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Banco Santander Colombia le cuenta

Martha Woodcock y la apuesta por una banca más inclusiva

La presidenta de Banco Santander Colombia habla de transformación digital, colaboración con fintech y del potencial económico de integrar a más mujeres al sistema financiero.

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08 de marzo de 2026 - 02:00 p. m.
Martha Woodcock y la apuesta por una banca más inclusiva
Foto: Martha Woodcock, presidenta de Banco Santander Colombia. / Cortesía
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En medio de un sistema financiero que vive una transformación acelerada por la tecnología, las fintech y nuevas exigencias de los usuarios, Martha Woodcock, presidenta de Banco Santander Colombia, defiende una idea central: el capital puede ser rentable y, al mismo tiempo, generar cambios reales en la sociedad. En esta conversación habla de “finanzas con impacto”, del reto de incluir a quienes nunca han tenido una cuenta bancaria y de por qué la colaboración entre bancos y fintech será clave para ampliar el acceso al crédito y a las oportunidades económicas en el país.

¿A qué se refieren ustedes cuando se habla de “finanzas con impacto”?

Cuando hablamos de finanzas con impacto nos referimos a usar el capital para generar retornos económicos mientras se producen cambios sociales y ambientales medibles y positivos.

No se trata de acciones aisladas de responsabilidad social; el impacto verdadero exige intencionalidad, métricas claras y resultados comprobables.

En la práctica, significa asignar capital hacia proyectos que transforman vidas, que tienen impacto en mejorar el país. Por ejemplo, infraestructura que conecta territorios y genera empleo formal, financiación a pymes que dinamizan la economía, o inclusión financiera que abre oportunidades y bancariza a millones de personas.

¿Qué está cambiando el sistema financiero en Colombia?

Estamos viviendo una convergencia de fuerzas transformadoras. La digitalización ha redefinido la infraestructura del sistema financiero; los bancos estamos invirtiendo como nunca en tecnología y modernización de nuestros modelos operativos; y las fintech han retado el statu quo, acelerando nuevas experiencias y elevando las expectativas del usuario. Los pagos inmediatos reducen fricciones, la analítica de datos mejora la evaluación de riesgo y la toma de decisiones es cada vez más sofisticada.

Pero, si tuviera que señalar la fuerza más determinante, diría que es el cambio en el comportamiento del consumidor. Hoy el colombiano no compara bancos con bancos; compara su experiencia financiera con la mejor experiencia digital que tiene en cualquier industria. Exige inmediatez, seguridad, transparencia, personalización y coherencia ética.

Y ahí está el verdadero punto de inflexión. Los bancos tenemos la responsabilidad de innovar sin comprometer la solidez del sistema: cumplir estándares prudenciales, gestionar adecuadamente el riesgo, proteger los datos y garantizar estabilidad financiera. La transformación que pesa más no es solo tecnológica; es la capacidad de combinar innovación con confianza. Y esa combinación es la que está redefiniendo el sistema financiero colombiano de manera profunda y sostenible.

¿Qué tiene que pasar en la experiencia del usuario para que alguien que nunca tuvo banco se quede y lo use?

Para que alguien que nunca ha tenido banco se quede y lo use, la experiencia debe ser radicalmente simple, inmediata y útil desde el primer día. Pero, sobre todo, debe generar confianza: que la persona entienda qué está pasando, que no haya sorpresas, y que el banco le resuelva un problema real —pagar, ahorrar, recibir ingresos o acceder a crédito sin fricción. Si la experiencia es clara, justa y confiable, la relación nace y se queda.

La permanencia se construye sobre tres pilares. Primero, acceso sin fricción: vinculación simple, requisitos proporcionales y procesos rápidos. Segundo, confianza tangible: cero costos ocultos, comunicación clara y acompañamiento cuando surge un problema. Tercero, valor continuo: productos que evolucionen con la persona (ahorro, crédito, seguros) y que respondan a su ciclo de vida.

Y para finalizar, hay un elemento clave: la educación financiera. Cuando el cliente entiende lo que está haciendo y por qué, toma mejores decisiones, evita sustos y permanece; la claridad empodera y fideliza.

¿Cuál ha sido el papel de las fintech en la transformación de los Bancos y cuál ha sido la colaboración inevitable?

Las fintech han repensado la experiencia móvil acelerando la transformación digital.

Han demostrado que segmentos desatendidos pueden ser atendidos con modelos más livianos y especializados.

La colaboración es inevitable en varios frentes: “scoring” alternativo para poblaciones sin historial tradicional, financiamiento embebido en plataformas digitales, pagos interoperables y soluciones para economía informal.

La banca aporta escala, fondeo estable, gestión prudente del riesgo y confianza sistémica. Las fintech aportan enfoque en nichos y cultura tecnológica. La inclusión masiva en Colombia no se logrará desde la competencia pura, sino desde ecosistemas colaborativos.

Si pudiera quitar una piedra del camino para que más mujeres accedan a créditos o inversión, ¿cuál quitaría?

Sería la ausencia de historial transaccional. En Colombia, muchas mujeres —especialmente emprendedoras— gestionan sus finanzas con enorme disciplina, pero lo hacen por fuera del sistema formal, en efectivo o en esquemas informales. Eso les impide demostrar algo que ya hacen bien: su capacidad de pago.

El sistema financiero evalúa el riesgo con base en datos. Cuando no hay trazabilidad de ingresos, movimientos o ahorro, los modelos tradicionales tienen menos información para tomar decisiones. Y ahí surge la barrera. No es falta de talento empresarial ni de responsabilidad financiera; es falta de visibilidad en el sistema.

La experiencia demuestra que las mujeres suelen tener comportamientos crediticios muy consistentes y prudentes. El reto no es cambiar su conducta financiera, sino lograr que esa disciplina se traduzca en información verificable. Cuando las acompañamos a construir historial —desde una cuenta de ahorros, pagos digitales, ahorro programado o registros formales de ventas— el crédito deja de ser un obstáculo y se convierte en una palanca de crecimiento.

Cerrar esa brecha no es solo una apuesta por equidad; es una decisión financieramente inteligente para el país.

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