacional (BUI) para desplazarse por las rutas que operan Expreso Brasilia y Cruz del Sur, que se aliaron recientemente para ofrecer este servicio.

En conjunto, estas compañías tienen programadas más de 300 salidas diarias y gracias al convenio que suscribieron para facilitar a los viajeros el desplazamiento por tierra a través de Colombia, Perú, Venezuela, Chile y Argentina, permiten ahorrarse hasta el 70% de los costos en comparación con un tiquete aéreo. Equipaje ligero, una buena cámara y espíritu aventurero son los elementos indispensables para garantizar que sea una travesía inolvidable.

Temas relacionados