La nefasta experiencia del terremoto reciente en Colombia remarcó la realidad histórica de muchas poblaciones con deficiente infraestructura de servicios básicos, viviendas precarias, pobreza extrema, baja cobertura en educación y salud; además, la concentración de las instituciones educativas en las zonas urbanas y las grandes diferencias de cobertura en preescolar y primaria dentro de las ciudades.
En este panorama, la educación media, como conectora con la educación superior y, por ende, con el desarrollo individual y la movilidad social de los jóvenes, resulta sustancial para acortar las profundas brechas territoriales existentes, muy especialmente entre zonas urbanas y rurales. En nuestro país, solo 55 de cada 100 estudiantes que ingresan al sistema educativo en Colombia alcanzan el grado undécimo, es decir, que 45 de ellos no tienen la posibilidad de ingresar a la educación superior y a las oportunidades que esta les abre.
Ejemplo de ello son departamentos como el Chocó —donde estuvo el epicentro del terremoto del pasado 10 de agosto y presenta una gran destrucción de centros educativos—, Vichada, Vaupés y las ciudades de Turbo y Uribia, que son las cinco Entidades Territoriales Certificadas (ETC) con más baja proporción de estudiantes que alcanzan el grado 11. La diferencia con las ETC con la proporción más alta (Sogamoso, Duitama, Envigado, Chía y Sabaneta), es de entre 20 y 40 veces.
Estas conclusiones del informe “Las implicaciones de la inacción en la educación media en Colombia”, publicado por el Laboratorio de Economía de la Educación de la Universidad de los Andes, se derivan del análisis de las dimensiones de cobertura y calidad educativa, específicamente en cuanto a la permanencia escolar y a los logros en las Pruebas Saber 11.
A 2023, la tasa de cobertura neta en educación media era del 51 % (535.640 estudiantes), es decir, que solo uno de cada dos estudiantes entre 15 y 16 años cursaba 10 u 11. Con el seguimiento realizado a la disminución de la matrícula desde 2013, año que en esta cohorte inició el ° (con 971.853 matriculados), se infiere que cerca de la mitad de los jóvenes colombianos no completa la educación formal.
En cuanto a la calidad educativa, el informe describe que uno de cada cuatro estudiantes de 11 logra un nivel adecuado de apropiación de las competencias básicas al término de la educación media. De los graduandos en 2023, el 45 % logró niveles aceptables de lectura crítica y matemáticas en las Pruebas Saber II.
“Este panorama es preocupante tanto a nivel individual como colectivo. Estas condiciones educativas disminuyen las posibilidades de un desarrollo personal satisfactorio, la movilidad social de los jóvenes, la continuación exitosa hacia la educación posmedia, y la participación activa en el mercado laboral y el ejercicio de la ciudadanía”, dice el análisis.
El bajo desempeño y la deserción escolar impactan negativamente en el acceso de nuestros jóvenes a las oportunidades, no solamente económicas, sino de mejoramiento de las condiciones de vida en general, cuya influencia en el desarrollo de los países también es notable. Sin duda, el nuevo Gobierno de Colombia tiene el gran reto de garantizar la cobertura, la permanencia, la pertinencia y la calidad de la educación media para promover la transformación social que requiere el país.
*Rector de la Unisimón