La ciudad de las obras

Bogotá está sufriendo una drástica transformación en dos niveles:  la construcción de infraestructura vial y la implementación del SITP. Dos temas que le cambiarán la cara a la capital.

Actualmente hay en la ciudad frentes de obra distribuidos entre distritos de conservación de la malla vial (mantenimiento y reparación de las vías arteriales y locales), fase III de Transmilenio (carrera décima y calle 26) y obras de valorización (36 en total) en los que se invierten recursos por el orden de $1.74 billones; el año pasado esta cifra fue de $1.84 billones. Estas cantidades representan el gasto más fuerte en infraestructura vial de la ciudad en los últimos 15 años.

Quien camine por Bogotá en estos días no se equivoca al decir que la ciudad está en obra. Desde 2008 se han intervenido más de 10 mil cuadras en todas las localidades, se han tapado 29.180 huecos y en sólo dos años se logró la meta del Plan de Desarrollo de mantener en buen estado el 50% de la malla vial arterial e intermedia de la ciudad. Así mismo, se emprendió la ampliación y construcción de importantes corredores como la vía al Llano, la autopista Norte y la avenida Comuneros; la primera ya tiene listos los carriles para tráfico y en dos meses se completarán las obras de espacio público, la segunda, que contemplaba la expansión entre las calles 180 y 192, estará en servicio en octubre (con las obras de espacio público incluidas) y la última ya fue entregada a la comunidad.

También se encuentran las obras que se construyen con los recursos del impuesto de valorización, que suman 36 proyectos. De estos, el Instituto de Desarrollo Urbano, la entidad encargada de la transformación vial de la ciudad, se ha comprometido en entregar 25 para finales de este año.

Como si lo anterior no fuera suficiente, se adelanta la construcción de la fase III de Transmilenio, que comprende dos importantes corredores de la ciudad con obras tan ambiciosas como el paso deprimido en frente del Concejo de la ciudad (en la calle 26), que incluyó la demolición del puente existente, el reemplazo de los puentes vehiculares de la avenida Caracas con calle 26, la construcción de la glorieta de la carrera décima con calle sexta o el portal del 20 de julio, que servirá como fin de la troncal de la carrera décima.

Para lograr todas estas tareas, el IDU se está sometiendo a una profunda revisión, en la cual se analizan uno por uno los 800 contratistas de la entidad, además de incorporar a la entidad el mejor talento humano disponible, representado en los estudiantes más sobresalientes de las universidades más destacadas de todo el país. “La idea es que el Instituto sea la mejor entidad de su categoría en el país y, en el futuro próximo, de Latinoamérica. Esto no se puede lograr sin un cambio drástico al interior de la institución”, dice el director de la entidad, Néstor Eugenio Ramírez.

Además del mejoramiento del capital humano, el Instituto pone hoy en funcionamiento 14 cámaras de vigilancia de los trabajos de la ciudad, que estarán enlazadas al nuevo portal de obras que será lanzado en breve y con el cual se pretende que el ciudadano vea, en tiempo real y con el mayor de los detalles, el estado de los trabajos. Todo este esfuerzo, según Ramírez, va en el camino de afianzar la confianza pública en la labor del IDU.

Otra de las iniciativas para involucrar a la comunidad con el desarrollo de los proyectos es la puesta en marcha de la oficina móvil, un punto en el que la ciudadanía recibirá atención para solucionar dudas o problemas que se presenten con la ejecución de los proyectos de infraestructura.

De cara a emprender proyectos cada vez más grandes, y atendiendo las necesidades de una ciudad en expansión que demanda cada vez mejores servicios de movilidad, el IDU no sólo construye ciudad, sino que se reconstruye desde adentro para enfrentar los retos de edificar una ciudad moderna y competitiva.