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La maternidad ya no necesariamente ocurre en los tiempos biológicos tradicionales. Cada vez más mujeres deciden postergarla por motivos personales, académicos, profesionales o simplemente porque aún no han encontrado el momento adecuado para formar una familia. En este contexto, la congelación de óvulos se ha consolidado como una herramienta que permite preservar el potencial reproductivo y ampliar las posibilidades de embarazo en el futuro.
De acuerdo con el doctor Germán David Ospina, médico ginecólogo especialista en reproducción humana y director médico de Inser Bogotá, la congelación de óvulos es un tratamiento médico que consiste en preservar los óvulos de una mujer en una etapa de la vida en la que su cantidad y calidad son óptimas, para que puedan ser utilizados posteriormente en la búsqueda de un embarazo.
El procedimiento comienza con una estimulación hormonal de los ovarios durante aproximadamente 10 a 12 días, con el objetivo de lograr que varios óvulos maduren al mismo tiempo. Posteriormente, estos son extraídos mediante un procedimiento ambulatorio y sometidos a un proceso de vitrificación, una técnica de congelación ultrarrápida que evita la formación de cristales de hielo dentro de las células y permite que los óvulos mantengan una alta tasa de supervivencia al ser descongelados, incluso años después.
La edad es uno de los factores más importantes para determinar el éxito de esta estrategia. Según el especialista, la mejor etapa para congelar óvulos suele ser antes de los 35 años, debido a que la fertilidad femenina disminuye progresivamente con la edad, especialmente después de esa etapa y de manera más acelerada a partir de los 38 años. “No solo disminuye la cantidad de óvulos disponibles, sino también su calidad, es decir, la capacidad para entregar correctamente el material genético”, explica.
Aunque la congelación de óvulos representa un importante avance en medicina reproductiva, los expertos insisten en que no garantiza un embarazo futuro. Ospina aclara que se trata de una herramienta que aumenta las probabilidades de lograrlo, siempre que se haya congelado un número adecuado de óvulos de buena calidad, pero sin ofrecer una certeza absoluta. “La reproducción humana sigue siendo un proceso biológico complejo. La congelación de óvulos no es una póliza de seguro que garantice un embarazo futuro, pero sí es una de las mejores herramientas que tenemos actualmente para mantener en el tiempo la posibilidad de embarazo de una mujer”, afirma.
El éxito de un embarazo con óvulos previamente congelados depende de varios factores. Entre ellos destacan la edad de la paciente al momento de la congelación, el número de óvulos almacenados, la calidad del laboratorio donde se realiza la vitrificación y la descongelación, así como la calidad del semen y las condiciones de salud de la mujer cuando decide buscar el embarazo. En este sentido, el especialista señala que no basta con congelar unos pocos óvulos, ya que no todos sobreviven al proceso de descongelación, no todos se fecundan y no todos los embriones resultantes son genéticamente normales.
Alrededor de este procedimiento persisten diversos mitos. Uno de los más frecuentes es creer que los óvulos pueden congelarse a cualquier edad con las mismas probabilidades de éxito. La realidad, explica Ospina, es que la edad al momento de la congelación resulta determinante. También existe la percepción de que unos pocos óvulos son suficientes para garantizar resultados, cuando en realidad la cantidad almacenada influye directamente en las probabilidades de lograr un nacimiento. Otro temor común es que el procedimiento pueda afectar la salud de los futuros bebés; sin embargo, la evidencia científica disponible muestra que los niños nacidos a partir de óvulos vitrificados presentan resultados comparables a los obtenidos mediante otros tratamientos de reproducción asistida.
El perfil de las mujeres que recurren a la preservación de la fertilidad también ha cambiado en los últimos años. Actualmente, muchas pacientes buscan esta alternativa para postergar la maternidad mientras desarrollan proyectos personales o profesionales. Sin embargo, existe un grupo creciente que acude por razones médicas, como diagnósticos de cáncer, endometriosis, enfermedades autoinmunes o condiciones que pueden comprometer la función ovárica a edades tempranas. Para estos casos, la congelación de óvulos se ha convertido en una estrategia clave para proteger la fertilidad antes de iniciar tratamientos que puedan afectarla de manera irreversible.
La demanda de este procedimiento ha mostrado un crecimiento sostenido en Colombia. Solo en la sede de Inser Bogotá se realizaron 132 ciclos de congelación de óvulos durante 2025, mientras que el Grupo Inser – Instituto de Fertilidad Humana registró 388 procedimientos en el mismo periodo. Para el especialista, este aumento responde a una mayor conciencia sobre las limitaciones biológicas de la fertilidad y a los cambios sociales que han llevado a muchas mujeres a planificar la maternidad en etapas posteriores de la vida.
En términos generales, se trata de un procedimiento seguro cuando se realiza en centros especializados como Inser. Los efectos secundarios más frecuentes incluyen sensación de distensión abdominal, molestias pélvicas temporales y cambios leves en el estado de ánimo relacionados con la estimulación hormonal. Las complicaciones graves son poco frecuentes y los protocolos actuales permiten prevenir y controlar la mayoría de los riesgos asociados.
Frente a las mujeres que aún tienen dudas sobre esta alternativa, el mensaje del doctor Ospina es claro: informarse a tiempo. “Muchas mujeres consultan cuando ya existe una disminución importante de la reserva ovárica y las opciones son más limitadas. Lo más importante es realizar una valoración temprana con un especialista para conocer la situación reproductiva individual y tomar decisiones basadas en información objetiva”, concluye.
La fertilidad, advierte el experto, tiene un componente biológico que no siempre coincide con los tiempos personales, laborales o emocionales. Por eso, conocer la propia reserva ovárica y entender las posibilidades reproductivas disponibles puede convertirse en una herramienta fundamental para decidir con libertad sobre el futuro.
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