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Universidad de La Salle le cuenta

La mejor consultora para las empresas colombianas es la universidad

La educación superior ha sido cuestionada por una brecha entre lo que ocurre en las aulas y los problemas reales de las empresas y las comunidades. Sin embargo, las tendencias más recientes en innovación educativa muestran que esa distancia puede reducirse mediante metodologías como el Aprendizaje Basado en Retos y los “capstones” empresariales.

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Cristian Yepes Lugo, decano de la Facultad de Economía, Empresa y Desarrollo Sostenible.
07 de junio de 2026 - 02:00 p. m.
Las metodologías aplicadas por la U. de La Salle benefician al tejido empresarial nacional.
Las metodologías aplicadas por la U. de La Salle benefician al tejido empresarial nacional.
Foto: Cortesía Universidad de La Salle
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La literatura internacional coincide en que estas estrategias permiten que los estudiantes trabajen sobre desafíos auténticos planteados por organizaciones, territorios y sectores productivos. El resultado no es únicamente un mejor aprendizaje, sino también la generación de soluciones con potencial de impacto económico, social y ambiental.

Los proyectos académicos más exitosos bajo estos enfoques comparten una característica fundamental: dejan de ser ejercicios aislados para convertirse en procesos de innovación aplicada. En lugar de resolver casos hipotéticos, los estudiantes desarrollan propuestas para mejorar procesos productivos, diseñar modelos de negocio sostenibles, implementar tecnologías digitales, optimizar cadenas de suministro, reducir impactos ambientales o fortalecer programas de inclusión social.

En el ámbito empresarial, los “capstones” han demostrado especial capacidad para producir soluciones concretas. Equipos interdisciplinarios de estudiantes trabajan durante varios meses acompañados por profesores y directivos empresariales para abordar retos estratégicos. De estos procesos surgen prototipos, planes de transformación digital, modelos de economía circular, estrategias de internacionalización, sistemas de analítica de datos y proyectos de eficiencia energética que, en muchos casos, terminan siendo implementados por las organizaciones participantes.

Desde la perspectiva del Aprendizaje Basado en Retos, la innovación adquiere una dimensión aún más amplia, pues los problemas se abordan considerando simultáneamente variables económicas, sociales y ambientales. Así, los estudiantes no solo buscan aumentar la productividad de una empresa, sino también generar valor compartido para la sociedad. Esto ha dado origen a proyectos orientados a la gestión sostenible del agua, la agricultura inteligente, la movilidad urbana, la inclusión financiera, la salud preventiva y la reducción de residuos.

Para Colombia, estas metodologías representan una oportunidad estratégica. El país enfrenta desafíos complejos relacionados con la transición energética, la competitividad empresarial, la transformación digital, la reducción de desigualdades y el desarrollo territorial. Ninguno de estos retos puede resolverse exclusivamente desde la academia ni desde el sector productivo. Requieren espacios de colaboración donde el conocimiento se traduzca en soluciones aplicables.

Por ello, los proyectos académicos con mayor potencial de impacto son aquellos que integran tres dimensiones simultáneamente. Primero, innovación, mediante el desarrollo de nuevos productos, servicios o procesos. Segundo, sostenibilidad, garantizando la viabilidad ambiental y económica de las propuestas. Y tercero, desarrollo social, asegurando beneficios para las comunidades y los grupos de interés involucrados.

La universidad del siglo XXI no debe limitarse a transmitir conocimientos. Su papel es convertirse en un laboratorio de soluciones para los grandes desafíos del país. Cuando los estudiantes trabajan junto a empresas, gobiernos y organizaciones sociales para resolver problemas reales, la formación profesional adquiere un nuevo sentido: aprender deja de ser un fin en sí mismo y se convierte en una herramienta para transformar la realidad.

En una economía basada cada vez más en el conocimiento, los proyectos académicos que generan innovación, sostenibilidad y desarrollo social no son una actividad complementaria. Son, probablemente, una de las inversiones más inteligentes que puede hacer una sociedad para construir su futuro.

En la Universidad de La Salle, por ejemplo, la Facultad de Economía, Empresa y Desarrollo Sostenible ha consolidado iniciativas como el Consultorio de Internacionalización y el Proyecto Aula Empresa, espacios donde los estudiantes aplican sus conocimientos al servicio de micro, pequeñas y medianas empresas colombianas, así como de organizaciones sociales y productivas vinculadas a las cámaras de comercio y a diferentes ecosistemas empresariales.

Estas experiencias parten de una premisa sencilla pero poderosa: aprender haciendo. A través de procesos estructurados, los estudiantes identifican necesidades, analizan el contexto interno y externo de las empresas, definen objetivos estratégicos, focalizan alternativas de intervención y acompañan la puesta en marcha de soluciones viables.

El valor de estos ejercicios trasciende el ámbito académico. Para las empresas participantes, especialmente las MiPymes que enfrentan limitaciones de recursos y capacidades técnicas, estos proyectos representan una oportunidad para acceder a nuevas perspectivas, diagnósticos especializados y propuestas innovadoras. Para los estudiantes, constituyen una experiencia de aprendizaje significativa que les permite desarrollar competencias profesionales, habilidades de comunicación, pensamiento crítico y capacidad para gestionar la incertidumbre.

Uno de los aspectos más valiosos de estas iniciativas ocurre al final del proceso, ya que la presentación de los proyectos no es simplemente una evaluación académica. Más bien, se convierte en un escenario de diálogo entre estudiantes, docentes y empresarios. Las propuestas son discutidas, cuestionadas, enriquecidas y validadas por quienes conocen de primera mano las dinámicas del mercado y las realidades organizacionales.

Esta visión resulta especialmente relevante para Colombia, donde más del 99 % del tejido empresarial está conformado por micro, pequeñas y medianas empresas. Su fortalecimiento constituye una condición indispensable para aumentar la productividad, generar empleo de calidad y promover el desarrollo territorial.

Por ello, las universidades no pueden limitarse a transmitir conocimiento. También deben crear espacios donde ese conocimiento se convierta en acción, porque cuando el conocimiento sale del aula, la educación cumple una de sus funciones más importantes: convertirse en una fuerza efectiva de cambio para la sociedad.

Por Cristian Yepes Lugo, decano de la Facultad de Economía, Empresa y Desarrollo Sostenible.

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