Pensar el desarrollo de un territorio con una perspectiva de 25 años es el objetivo de Santander 2050, una estrategia que busca orientar las decisiones públicas y privadas del departamento a partir de una visión compartida de futuro. El proceso, definido como el inicio de “una conversación de 25 años” y una “carrera de relevos”, se concreta en una hoja de ruta construida durante seis meses de trabajo con la participación de cerca de 1.300 personas, más de 100 entrevistas a líderes y la revisión de más de 200 documentos.
Durante la presentación de la iniciativa, la directora ejecutiva de Fedesarrollo, Marcela Meléndez, destacó la importancia de este tipo de ejercicios de planificación, al señalar que “este tipo de perspectivas a largo plazo son las que nos permiten tener una visión real de país”.
La propuesta de Santander 2050 busca movilizar acciones transformadoras mediante un diseño de política pública sustentado en bloques conceptuales que permitan comprender los principales desafíos del territorio. El enfoque parte de identificar los grandes problemas que enfrenta el departamento, entendiendo que ninguno puede resolverse de manera aislada y que el trabajo conjunto entre distintos actores será determinante para encontrar soluciones. Bajo esa premisa, la estrategia sostiene que atender esos desafíos implica descubrir valor público y privado, identificar oportunidades y convertirlas en proyectos viables que den vida a la visión de desarrollo.
El proceso de socialización ya ha recorrido las siete provincias del departamento con el propósito de fortalecer la construcción colectiva de la hoja de ruta.
Cinco transiciones para impulsar el desarrollo El documento, presentado en la capital del país y ya disponible en la página web Santander 2050, identifica cinco grandes transiciones que marcarán el futuro del departamento: la energética, la tecnológica, la demográfica y social, la productiva, la climática y ecológica, junto con el fortalecimiento de la gobernanza y la institucionalidad.
En materia tecnológica, la estrategia reconoce el crecimiento de los mercados laborales asociados al desarrollo tecnológico y la necesidad de fortalecer las capacidades del talento humano. En materia demográfica, advierte que Colombia enfrentará una población más envejecida y con mayores niveles de pobreza, mientras que la transición productiva propone transformar la infraestructura productiva y avanzar hacia cadenas de valor más sostenibles.
La dimensión climática parte de la fragilidad ambiental del territorio y plantea que la protección del agua no solo representa una obligación ambiental, sino también una ventaja competitiva para el desarrollo económico. A ello se suma la necesidad de fortalecer la capacidad institucional para construir acuerdos, en un contexto donde la gobernanza enfrenta crecientes desafíos de respeto por las instituciones.
El reto de construir confianza institucional
Durante el panel de presentación que tuvo lugar en la capital del país quedó claro que el éxito de las demás iniciativas dependerá de la capacidad de coordinar esfuerzos entre el sector público, el privado, la academia y la sociedad civil alrededor de una visión compartida.
“Todos los proyectos, todas las misiones pueden ser muy atractivas e interesantes, pero si realmente no hay una coordinación de los diferentes sectores de la sociedad, no va a pasar nada y no va a ser una iniciativa sostenible y efectiva en el tiempo. Aquí tenemos un gran reto que pasa por la existencia de una bancada parlamentaria unida, por una sociedad civil comprometida y por una apropiación de un derrotero común para los próximos 25 años. Creo que el mayor desafío de la estrategia se concentra en la misión número nueve, que busca convertir al departamento en un referente de confianza, articulación institucional y transparencia en el manejo de los recursos públicos y privados”, le contó a El Espectador Juan Pablo Remolina, director ejecutivo de Prosantander.
El dirigente explicó que la iniciativa fue impulsada por el empresariado y otros actores regionales con el propósito de actualizar la estrategia de desarrollo del departamento antes de la llegada del próximo Gobierno nacional. Indicó que el documento fue elaborado con el apoyo de Fedesarrollo a partir de análisis cuantitativos y cualitativos, recorridos por el territorio y más de diez talleres desarrollados en las provincias para construir una visión compartida de largo plazo.
Remolina también subrayó la necesidad de consolidar procesos que trasciendan los periodos de gobierno y los liderazgos individuales. En ese sentido, señaló que el propósito es que cada misión y cada mesa de competitividad cuenten con líderes provenientes del sector privado y la academia, capaces de dar continuidad a la estrategia durante las próximas décadas.
“Lo importante es construir institucionalidad. Si bien son importantes los liderazgos individuales, hay que apostarle a procesos sostenibles. Por eso queremos que cada una de las misiones y de las mesas de competitividad tenga líderes del sector privado y del sector académico que trasciendan los mandatos electos. Eso va a ser fundamental para detonar un proceso con verdadera vocación de largo plazo”, afirmó el directivo.
Un departamento estratégico para Colombia
La estrategia parte del reconocimiento de que Santander ocupa una posición estratégica por su ubicación geográfica, económica y social. El departamento es actualmente la cuarta economía del país y el quinto con menor nivel de inequidad, además de destacarse por sus resultados en educación básica y media, reflejados en el desempeño promedio de las pruebas Saber 11.
El diagnóstico también señala que, tras el choque petrolero de 2014, otros sectores, especialmente el agro, comenzaron a ganar protagonismo en la economía regional. Sin embargo, advierte que el crecimiento anualizado del PIB durante la última década ha perdido dinamismo, situación que limita la capacidad de desarrollo del departamento.
En ese contexto, Santander 2050 plantea que el departamento puede convertirse en una plataforma estratégica para apoyar la reconstrucción de Venezuela y fortalecer su inserción en las cadenas globales de valor. La visión también sostiene que “el éxito de Colombia pasa por Santander”, por lo que invita al país a participar en la construcción de este proyecto de largo plazo.
La hoja de ruta fija objetivos ambiciosos para las próximas décadas: duplicar el PIB per cápita, sacar de la pobreza a 250.000 personas y alcanzar niveles de calidad de vida y bienestar propios de un país de ingresos altos. Para lograrlo, Santander 2050 propone un relacionamiento inteligente con el territorio y la construcción de un departamento basado en la confianza, la cooperación y la articulación entre los diferentes sectores de la sociedad.