Revolución verde

Inversiones en infraestructura agrícola y aumento de proyectos de emprendimiento apoyados por inversionistas públicos y privados son algunas de las estrategias para que el agro sea visto como un negocio de largo aliento.

Con amplios y prometedores programas de investigación, los agricultores latinoamericanos están ofreciendo un desarrollo sostenible a su negocio y lo están logrando gracias a la combinación perfecta entre el respeto por el medio ambiente, la creación de riqueza sostenible y el apoyo mancomunado de la mano de obra calificada con una serie de estructuras económicas definidas.

Y se puede consolidar si se tiene en cuenta que, de acuerdo con Roberto Artavia Loría, ex director fundador del Centro Latinoamericano para la Competitividad y el Desarrollo Sostenible (Clacds) de INCAE, una de las escuelas de negocios más importantes del continente, invitado a la reciente convención anual de CropLife Latin America, el ritmo de cambio se está acelerando con rapidez  y la oportunidad que tiene Latinoamérica está basada en que es la región más rica en recursos naturales per cápita del mundo.

Por eso, dice el experto, se requiere un mayor potencial en la generación de ideas, en el trabajo de las incubadoras empresariales y ante todo, en el fomento del emprendimiento con la ayuda de capitales ángel y de riesgo que permitan trabajar en la trasferencia de tecnología y que se mantengan como sistemas de apoyo duradero y de largo plazo.

En materia de innovación, Colombia, según el ranking del experto, aparece detrás de Argentina, Bolivia, Brasil y Chile, como uno de los mercados más atractivos en este tema, y explica que en las áreas que más se debe trabajar en cuanto al agro se refiere, es en la irrigación y manejo de aguas, biotecnología aplicada, genética, informática, manejo geográfico y topográfico y en la ecoeficiencia energética.

Sin embargo, entre los mayores retos que aún existen en materia de sostenibilidad están las relaciones entre las naciones de la región, entre las áreas rurales y urbanas de cada país, los distintos sectores de la economía y la clara segmentación de la población, que sigue dividida por su poder adquisitivo, su educación y su acceso a la tecnología.

Entre tanto, Marc Reichardt, presidente de Bayer CropScience para Latinoamérica, apunta que entre las grandes tendencias que se deben tener en cuenta para seguir pensando en la necesidad de la innovación como factor clave para el desarrollo agrícola están el aumento de la demanda por los alimentos y la energía, la reducción de la cantidad de tierra arable, la creciente demanda por los biocombustibles y la constante variación en el clima, provocando condiciones adversas a los cultivadores.

Por eso, entre los aportes de la ciencia que más se están aprovechando en la región en cuanto a tecnología aparecen la hibridación o la reproducción ayudada por marcadores moleculares que complementan hoy los métodos clásicos de reproducción. En otras palabras, se trata de semillas híbridas que pueden rendir un 30% más que las variedades tradicionales, detalla Reichardt, y agrega que las soluciones de biotecnología de plantas pueden incrementar un 25% la productividad en todo el mundo.

De ahí que los métodos modernos de reproducción y el desarrollo de biotecnología para mejorar las propiedades de alta calidad de las semillas estén arrojando mayor productividad y más resistencia a influencias ambientales, gozan de mejores características cualitativas como el sabor y color, tienen un procesamiento mejorado para logar mayores contenidos de fibra de óptima calidad, factores clave para el éxito de la agricultura en el futuro.

Estrategias para lograr que la agricultura en la región, y en el caso puntual de Colombia, pueda alcanzar el objetivo de solidificar un campo sostenible. De ahí que la fórmula más rápida para mantener vigente es aquella en la que, explica Reichardt, la economía ofrezca soluciones innovadoras, en la que existe una buena relación costo-beneficio; en materia ecológica, que los terrenos cultivables estén preparados amigablemente con el medio ambiente y se reduzca el consumo de recursos; acto seguido, que la sociedad entienda la importancia de la calidad y cantidad de alimentos que consume y, ante todo, que esté en la capacidad de atender la que será una creciente demanda por materia primas alternativas.

En el caso colombiano ya son varios los que están trabajando en el uso de la tecnología para aprovechar mejor el campo. Cenicafé es uno de ellos y con “Producción de hortalizas en estructura de guadua y cubiertas plásticas” prueban que esquemas tan sencillos como el uso de cubiertas plásticas de última generación como coberturas para modificar parcialmente el microclima, en conjunto con materiales naturales de Colombia como la guadua, han permitido tener infraestructura de bajo costo y de acceso para pequeños productores.

Toda una tendencia que, siguiendo a Reichardt, debe ser algo así como una segunda revolución verde en la cual se dé un marcado incremento de la productividad agrícola con el auxilio de variedades mejoradas de cultivos, de la biotecnología de plantas y de soluciones innovadoras de protección de esos cultivos, pero ante todo,  del aumento de las inversiones públicas en la infraestructura agrícola.

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