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Crédito con propósito: entender a las personas más allá del financiamiento

Más que acceso a financiamiento, el crédito con propósito impulsa decisiones informadas, fortalece negocios y acompaña el progreso de miles de microempresarios en Colombia.

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27 de abril de 2026 - 08:27 p. m.
Detrás de cada crédito hay una historia de esfuerzo, decisiones y progreso.
Detrás de cada crédito hay una historia de esfuerzo, decisiones y progreso.
Foto: Foto proporcionada por Banco Mundo Mujer
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En Riohacha, Katherine Torres Navarro convirtió un emprendimiento artesanal en una empresa con alcance internacional. Hace cinco años empezó con un crédito para comprar insumos. Hoy, su marca, Lanas Wayú 3, vende productos en Colombia, Estados Unidos, España y Aruba, y genera empleo para ocho personas, entre ellas, mujeres cabeza de hogar y adultos mayores.

Su historia es el resultado de un proceso progresivo, en el que el acceso al financiamiento se combinó con decisiones acertadas y conocimiento del negocio.

Este tipo de trayectorias refleja el impacto del crédito con propósito, enfocado en comprender la realidad del cliente antes de definir la solución. “Hoy entendemos que cada microempresario tiene ciclos, necesidades y contextos distintos. Eso nos ha permitido ajustar mejor nuestras soluciones al momento productivo de cada cliente”, explica Diana Mejía, gerente nacional de Crédito y Cartera de Banco Mundo Mujer.

En ese proceso, el crédito se convierte en una herramienta que acompaña decisiones económicas como comprar insumos, ampliar inventarios, incorporar tecnología o sostener un negocio en momentos de dificultad.

El desafío es mayor cuando se trata de poblaciones que históricamente han estado por fuera del sistema financiero. En el caso de Banco Mundo Mujer, el 98 % de los clientes de crédito pertenece a estratos 1, 2 y 3, y el 18 % está en zonas rurales. Su modelo se construye desde el conocimiento en campo. “La cercanía con el cliente nos permite entender lo que está pasando. Muchas decisiones no se explican en un historial crediticio, sino en la dinámica del negocio y del entorno”, señala la directiva.

Así, el acceso al financiamiento cumple una función que va más allá del crecimiento. “Sin financiamiento, muchos negocios se quedan en subsistencia. Con un crédito bien estructurado, pueden invertir, ordenar sus finanzas y aprovechar oportunidades. El objetivo es que el crédito sea una herramienta de progreso y no una carga”, afirma Mejía.

En Pasto, Óscar, un joven microempresario, lo expresa desde otra perspectiva. Empezó con un pequeño negocio de variedades y, con el tiempo, incorporó nuevos servicios hasta abrir una barbería. “Si coges el dinero para invertir, sí da frutos. Pero hay que saber administrar”, dice. Hoy genera empleo y proyecta ampliar su negocio con nuevas inversiones.

Su experiencia refleja otro de los aprendizajes del sector: el crédito no transforma por sí solo. Funciona cuando está acompañado de herramientas que les permitan tomar decisiones informadas, tener hábitos de pago con disciplina, conocimiento del negocio y una relación de confianza entre la entidad y el cliente. Por eso, programas como Aprendamos en Familia, que en 2025 impactó a más de 400.000 personas en el país, buscan fortalecer capacidades para la toma de decisiones financieras y el manejo responsable del crédito.

El enfoque también se refleja en el diseño de productos como crédito para mujeres, crédito para negocio y financiamiento agropecuario, adaptado a ciclos productivos, y soluciones orientadas a actividades sostenibles.

De esta manera, la entidad se ha consolidado y registra 771.000 clientes, con una participación del 16 % en el mercado microfinanciero. Su cartera alcanza los 3 billones de pesos, respaldada por un patrimonio de COP 555.427 millones y una estructura de captación que incluye más de COP 2,2 billones en CDT y COP 315.558 millones en cuentas de ahorro.

En este sentido, Mejía señala que “la calidad no se corrige después: se construye desde el inicio, con una evaluación que tenga en cuenta la realidad del cliente”.

En un país donde la inclusión financiera sigue siendo un reto, el papel de las microfinanzas empieza a redefinirse. Ya no se trata únicamente de ampliar el acceso, sino de hacerlo con sentido. Entender que detrás de cada crédito hay una historia como la de Katherine y Óscar. Y que, en muchos casos, financiar no es solo prestar dinero, sino acompañar la forma en que las personas construyen su vida, su negocio y su futuro.

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