“Yoya” Valencia de Castaño: Abuela horario triple A

El encuentro no se da en un estudio sino en la casa de la “abue”.

Gloria accedió a abrirnos las puertas de su hogar para hablarnos de algo que la hace inmensamente feliz: su familia. Allí, en medio de gigantescos cuadros de destacados artistas, están las imágenes más valiosas para ellas: las fotos de sus nietos.

La cita no es sólo con Gloria sino también con sus nietos. Ella, conocedora del valor del tiempo (tal vez por el rigor que le dio la televisión en directo), los llama para ver si ya vienen en camino. Minutos después llega Juan, quien le da un cálido beso y le dice con sinceridad y una mirada amorosa: “Yoya, estás hermosa”. Ella prácticamente se derrite ante el piropo. Yoya o Tata, como le dicen cariñosamente, es para sus cinco nietos: Juan, María, Manuela, Alejandro y Bárbara, una fuente de alegría.

Después de un pequeño retoque (pequeño, porque ella está, como siempre, perfectamente arreglada), comienza la sesión de fotos en donde podemos constatar el inmenso amor que hay entre nieto y abuela. No se sabe quién consiente más a quien. Él la abraza, la peina y ella con una inmensa ternura lo acaricia y anuncia convencida: “A él es a quien deberían entrevistar, es un gran músico”.

La felicidad se multiplica cuando llegan sus nietas María y Mariana. “Es una maravilla tenerlas juntas. Reconozco que soy una alcahueta pues adoro a mis nietos con todo mi corazón y sólo por ellos hago cosas como estas” (se refiere a someterse a una extensa jornada de fotos con un desfile de desconocidos por su casa).

Y cuando se le pregunta cuáles han sido los momentos más felices de su vida, inmediatamente hace alusión al nacimiento de sus hijos y nietos. “Yo pensaba que los milagros no se repetían. Cuando nació María me parecía increíble verla allí en la cama y que mi hija Pilar pudiera dar vida como lo había hecho yo. Algo milagroso estaba sucediendo, y era ser abuela. No sé si será felicidad, la explosión de la fe o qué, pero la miraba y la miraba y pensaba: no es posible, ambas tienen mi sangre”, dice al recordar el día en que fue abuela por primera vez, hace 26 años. María fue la primera y, como ella misma dice, se adelantó dos años en consentimiento. Luego nacieron los hijos de Rodrigo, Manuela y Juan (quien posó para nuestra portada y es el único Castaño, ya que el otro hombre es hijo de Pilar) y los dos pequeños, Bárbara (15 años) y Alejandro (17), quienes no pudieron acompañarnos en la sesión de fotos.

Antes de empezar le presentamos a Felipe, nuestro fotógrafo, quien, sinceramente emocionado, recuerda todos los programas que vio de ella cuando era pequeño. Sus palabras nos muestran lo que significa Gloria Valencia para los colombianos, y, como si fuera poco, antes de despedirnos la maquilladora, que conoce a todos los famosos de este país, pide que le tomemos una foto con ella. Nuevamente vemos retratada la dimensión del personaje que gentilmente y sólo con el permiso de La Virgen Milagrosa, nos acogió en su hogar.

Los años la han vuelto más sabia y uno quisiera anotar cada frase que dice al azar: “La gente gasta tanta energía y pierde tanto tiempo preocupándose, que por eso les digo a los adultos que les enseñen a los niños que el tiempo es como el agua. Hay que pensar en lo que sucede cuando se meten las manos dentro de una quebrada: el agua que pasó nunca vuelve, y la que viene nunca será igual a la que dejamos pasar. El agua se nos va entre los dedos, y sin darnos cuenta la dejamos ir, eso mismo nos pasa con el tiempo, por eso hay que aprovecharlo”.

Una fuente de felicidad

Cuando decimos que Gloria Valencia de Castaño es una fuente de felicidad es literal, y por todos los lados que se le mire. Se autoproclama feliz, inmensamente feliz. Cuando sale a la calle parece un imán, la gente se le acerca, le pide fotos, autógrafos y se detiene a recordar, junto a la protectora número uno del planeta, los mejores momentos de Naturalia, ese programa que los domingos, en horario triple A, nos hablaba de ecología y de cuidar el planeta, mucho antes de que el mundo entero se diera cuenta de la necesidad de cuidar el medio ambiente.

Como si esto fuera poco, no tiene problema en interrumpir los pensamientos de aquellos a los que ve por la calle con el ceño fruncido para decirles: “¡Oiga, sonría!”. “Uno llega a una edad en que se da cuenta de que el tiempo pasó, y piensa en las cosas que dejó de hacer. Me gustaría devolver el tiempo pero no para vivir más, sino para disfrutar más y, sobre todo, para ayudar más”.

¿Y si les tuviera que decir a sus nietos dónde está la felicidad?

La felicidad está dentro de cada uno. Esto no quiere decir que no haya momentos difíciles, pero hay que verlos como lo que son: sólo momentos. Yo pienso que hay que buscar la felicidad dentro de uno mismo para después poder esparcirla por el mundo.

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2009-09-12T04:31:00-05:00

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