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El queso cuenta otra historia sobre el procesamiento

No todos los quesos son iguales: algunos concentran más proteína, otros tienen menos grasa o han reducido su contenido de sodio. Conocer cómo se elaboran y qué conservan de la leche original ayuda a tomar mejores decisiones nutricionales, porque el procesamiento influye en su composición, su calidad y en los nutrientes que finalmente aporta cada producto.

Redacción Especiales

01 de septiembre de 2026 - 06:30 a. m.
El queso puede aportar proteína láctea y calcio.
Foto: Getty Images
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¿Qué tienen en común una fruta congelada, una arepa, una taza de café, un vaso de leche pasteurizada y una porción de queso? Todos han pasado por algún tipo de transformación antes de llegar a la mesa.

Procesar un alimento significa intervenir para modificar alguna de sus características. Cocinar, fermentar, secar o pasteurizar son procesos que han acompañado la alimentación humana durante siglos. Algunos mejoran su inocuidad, otros favorecen su conservación, facilitan su transporte o permiten nuevas formas de consumo.

Por eso, procesar no significa necesariamente deteriorar un alimento o reducir su valor nutricional. Entender cómo fue procesado permite descubrir qué cambió durante esa transformación, qué se conservó y cuál es su composición final. El queso es un buen ejemplo: a través del procesamiento, la leche se transforma y da origen a un alimento con características nutricionales, de calidad, textura, sabor y duración propias.

Procesar puede significar cosas distintas

Cada proceso cumple una función diferente. Pasteurizar contribuye a la inocuidad; fermentar puede modificar el sabor, la textura y la composición de un alimento. Lo importante, entonces, no es solamente preguntarse si un alimento fue procesado, sino entender para qué y cómo fue procesado y cuál es el resultado de esa transformación.

El queso permite verlo con claridad. Su elaboración transforma la leche y da origen a un alimento con características propias. Durante el proceso se forma la cuajada y se separa parte del suero; luego, según el tipo de queso, pueden seguir etapas que modifican su humedad, textura, sabor y duración.

Lo interesante es que esa transformación también cambia la forma en que aparecen sus nutrientes. En otras palabras, transformar la leche no significa necesariamente perder su aporte nutricional.

De la leche al queso: qué cambia en el camino

Durante la elaboración, los componentes de la leche siguen recorridos distintos.

Gran parte de sus proteínas permanecen en la cuajada. Al retirarse una proporción importante del líquido, la proteína puede quedar más concentrada en el queso que en la leche de la cual proviene. En muchas variedades ocurre algo similar con el calcio, aunque su cantidad final depende del tipo de queso y de la forma en que fue elaborado.

La lactosa sigue otro camino. Una parte pasa al suero y, en algunos quesos, puede disminuir aún más durante la fermentación o la maduración. Por eso, su cantidad final varía entre tipos de queso: los frescos suelen conservar más que los madurados.

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La transformación de la leche modifica la composición del alimento: mientras algunos componentes como la lactosa disminuyen, otros, como las proteínas y el calcio, permanecen y pueden quedar más concentrados dependiendo de la humedad y del proceso de elaboración.

Cada queso es, por tanto, el resultado de un recorrido particular. La materia prima, las etapas de elaboración y la cantidad de agua que conserva influyen en su textura, sabor, duración y composición nutricional. El proceso no es un elemento accesorio: es precisamente lo que convierte la leche en queso y determina buena parte de las características del alimento que finalmente llega a la mesa.

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Los ingredientes también hablan de calidad

Para entender el resultado de esa transformación importa saber con qué ingredientes se elaboró. La calidad de un queso también está relacionada con la autenticidad de su composición: que sus características provengan de las materias primas declaradas y del proceso con el que fue elaborado.

Los ingredientes ayudan a entender de dónde provienen esas características. Los componentes propios de la leche explican buena parte del perfil nutricional esperado de un queso. Cuando alguno de ellos se sustituye por otras materias primas, la composición puede cambiar, incluso dejar de ser queso, aunque la apariencia final resulte similar.

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Por eso, conocer los ingredientes permite comprender mejor el alimento que llega al plato. La lista de ingredientes muestra cómo está formulado; la información nutricional permite saber qué aporta una porción.

Más allá del sabor

El queso suele ocupar un lugar en la mesa por su sabor, su textura y su versatilidad. Pero su transformación también explica parte de su valor nutricional.

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Dependiendo de la variedad y de la porción, puede contribuir al aporte de proteína láctea y calcio naturalmente presentes en la leche. De esta manera, puede sumar nutrientes a preparaciones cotidianas y formar parte de diferentes momentos de alimentación.

Mirar cómo fue elaborado, qué ingredientes contiene y qué nutrientes aporta, permite comprender mejor su lugar dentro de la alimentación. Y también pone en perspectiva algo más amplio: hablar de procesamiento no debería significar automáticamente hablar de pérdida de calidad nutricional.

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El queso cuenta bien esa historia. Procesar la leche permite transformarla en un alimento con características propias, con identidad, calidad y valor nutricional propios.

Los quesos Alpina tienen un alto valor nutricional por ser fuente de proteína: su aporte varía según el tipo.

Foto: Cortesía
  1. Quesito Alpina: Es un queso fresco, de textura ligera con tan solo cuatro ingredientes, sin conservantes y con 53 calorías por porción.
  2. Queso Mozarella Alpina: Excelente fuente de proteína, aporta aproximadamente 10 gramos en dos tajadas y lo caracteriza su versatilidad.
  3. Queso Cottage Finesse: Alpina incorpora una nueva categoría a su portafolio, una opción versátil y excelente fuente de proteína, que ofrece 14 gramos por porción, elaborado con ingredientes naturales y sin sellos de advertencia.
  4. Queso Parmesano Alpina: Una porción de 18 gramos aporta aproximadamente 6 gramos de proteína. Su sabor intenso permite realzar diferentes preparaciones y es el elegido por los chefs en Colombia.
  5. Queso Finesse: Con fórmula mejorada, ahora sin sello de sodio y con menos de 100 calorías por porción.
Foto: Cortesía

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