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Más allá de la cobertura, la educación virtual enfrenta el reto de demostrar impacto real en la formación de los estudiantes. René Bautista, director de Ean Virtual, explica cómo la institución está apostando por evidencia de aprendizaje, personalización y tecnología para transformar la experiencia educativa en Colombia.
¿Cómo entiende la Ean el verdadero impacto de la virtualidad en la formación de los estudiantes?
Para la Ean, la virtualidad dejó de ser un canal para transformarse en una arquitectura de transformación.
En ese sentido, no medimos el impacto con indicadores tradicionales de gestión —como cuántos estudiantes se conectan a una clase—, sino por cuánto cambian durante su proceso formativo. Para nosotros, el impacto ocurre cuando un estudiante demuestra en tiempo real que sabe hacer algo que antes no sabía, o cuando construye una identidad profesional y vive una experiencia formativa significativa, más allá de aprobar materias.
Por eso, nuestro modelo no está diseñado para transmitir contenidos, sino para producir evidencia de aprendizaje. Si no hay evidencia observable, no hay impacto.
¿Qué ha aprendido la Ean sobre los factores que realmente ayudan a que un estudiante no solo ingrese, sino que avance, termine y transforme su proyecto de vida?
Hemos aprendido algo incómodo: la deserción no puede reducirse únicamente a las condiciones del estudiante; es un problema de diseño del sistema y de pertinencia de la oferta.
Los estudiantes no abandonan porque quieran. Abandonan cuando:
• No entienden qué se espera de ellos.
• No ven progreso tangible.
• No sienten acompañamiento.
A partir de esta comprensión, hemos orientado nuestras soluciones desde una visión integral. Ofrecemos apoyos frente a las dificultades, pero también trabajamos para que la universidad genere valor real en sus procesos.
Buscamos que el estudiante esté activamente involucrado en su formación, no como espectador, sino como protagonista. Además, fortalecemos el acompañamiento permanente, especialmente en lo asincrónico, para garantizar la flexibilidad que exige esta modalidad.
Hoy el mercado exige formación mucho más flexible, actualizada y conectada con habilidades reales. ¿Cómo está respondiendo Ean Virtual a esa necesidad?
La flexibilidad mal entendida es ausencia de estructura, y eso fracasa. Nosotros hacemos lo contrario: diseñamos rutas altamente estructuradas, pero profundamente personalizables en tiempos, ritmos y experiencias.
Lo hacemos a través de: formación modular y apilable, experiencias de aprendizaje basadas en retos reales, diseño de experiencias fundamentado en ciencia del comportamiento y evaluaciones auténticas, donde el estudiante demuestra desempeño.
Hemos entendido que el mercado no necesita más contenido; necesita personas capaces de operar en contextos reales. Ahí está nuestra apuesta.
En la conversación sobre calidad académica, todavía existen prejuicios frente a la educación virtual. ¿Qué elementos considera clave para demostrar su rigor y pertinencia?
Apostar por rigurosidad, confianza y pertinencia es, en esencia, apostar por la calidad.
En Ean Virtual hemos decidido superar un error común: creer que la calidad en lo virtual se mide por cuánto se parece a la educación presencial. Para nosotros, un modelo virtual de calidad no debe replicar el aula, sino superar las limitaciones de la interacción sincrónica.
No debe depender exclusivamente de un profesor en vivo, sino de una arquitectura pedagógica y tecnológica sólida. Además, debe enfrentar los desafíos de las tecnologías emergentes desde modelos educativos robustos y con una clara cultura de integridad académica.
La inteligencia artificial está transformando la educación. ¿Cómo integrarla sin perder el criterio pedagógico ni profundizar brechas?
Desde nuestra visión institucional, la inteligencia artificial no debe reemplazar al ser humano —en este caso, al estudiante—, sino potenciar sus habilidades y elevar los estándares de aprendizaje.
En Ean Virtual utilizamos la IA para: personalizar rutas de aprendizaje y acompañamiento según el desempeño, detectar riesgos de deserción de manera oportuna y potenciar la producción de recursos educativos de alta calidad.
Esto permite acompañar al estudiante tanto en lo sincrónico como, especialmente, en lo asincrónico, fortaleciendo su proceso formativo sin perder el enfoque pedagógico.
La educación virtual también busca cerrar brechas territoriales. ¿Qué papel está jugando la Ean en este proceso?
La virtualidad amplía la cobertura y permite superar barreras de acceso, pero la verdadera democratización ocurre cuando se garantiza calidad en cualquier territorio.
Para lograrlo, asumimos dos retos clave:
1. Dejar de ver el territorio como una limitación y entenderlo como la condición natural del estudiante virtual.
2. Llevar un modelo completo, no versiones simplificadas, a todas las regiones.
Nuestro objetivo es que cualquier estudiante, sin importar su ubicación, acceda a experiencias de aprendizaje de alto nivel y a un acompañamiento real, apoyado en herramientas de automatización.
No se trata solo de llegar a más lugares, sino de garantizar educación de calidad desde cualquier lugar.
¿Cuál debería ser el siguiente gran paso de la educación virtual en Colombia?
El siguiente paso es pasar de un sistema estándar de educación digital —que replica lo presencial— a un sistema inteligente de formación.
Esto implica:
• Hiperpersonalización basada en evidencia constante.
• Evaluaciones centradas en la demostración real de habilidades.
• Integración efectiva con el mundo productivo.
• Formación a lo largo de la vida, basada en habilidades apilables.
• Articulación entre educación formal y no formal.
La clave está en dejar de concebir la educación virtual como una modalidad mediada por tecnología y empezar a entenderla como un sistema educativo con identidad propia.