Empresarios comprometidos con la sociedad

Las pequeñas y medianas empresas también se destacan por implementar, de forma voluntaria, estrategias compatibles con el desarrollo social, ambiental y económico. Casos de emprendedores que marcan la diferencia.

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Energía para los más necesitados

Juan Esteban Hincapié y Juan Camilo López son los creadores de Erco Energía, una compañía dedicada al desarrollo de productos con energías renovables. Su trabajo está enfocado en comercializar, diseñar e instalar sistemas solares, tanto fotovoltaicos como térmicos, en viviendas, locales comerciales y haciendas ganaderas.

“Durante más de tres años hemos estudiado el tema. Nos dimos cuenta de que este mercado estaba desatendido. Empezamos a investigar y desarrollamos proyectos en casas familiares y de amigos para afianzar nuestros conocimientos. Pero también pensamos que con estas innovaciones la empresa podía ayudar a gente necesitada. Por eso, llegamos hasta Turbo, en Bocas del Atrato, específicamente en una zona donde se va la luz a partir de las 6:00 p.m. Ahí pusimos en marcha nuestras iniciativas para brindar energía a la población con el fin de que funcionen objetos de uso común como hornos, bombillos, ventiladores y televisores”, cuenta Juan Esteban, quien agrega que con esta iniciativa se han beneficiado más de 100 personas de la región.

Parque incluyente 

Pablo Hernández Álvarez y Juan Pablo Botero son los gestores de Más Metal, una empresa que se dedica a fabricar soportes para televisores, estanterías, lámparas y mesas portátiles. Al mismo tiempo han creado artefactos exclusivos para personas en condición de discapacidad.

La idea surgió luego de que Juan Pablo sufriera un accidente de tránsito del que quedó parapléjico. “Nos dimos cuenta de que nuestros conocimientos podían ser útiles. Fue así como participamos en la segunda convocatoria de Comuna Innova, en la que se postulan propuestas para mejorar la calidad de vida de los habitantes. Fuimos elegidos para construir un parque recreativo para personas con movilidad reducida”, asegura Hernández.

El proyecto, que se hará realidad en la Unidad Deportiva Atanasio Girardot de Medellín, tendrá zonas para la recreación y la rehabilitación.

Hasta el momento cuentan con recursos para construir tres máquinas, pero están buscando ayuda de la empresa privada para entregar, en seis meses, un complejo que cumpla con las expectativas de 16.000 medellinenses que sufren de algún tipo de discapacidad.

Una apuesta ecológica 

Hace siete meses nació The Pie House, una pequeña empresa de postres creada por dos venezolanos y dos colombianos que se fijaron la meta de preparar alimentos saludables. Pero querían ir más allá. Acordaron una normatividad estricta para minimizar el impacto de su negocio en el entorno.

Aunque no cuentan con un local fijo y están en proceso de consolidación, han aplicado estrategias de responsabilidad ambiental desde lo cotidiano.

“Tenemos un esquema de clasificación de desechos sólidos y orgánicos. Contamos con platos de porcelana para no comprar desechables y usamos detergentes ecológicos para lavar nuestros utensilios. Además, con las recetas que utilizamos buscamos propender por una alimentación más sana, porque los ingredientes son orgánicos y no tienen aditivos”, asegura Reinaldo Linares, uno de los gestores de la empresa.

Solidaridad entre campesinos 

Los cultivadores de hortalizas de Cota (Cundinamarca) se habían cansado de los intermediarios. En noviembre de 2012 se reunieron bajo la vocería de José Édgar Fitiquiva y decidieron crear Asoprocota, una compañía encargada de sembrar, recoger y comercializar perejil, espinaca, cilantro, lechuga y zanahoria, entre otros productos.

“Muchas personas nos estaban comprando los alimentos a precios muy bajos y los vendían muy caros. Decidimos independizarnos porque consideramos que la unión hace la fuerza”, cuenta José Édgar.

En total, 11 personas se agremiaron hasta crear una pequeña red de comercio ejemplar. Para brindar oportunidades a los pobladores de la zona, decidieron implementar políticas de vinculación laboral a madres cabeza de familia y campesinos que viven en condiciones de pobreza.

Unos se encargan de recolectar, deshierbar, lavar y empacar los productos. Las mujeres, en su mayoría, trabajan en la recolección del perejil en canastillas. Así reciben una bonificación. “Somos una empresa pequeña, pero para tener un impacto sostenible en la región debemos brindarles oportunidades a quienes lo necesitan. La clave está en ser solidarios”.