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El crecimiento de un bebé no empieza después del parto. Comienza antes, en el útero, y está influido por muchos factores: genética, salud materna, acceso a controles prenatales y, de manera relevante, la alimentación. Esta idea se conecta con un concepto ampliamente discutido en salud pública desde los trabajos de David Barker: algunas enfermedades del adulto pueden tener “raíces” tempranas, incluso durante la vida fetal (1-3). Por eso, el embarazo no es solo una etapa de “comer por dos”, sino una etapa de nutrir mejor.
¿Por qué el peso al nacer importa?
Entre los indicadores que se usan para evaluar un embarazo adecuado está el peso al nacer, que suele llamar la atención porque resume, en parte, cómo fue el ambiente intrauterino. Cuando el bebé nace con bajo peso, puede reflejar que el crecimiento fetal no fue el ideal o que la madre no tenía un adecuado estado nutricional al momento de comenzar el embarazo. En estudios epidemiológicos, el bajo peso al nacer se ha asociado con un mayor riesgo cardiometabólico en etapas posteriores, como hipertensión, resistencia a la insulina y enfermedad cardiovascular (1-3).
Pero conviene aclararlo con una frase simple: no es una sentencia, es una señal. Y las señales sirven para actuar con inteligencia, no con miedo.
Además, el objetivo no es “más peso” a cualquier costo. Lo que se busca es un crecimiento adecuado: ni insuficiente ni excesivo, acorde con la edad gestacional y el contexto clínico; por ejemplo, si hay diabetes gestacional o exceso de peso materno.
Embarazo: un período de alta demanda nutricional
Durante la gestación el cuerpo materno cambia rápido: aumenta el volumen sanguíneo, crecen placenta y tejidos maternos, y el feto acelera su crecimiento. Para sostener este proceso, lo decisivo no es comer más calorías sin criterio, sino cubrir nutrientes específicos con alimentos de buena calidad.
Nutrientes claves para el crecimiento fetal: proteína y calcio
Dos nutrientes ayudan a entender por qué algunos alimentos se vuelven especialmente útiles durante el embarazo:
Proteína: necesaria para formar tejidos fetales y para adaptaciones maternas, como el crecimiento placentario y el aumento de proteínas circulantes. La proteína es fundamental durante el embarazo porque ayuda al desarrollo del bebé y, al mismo tiempo, apoya los cambios que vive el cuerpo de la mamá.
Calcio: fundamental para la mineralización ósea fetal. La demanda aumenta sobre todo hacia el final del embarazo. El organismo materno se adapta para absorber y retener más calcio, pero si la ingesta es baja puede aumentar la movilización desde el hueso materno. Esto merece especial atención en madres adolescentes, cuyo esqueleto aún está consolidándose.
¿Qué aportan los lácteos y que dice la evidencia?
La leche y los productos lácteos, como yogur y queso, suelen ser una opción óptima por una razón muy concreta: combinan proteína con calcio de alta biodisponibilidad (es decir, fácil de absorber), además de otros nutrientes relevantes como fósforo, potasio, yodo, vitamina B12 y riboflavina.
¿Y qué dice la investigación?
• Una revisión sistemática publicada en “Advances in Nutrition” concluye que, aunque la variedad de estudios limita las conclusiones definitivas, existe una tendencia a que una mayor ingesta de leche se asocie con mayor peso y longitud al nacer (5).
• Un metaanálisis que reunió 14 estudios con 111.184 mujeres embarazadas encontró que un mayor consumo de leche y derivados se asoció con un aumento promedio de 51 g en el peso al nacer y 0,33 cm en la longitud neonatal. También observó menor riesgo de bajo peso al nacer (4).
Mensaje práctico: en un período de alta demanda, dentro de una alimentación equilibrada, los lácteos ayudan a facilitar el cubrimiento de las necesidades de proteína y calcio.
Cómo incorporar lácteos de forma segura y realista
Más que “recetas perfectas”, lo que funciona son hábitos repetibles. Algunas recomendaciones sencillas:
1. Apunte a 2-3 pociones al día, según necesidades y tolerancia. Si hoy consume poco, comience con una porción diaria y aumente gradualmente.
2. Fije un momento del día. Un vaso de leche (aproximadamente 250 ml) sola o en alguna preparación, una porción de queso o un yogur, en desayuno o en la cena, ayuda a sostener el hábito.
3. Prefiera opciones acordes a sus gustos y necesidades. Leche, queso y yogur son versátiles; cuando sea posible, priorice versiones naturales o con bajo contenido de azúcares añadidos.
4. Elija lácteos pasteurizados y evite productos elaborados con leche cruda/no pasteurizada o de dudosa calidad.
5. Si hay intolerancia a la lactosa, una alternativa útil es la leche deslactosada, quesos bajos en lactosa o yogur, que suele tolerarse mejor.
En salud materno-infantil el impacto real suele venir de lo constante, no de lo perfecto. Integrar lácteos dentro de una alimentación equilibrada puede ser una decisión simple, cotidiana y respaldada por evidencia científica para apoyar el aporte de proteína y calcio durante el embarazo.
Productos Alpina, junto con una alimentación balanceada y ejercicio, acompañan y ayudan a la nutrición en el embarazo:
• Leche entera Alpina: deliciosa, nutritiva y de alta calidad. Es 100 % leche Alpina, libre de antibióticos y conservantes. Contiene la grasa natural de la leche, importante para una alimentación balanceada.
• Leche deslactosada (según intolerancia a la lactosa): la leche deslactosada Alpina es deliciosa, nutritiva y de alta calidad. Es 100 % leche Alpina, libre de antibióticos y conservantes, y es semidescremada, pasando por un proceso especial para transformar la lactosa.
• Queso campesino 250 g: el queso campesino Alpina es fresco, semiduro, graso, buena fuente de proteína y calcio e ideal para incluirlo dentro de una alimentación balanceada.
• Yogur griego 150 g (sabor natural o sabor vainilla): yogur entero, rico en calcio y proteína, contiene 12 g de proteína por porción, no tiene azúcar añadida y está hecho con ingredientes naturales. Bueno por naturaleza.
• Yogur Finesse: es delicioso y cremoso. Contiene millones de probióticos, sin grasa y es una buena fuente de proteína y calcio.
Referencias
(1) Barker DJ. J Am Coll Nutr. 2004;23:588S–595S.
(2) Barker DJ. Horm Res. 2005;64(Suppl 3):2–7.
(3) Barker DJP, et al. Ann Hum Biol. 2009;36:445–458.
(4) Achón M, et al. Adv Nutr. 2019;10(suppl_2):S74–S87.
(5) Pérez-Roncero GR, et al. Eur J Obstet Gynecol Reprod Biol. 2020;251:235–24.