Un vuelo con sir Norman Foster

Los aviones son la gran pasión del arquitecto más famoso del mundo. Como piloto o pasajero, pasa más días en el aire que en la tierra.

No en vano, por años imaginó un avión ejecutivo en el que sus ocupantes se olvidaran del tiempo. Ahora lo está haciendo realidad con 24 unidades del modelo Falcon 7X pertenecientes al operador de jets privados más grande de Europa. Una vez más Foster sube al cielo.

A los 74 años, sir Norman Foster dice que subirse a un avión lo rejuvenece. Y si lo sigue haciendo con tanta frecuencia como desde hace 30 años, sencillamente nunca morirá. “En un período típico de tres meses vuelo aproximadamente 80.000 millas a través de cuatro continentes, varios países y muchas ciudades”, señala Foster en medio de una de sus cortas escalas en Londres. “Desde hace mucho tiempo he sostenido un romance placentero con el vuelo y he estado fascinado por los aviones y por pilotearlos”.

No en vano, Foster se declara un gran afortunado después de que NetJets, el operador de jets privados más grande de Europa, le delegara el diseño interior y exterior de su última adquisición: una flotilla de 24 aviones Falcon 7X, del fabricante francés Dassault, equivalentes a unos 1.000 millones de dólares, una de las mayores órdenes en la historia de la aviación privada. “Soy amigo de NetJets; conozco a su presidente, Mark Booth, y he seguido, quizás de una manera menos activa ahora que en el pasado, la serie de aviones Dassault –comenta el arquitecto–. He estado vinculado al mundo de la aviación como piloto de aeronaves de hélice, jets y planeadores. Todo esto ha hecho que este proyecto sea realmente excitante”.

Cuando habla de aviones, Foster se emociona y no duda en asegurar que es en el aire donde experimenta sus mejores sensaciones. “No sabe la enorme emoción que siento cuando durante un día nublado y gris, y en medio de la penumbra, ‘rompo’ de manera cuidadosa las nubes y encuentro la luz del sol. Ese siempre es un momento mágico y memorable”.

El Falcon 7X fue diseñado para volar 5.950 millas náuticas (unos 11.000 kilómetros), lo que le permite llevar sin escalas, a una velocidad de Mach 0,90 y 51.000 pies de altura, 14 pasajeros (incluida la tripulación) de París a Tokio, de São Paulo a El Cairo o de Buenos Aires a Nueva York. “Es realmente fascinante”, señala Foster.

El arquitecto dice que el diseño de este avión es el resultado de una combinación de las largas horas que permanece trabajando dentro de ellos y de los diferentes roles que ha jugado a través de su carrera. “Soy piloto, pasajero y además sé cuidarlos muy bien. Esta situación se traduce en un diseño profundo y refrescantemente diferente. Los aviones se han convertido en algo muy predecible, así es que quise romper con ese molde y crear algo que despertara el interés y al mismo tiempo hiciera sentir a sus ocupantes verdaderamente cómodos. Ese reto inmediatamente conduce a una paleta de colores, texturas y usos de materiales suaves de una forma novedosa si se le compara con lo que estamos acostumbrados a ver en el interior de un jet ejecutivo tradicional”.

Cuando usted se mueve por el avión, explica Foster, nota un número importante de diferencias en el diseño. “Si observa detenidamente verá que los asientos son una mezcla de cuero perforado y cuero sólido. El espacio interior luce mejor y está lleno de detalles que facilitan trabajar cómodamente y aseguran un ambiente más tranquilo. Usted puede examinar el avión e identificar los materiales; puede evaluarlos en términos de durabilidad, de qué tan agradables son a la vista y qué tan bien se verán con el paso del tiempo. Las áreas que soportan a la tripulación también son muy importantes. Por eso tuve múltiples conversaciones con los pilotos, auxiliares de vuelo y personal de mantenimiento para así asegurar cada elemento. Por ejemplo, usamos piel de oveja en las sillas de los pilotos, lo que favorece su comodidad”.

El Falcon 7X no es sólo cómodo y elegante, está repleto de detalles que lo hacen único. En su interior, incluso, se halla un libro llamado Horizons, de Ivorypress, la editorial fundada por Elena Ochoa, la actual esposa de Foster, que se centra en experiencias de viaje y que explora temas como el riesgo y la diversidad cultural. En él se encuentra una selección de imágenes de los mejores fotógrafos de viajes del mundo y artículos, entre otros, de Álvaro Mutis y Mario Vargas Llosa.

El exterior del avión también deja ver el toque personal de Foster. “Lo que hemos hecho aquí es insólito e integra el avión de una mayor forma. La línea que lo atraviesa, que normalmente es muy fina, aquí se hace un elemento mucho más sustancial. También incorpora un color muy rico y mantiene todas las ventanas juntas. No es un capricho. El efecto trabaja con las dimensiones del fuselaje, unifica, simplifica y hace más elegante la forma inherente y muy hermosa del 7X”.


En tierra

Lord Norman Foster es el arquitecto más famoso y deseado del mundo. En 1961 recibió su título de la Universidad de Manchester y ganó una beca en la Universidad de Yale donde obtuvo un máster en Arquitectura. Su carrera profesional se inició en Team 4, la firma que fundó junto con Richard Rogers y Wendy Cheesman, su primera esposa. En 1967 el equipo se disolvió y Rogers comenzó a colaborar con Renzo Piano en el Centro Pompidou de París.

Foster y Wendy crearon Foster + Partners y un año más tarde empezaron a trabajar en algunos proyectos con el visionario Richard Buckminster Fuller. A partir de entonces, ha diseñado desde puentes y edificios hasta aeropuertos y residencias privadas con las que ha logrado más de 470 galardones. Su más reciente reconocimiento, en mayo de 2009, fue el premio Príncipe de Asturias de las Artes. En 1999 ya había ganado el Premio Pritzker de Arquitectura, año en el cual la reina Isabel II de Inglaterra le otorgó el título nobiliario vitalicio de lord (barón) Foster de Thames Bank. Nueve años atrás, en el día de la celebración del cumpleaños de la Reina, había sido nombrado sir (caballero).

Lord Foster ha desarrollado obras en más de 50 países y 150 ciudades. Su estudio central de Riverside, en Londres, trabaja 24 horas, siete días a la semana, con un personal que habla 40 idiomas. Siempre ha dicho que la arquitectura es generada por las necesidades materiales y espirituales de la gente y que sus obras, en constante reinvención, están direccionadas hacia la búsqueda de la calidad de vida, cualquiera que sea su uso, siempre y cuando respeten la sostenibilidad del planeta.

Entre sus múltiples construcciones se encuentran el viaducto de Millau, en Francia; el puente del Milenio y la torre radial de la BBC, en Londres; el nuevo estadio de Wembley; el Centro de Congresos de Valencia y el metro de Bilbao, en España; la sede central del HSBC en Hong Kong y el aeropuerto de Beijing. Actualmente, el estudio de Foster trabaja, entro otros, en el Abu Dhabi World Trade Center, en los Emiratos Árabes Unidos; el Museo de Finas Artes de Boston; el Club de Yates de Mónaco; el complejo Troika de Kuala Lumpur; el aeropuerto internacional de Queen Alia en Ammán, Jordania; el Campus de la Justicia de Madrid y en la Isla de Cristal, en Moscú.

Lord Foster traza sus pensamientos en cualquier pedazo de papel que tenga a la mano. Lo hace cuando imagina sus edificios, estadios, enormes complejos o megayates, como el Ocean Emerald, que presentó recientemente la firma YachtPlus en La Spezia, Italia.

Lo mismo hizo con el Falcon 7X, de NetJets. Pero con tantos proyectos, ¿habrá alguno más especial que otro? “Cada vez que me lo preguntan doy la misma respuesta: cada asignación de diseño es especial y no tiene nada que ver con el tamaño o la complejidad, todos son igualmente importantes. Puede que para alguien que está fuera de nuestra firma sea muy difícil entenderlo y asuma que diseñar el edificio más grande del mundo parezca más importante. En tamaño, el edificio es mayor, pero el reto de diseñar cosas más pequeñas, como el interior del 7X, es bastante especial –expresa lord Foster–. Créame que lo he disfrutado. Para mí el avión es ante todo un lugar de trabajo. Y aunque es un lujo, también es una necesidad; sería imposible poder controlar mi negocio sin él. Todo esto me lleva a pensar que la productividad y el lujo son igual de importantes en estos días”, concluye.

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