La muerte de un joven siempre será una inconcebible tragedia, en especial cuando es este quien ha decidido cesar su existencia, y es más incomprensible cuando hace parte del grupo de privilegiados que cursan la educación superior en nuestro país.
Un estudio reciente acerca de esta problemática de salud pública fue presentado por la Alianza 4U (Universidad EAFIT, Universidad del Norte, Universidad Icesi y el CESA), con una revisión de los principales indicadores de salud mental de los jóvenes en la educación superior, mediante la aplicación de una encuesta a 1200 universitarios entre los 18 y los 28 años, vinculados a 122 instituciones de educación superior públicas y privadas en cinco regiones del país.
Entre sus preocupantes conclusiones está que uno de cada ocho estudiantes universitarios ha intentado terminar con su vida, lo que corresponde al 12,5 % de los encuestados. El riesgo de ideación suicida se da en mayor proporción en mujeres, con un 16 %, frente al 8 % de hombres. El 14 % corresponde a estudiantes de instituciones privadas y el 11 %, a los de las oficiales. Por regiones, Bogotá puntea con el 16 % de los casos y el Caribe tiene la cifra más baja, el 6 %.
Una revelación significativa de la encuesta es que la sintomatología depresiva es el principal factor de riesgo para conductas suicidas en la población universitaria. El 45 % de los encuestados presenta depresión con niveles clínicamente significativos; de estos, el 17,9 % la padece en un nivel severo. Igualmente, hay una prevalencia de la ansiedad en el 40 % de los casos.
Así mismo, se estableció que un gran predictor de la depresión es el bienestar general (uno de los indicadores del estudio) y, por ende, indirectamente, es responsable del riesgo de ideación suicida, por lo que se recomienda atender eficazmente este aspecto. Se halló incidencia del consumo de sustancias, el uso abusivo de redes sociales y de antecedentes de agresión entre pares, en los síntomas depresivos.
“La intervención en salud mental universitaria, por tanto, no debería limitarse al tratamiento sintomático, sino orientarse a fortalecer el bienestar estructural, reducir experiencias de victimización y promover hábitos de sueño saludables”, señalan los autores del estudio.
Por ello, plantean una estrategia integral de seis frentes: incorporar la salud mental como agenda transversal institucional, garantizar acompañamiento psicosocial sólido, promover factores de cuidado, contar con protocolos de detección y atención claros, formar en habilidades socioemocionales, y articular alianzas intersectoriales.
En la pasada conmemoración del Día para la Prevención del Suicidio, la Defensoría del Pueblo alertó sobre esta crisis planteando que, más allá de un asunto clínico, la salud mental de la juventud es un indicador del modo en que se organiza la sociedad, porque garantizar su atención oportuna “es un deber ético y político”.
El suicidio es una de las principales causas de defunción entre las personas de 15 a 29 años, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, lo que ratifica una crisis de salud mental que, necesariamente, requiere un abordaje inmediato que atienda todas las aristas del problema.
Por esto, es necesario que todas las Instituciones de Educación Superior asuman con total responsabilidad sus programas de Bienestar Estudiantil, con enfoque preventivo, promoviendo, de manera integral, la salud mental de sus educandos. El reto por lograr es: depresión, 0 casos; ideación suicida, 0 casos; y suicidios, 0 casos.
*Rector Universidad Simón Bolívar