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En un contexto mundial donde el cambio climático impone la necesidad urgente de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, los biocombustibles emergen como una herramienta clave para descarbonizar sectores difíciles de electrificar, como el transporte pesado, marítimo y aéreo. En Colombia, esta misión la lidera BioD, una empresa que nació en 2009 con la intención de diversificar las fuentes de energía, reducir emisiones contaminantes y promover el empleo formal a través del biodiésel producido con materias primas sostenibles como el aceite de palma y los aceites usados.
De acuerdo con Javier Ospina, gerente general de BioD, en 2025 la compañía logró reducir 663.541 toneladas de CO2eq, lo que equivale a retirar todos los vehículos de Bogotá durante 87 días. Estos resultados se traducen en una disminución del 92% de emisiones frente al diésel fósil con el que se mezcla. A nivel nacional, el uso de biocombustibles evitó la emisión de más de 2’200.000 toneladas de CO2eq y redujo cerca de 500 toneladas de material particulado, un contaminante altamente cancerígeno que afecta la salud respiratoria de los colombianos.
“Al poder utilizarse estas mezclas con biodiésel, lo que se hace es mitigar y disminuir este material particulado. Entonces son dos elementos importantes: uno, la descarbonización; y segundo, permitir tener un aire más limpio”, destaca el gerente general de BioD.
Sin embargo, y como lo explica Ospina, esta industria va mucho más allá de las métricas ambientales, su verdadera dimensión se comprende al entender que el biodiésel no solo es un combustible, sino también una solución integral que conecta sostenibilidad, seguridad energética, agroindustria y desarrollo regional.
Conectando el campo con el mundo
“Algo importante con BioD es que hay toda una cadena de valor que fortalece al sector. Cada producto que se elabora tiene un hilo que conecta el campo, porque el biodiésel lo hacemos con aceite de palma que proviene de los cultivos de Llanos Orientales; la industria, que obviamente lo produce; toda la logística, el transporte, el desarrollo de innovación, el empleo y la sostenibilidad”, agrega el gerente general.
Esta visión ha convertido a la compañía en una plataforma de desarrollo productivo, que genera cerca de 8.300 empleos directos e indirectos en el territorio nacional, contribuyendo al fortalecimiento de un gremio que en conjunto genera alrededor de 70.000 empleos directos e indirectos en el país. Es así como BioD ha demostrado que el crecimiento industrial, la conservación ambiental y el desarrollo social pueden ir de la mano. Para corroborar este compromiso, la compañía monitorea rigurosamente las hectáreas cultivadas de sus proveedores, cumpliendo el acuerdo voluntario de Cero Deforestación en el 100% de los cultivos de sus socios proveedores.
“Termina siendo una solución energética, pero también una plataforma de desarrollo productivo para Colombia, impactando no solo a quienes trabajan en la compañía, sino a todas las personas a lo largo de la cadena de valor. Y el concepto termina siendo algo muy poderoso porque es convertir la capacidad productiva del campo en energía limpia para el país. Esta industria genera demanda para materias primas agrícolas, como el aceite de palma, lo que fortalece todas estas cadenas regionales, dinamiza la economía rural y aporta a la generación de empleo en los territorios”, resalta Ospina.
Seguridad energética y sostenible
En un contexto internacional marcado por conflictos y un alza en el precio de los combustibles fósiles, la producción nacional de biodiésel se posiciona como un pilar de seguridad energética para Colombia. Como lo asegura el gerente general de BioD, para el país es muy importante poder diversificar la matriz y aprovechar las capacidades que hoy existen.
“El año pasado, este mercado alcanzó una venta histórica de 727.000 toneladas, con un crecimiento del 5,7% frente al 2024. Esto confirma que Colombia cuenta con una industria madura que es capaz de responder a la demanda energética y puede aportar estabilidad, resiliencia y valor adicional a la matriz de los biocombustibles y de los combustibles en general”.
Ahora bien, la apuesta de la compañía no se detiene en el transporte terrestre, BioD es pionera en Latinoamérica en el uso de mezclas de biodiésel en aguas internacionales, al haber entregado más de 850 toneladas de combustible fabricado con materias primas residuales. A la par, está incursionando en el mercado de combustibles sostenibles para la aviación, un sector con enormes retos de descarbonización.
“El país tiene unas condiciones claves para poder participar en esta nueva industria. Tenemos suficiente disponibilidad de materias primas, porque en el caso de combustible sostenible de aviación se puede hacer a partir de etanol de caña, o a través de biomasa, entonces tenemos toda una gama de materias primas. También estamos en una posición estratégica. El aeropuerto internacional El Dorado está en un punto muy importante porque aquí se abastecen muchísimas compañías de aviación que se están moviendo alrededor de todo el mundo. Este conocimiento y capacidad técnica acumulada nos permite tener una ventaja competitiva a la hora de producir y entrar en esta nueva cancha de juego”, explica el gerente.
La visión de futuro
Para consolidar una industria más fuerte, Ospina recalca que el país necesita reglas de juego claras y estables que permitan reconocer el aporte ambiental de estos biocombustibles, así como un marco normativo que establezca etapas claras de incremento de las mezclas.
Ahora bien, en el debate público, a menudo se contrapone la movilidad eléctrica, el hidrógeno y los biocombustibles como si fueran caminos excluyentes. Sin embargo, la visión de BioD se fundamenta en integrarlas y saber aprovechar su potencial.
“La transición energética no la va a resolver una sola fuente. El biodiésel es una solución inmediata para el corto plazo. La pregunta no es cuál tecnología reemplaza a la otra, sino cómo combinamos las mejores soluciones para descarbonizar más rápido y con mayor impacto”, explica.
Con la mirada puesta en 2035, la compañía aspira a convertirse en un ecosistema de soluciones renovables, triplicando su impacto actual. Su objetivo es claro: seguir demostrando que es posible descarbonizar el movimiento del país (terrestre, marítimo y aéreo), regenerar los territorios a través de una agroindustria sostenible y crecer con responsabilidad, consolidando una matriz energética nacional resiliente, baja en carbono y profundamente conectada con el desarrollo social del campo colombiano.