Vuelta a la isla de Morgan

Un día entero para ver todos los paisajes y probar a qué sabe la exótica San Andrés.

Una de las cosas más curiosas de San Andrés es la cantidad de carritos de golf que se encuentran transitando por las calles. Casi en cada esquina del centro de la ciudad es posible encontrar un lugar para rentar uno. Los más pequeños y sencillos cuestan entre $20.000 y $30,000 por hora y, según el modelo, entre $60.000 y $100.000 el día.

La razón de que hayan tantos es netamente turística, aunque no se puede negar que los isleños también los usan por ser un medio de transporte muy económico. Y es que en realidad estos carritos son una excelente opción para llevar a cabo uno de los mejores planes en la isla: recorrerla de punta a punta.

Los 12 kilómetros de largo y los tres de ancho permiten conocerla en menos de dos horas. Sin embargo, lo ideal es tomarse, al menos, medio día. Sólo de este modo se pueden saborear por completo sus paisajes y adentrarse un poco en la cultura isleña.

No importa si el paseo lo inicia con las manecillas del reloj o en el sentido contrario, igual se encontrará con los mismos lugares y llegará al punto donde arrancó. Si empieza conforme van las horas, después de salir del centro pasará por el Muelle y Bahía Baja. En este lado, durante la mayoría del recorrido el mar estará escondido entre la vegetación verde que abunda en la isla; sólo en algunos puntos se asomará para tentarlo en medio del calor con sus aguas frescas y azules.

En una de las muchas desviaciones, que van al ombligo de San Andrés, está el barrio de La Loma, un vecindario de construcciones tradicionales de madera, que es habitado por nativos. De allí se destaca la primera iglesia bautista, llamada Emmanuel.

Después de unos cuantos kilómetros se llega a Rocky Cay, donde se ubican varios clubes náuticos. Estos son sitios ideales para hacer una primera parada y alquilar una moto de agua o un kayak que lo llevará hasta el Acuario. La excursión acuática no le tomará más de 40 minutos cada trayecto. Al llegar, podrá nadar y alimentar a cientos de peces de colores e inofensivas rayas que se acercan afanadas para recibir la comida.

Al retomar la ruta, probablemente ya sea mediodía. Por tanto, la siguiente estación en el camino es San Luis, una de las playas más hermosas y famosas de San Andrés, por su arena blanca y fina. Aquí también están varios de los mejores restaurantes de la isla, en los cuales se degusta una exquisita variedad de mariscos, pescado y la más espectacular y jugosa langosta. Al terminar el almuerzo, el mejor programa es acostarse en la orilla a tomar la siesta.

San Luis termina en la punta sur de San Andrés, justo en esta posición se encuentran los tradicionales parajes en los que todo viajero debe detenerse. El hoyo soplador, que cada día emite menos agua y viento debido a que la marea ya no sube tanto como hace algunos años; la cueva del Pirata Morgan, el forajido y coleccionista de tesoros inglés más temido del Caribe, y la piscinita, una pileta natural, de paredes de coral, que está suspendida entre las rocas y mira hacia el mar. Terminar el paseo en este lado de la isla significa ver de uno de los atardeceres más conmovedores y coloridos del mundo.

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