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Hace una década, un gerente podía tomar decisiones razonables sin mirar una base de datos y un abogado podía ejercer con solvencia sin haber oído hablar de un modelo de inteligencia artificial. Hoy no. La analítica, la automatización y la IA son componentes habituales de casi cualquier decisión organizacional, y el profesional que no comprende ese lenguaje pierde margen frente al que sí lo hace. El problema, para el país, no es si esto está ocurriendo. El problema es el ritmo al que está ocurriendo y la capacidad del sistema educativo para responderle con la misma velocidad.
El Future of Jobs Report 2025 del Foro Económico Mundial, construido con información de más de mil empleadores que representan catorce millones de trabajadores, ofrece un diagnóstico difícil de esquivar: el 39% de las competencias clave cambiarán de aquí a 2030, el 63 % de los empleadores identifica la brecha de competencias como la principal barrera para transformar sus negocios y el 85 % planea invertir en procesos de capacitación o reconversión de su fuerza de trabajo. Inteligencia artificial, analítica de datos, ciberseguridad y alfabetización tecnológica encabezan la lista de habilidades más demandadas, en un grupo donde también aparecen el pensamiento crítico, el liderazgo y la gestión de talento. La fotografía es consistente con lo que muestran otras fuentes. El Informe Nacional de Competitividad insiste en que el crecimiento colombiano depende, entre otros factores, de cerrar las brechas en formación STEM y en adopción tecnológica, mientras el CONPES 4144 de 2025 sitúa a la inteligencia artificial como eje de política pública y advierte sobre la necesidad de talento humano especializado.
Ese diagnóstico tiene dos consecuencias directas para quienes formamos profesionales. La primera es que lo digital dejó de ser un capítulo separado del currículo y se convirtió en una condición transversal. Un contador no puede ignorar cómo la automatización está redefiniendo el registro y la auditoría; un administrador no puede desconocer los modelos que alimentan sus pronósticos de venta; un publicista no puede operar sin leer el comportamiento de audiencias en plataformas que funcionan con algoritmos. Formar para estas realidades exige algo más que incorporar un par de asignaturas tecnológicas al plan de estudios: exige revisar a fondo los objetivos de aprendizaje, las metodologías y la forma en que se evalúan los resultados.
La segunda consecuencia es que la formación posgradual y continua pasó a ocupar un lugar estratégico, y los datos lo sostienen. Las cifras del SNIES correspondientes al cierre estadístico de 2024 muestran que la matrícula en posgrados creció 6,06 % y la de doctorados más del 8 %, un comportamiento que no se explica solo por la inercia del sistema. El Observatorio Laboral para la Educación del Ministerio de Educación Nacional confirma un diferencial consistente: los profesionales con estudios de posgrado presentan tasas de vinculación laboral hasta 12 puntos superiores a las de quienes solo cuentan con pregrado y perciben ingresos entre un 20 % y un 40 % mayores. Son magnitudes que reflejan algo de fondo: cuando el posgrado es pertinente, resuelve problemas concretos de productividad y de criterio para quienes contratan. A esto se suma la consolidación de la modalidad virtual como un canal legítimo de formación, que según cifras del Ministerio superó los 350.000 estudiantes en 2024, y la expansión de microcertificaciones que permiten acreditar competencias puntuales y sumarlas en trayectorias de largo aliento.
En la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano este diagnóstico ha orientado una renovación profunda del portafolio de posgrados, en el que lo digital opera como hilo conductor. El MBA acompaña a quienes asumen responsabilidades directivas y requieren herramientas sólidas para tomar decisiones con datos, liderar equipos y conducir procesos de transformación en entornos de alta exigencia. La Maestría en Analítica de Negocios forma profesionales capaces de convertir grandes volúmenes de información en criterio gerencial, con un currículo que articula técnicas cuantitativas, aprendizaje automático y gobierno del dato. La Especialización en Finanzas Computacionales integra programación, modelamiento y analítica aplicada al sector financiero, respondiendo a la acelerada digitalización del mercado de capitales, la gestión del riesgo y los servicios financieros. Y la Especialización en Estrategia de Marketing Digital aborda los ecosistemas que hoy definen la relación entre marcas y consumidores, con énfasis en analítica de audiencias, experiencia del cliente y economía de plataformas.
Estos programas no operan al margen del resto de la oferta. Comparte el ADN formativo que atraviesa los pregrados en Administración de Empresas, Economía, Contaduría Pública, Mercadeo, Publicidad y Comercio Internacional y Finanzas, y se apoya en el Laboratorio de Economía y Finanzas Computacionales y en el InHouseLab, espacios de cocreación donde estudiantes, egresados, profesores y sector productivo resuelven problemas reales con herramientas de vanguardia. Esa articulación entre pregrado y posgrado, entre aula y sector productivo, entre rigor disciplinar y competencias digitales, es la que permite ofrecer rutas coherentes para una vida profesional que ya no se agota en un diploma.
Formar talento para los retos del futuro implica aceptar que la frontera entre disciplinas y tecnologías se ha desplazado y que la universidad tiene que moverse con ella. No se trata de correr detrás de cada nueva herramienta, sino de comprender qué habilidades perduran, cuáles emergen y cómo se combinan con criterios éticos, estratégicos y humanos. El talento del siglo XXI habla, cada vez más, el lenguaje de los datos; pero sigue necesitando personas capaces de interpretarlos, cuestionarlos y ponerlos al servicio de decisiones que importan.
* Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano