El jardín con casa de Simón Vélez

Estuvimos en su casa en el tradicional y bogotanísimo barrio de La Candelaria.

La casa de un arquitecto no puede ser común y corriente, y menos si ese arquitecto es el reconocido y laureado Simón Vélez.

Con más 150 proyectos a sus espaldas, construcciones hasta en la China, Simón Vélez se define como un arquitecto anárquico y defensor acérrimo del barrio La Candelaria. Su casa de tres pisos, hecha en bahareque y guadua, es muestra de lo que define como arquitectura de la colonización paisa.

Para hablar de la construcción nos tenemos que remontar a 40 años atrás, cuando Simón era alumno de una universidad bogotana, de cuyo nombre no quiere acordarse, y su papá le dio dinero para que se comprara un apartamento en Chapinero. Pero el usó la plata para comprar un lote de ocho por cincuenta metros en La Candelaria, donde hoy construyó una casita en la que vivió en su época de estudiante, y en donde quedan los apartamentos de sus hijos. Con el tiempo fue comprando edificaciones colindantes hasta ampliar el lote a dos mil metros cuadrados, sitio donde construyó su hogar actual.

Desde la puerta de entrada, hay un sendero de plantas nativas y bambúes, y al recorrerlo, uno se siente dando un paseo ecológico en pleno centro de Bogotá. Siguiendo el camino verde se llega a un jardín que Simón define como “salvaje”, donde se encuentra hasta maleza, o mejor, plantas que no son ornamentales.

En el primer piso se está el área de servicio con cocina, habitación de la niñera y un cuarto bautizado como “El internado de los nietos” para sus cinco nietos. En el segundo piso queda el amplio y muy bien iluminado estudio de su socio, el pintor Genaro Mejía.

Y en el tercer piso, la cocina para invitados, un comedor y la sala. Los muebles son de guadua o madera al igual que el piso. Respecto a las dos chimeneas que tiene la casa,Simón dice: “Si a mi no me gusta la música, pues tengo una chimenea estéreo”. Todo enmarcado con una vista espectacular del centro de la ciudad.

Al lado queda su cuarto con ventanales enormes y unos ojos de buey en las paredes. Sobre la cabecera de la cama de guadua hay un cuadro del famoso Carlos Jacamanijoy. Bajando las escaleras se llega a un estudio de película con jardín y hasta laguito. Algo así no existe sino allí, en la Candelaria, en Bogotá.

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