La radio en clave infantil

En Boyacá, la emisora Radio Semillas produce ‘El lazo de la diversión’, con el que participarán en el encuentro ‘Alharaca’, del Mincultura.

El estudio de Radio Semillas con el grupo de ‘El lazo de la diversión’. / Cortesía
El estudio de Radio Semillas con el grupo de ‘El lazo de la diversión’. / Cortesía

Un tropel de niños entra corriendo al estudio, que tiene tres puestos de grabación, ningún vidrio y una vista amplia hacia las montañas que rodean Tibasosa, en Boyacá. Se apoyan sobre la mesa en donde grabarán su programa, El lazo de la diversión, que se emite todos los sábados al mediodía. Están en el segundo piso del Mirador Sonoro, una casa amplia, a medio fabricar, que sirve de hogar a la emisora desde hace más de tres años. Algunos toman notas, otros caminan de lado a lado, otro más gritan y Marilce Benítez, quien los coordina y es parte de Radio Semillas, intenta ponerlos en silencio y convencerlos de que ya es hora de grabar. Cuando ya comienzan a calmarse, de pronto uno de los niños, que está de espaldas a la ventana, se voltea y señala a lo lejos.

—¡Huy, miren eso allá! —grita, y los niños que apenas se concentraban en sus libretos lo rodean y acompañan su júbilo.

Benítez, sentada frente a su computador, les pregunta, sin importar el ruido de sus voces agudas, quién coordinará el programa, “¡niños!”. Todos vuelven a sus puestos y ella reparte algunos libretos más. Pide silencio. De golpe, ensayan sus papeles en voz baja. Benítez, cuando logra algo de la armonía en el salón, prueba sonido con la voz de una niña. Todo listo. Cada uno en su puesto. Ríen quedo, se esconden, dejan los lápices sobre la mesa, los recogen.

—Vamos a comenzar —dice Benítez—. Grabando. Tres, dos, uno, ¡al aire!

Y uno de los niños encargados de abrir el programa toma respiración, se acerca al micrófono, hasta casi tocarlo, y habla:

—Buenos días a los oyentes de nuestra emisora Radio Semillas...

Este proyecto, organizado por la emisora desde hace seis meses, es fruto del azar. Los integrantes de Radio Semillas, entre ellos Benítez y el director, Guillermo Patiño, realizaban un estudio de audiencia en las veredas y pueblos que rodean Tibasosa. Entonces vieron que los niños, en cada una de las casas a las que llegaban, tenían curiosidad por los micrófonos y audífonos que tenían a la mano.

Por eso pensaron que podrían hacer algo y tiempo después volvieron a las casas, a preguntar qué hacían en familia. Los niños respondieron que creaban coplas, cantaban, contaban historias. Y así nacieron las secciones del programa: “Cantando, ando”, “Palabras al viento” y “Écheme una copla”.

Con este proyecto, Radio Semillas (que ya lleva 19 años al aire) se presentará en ‘Alharaca. Los niños tienen la palabra’, un evento organizado por el Ministerio de Cultura entre el 29 y el 31 de mayo, que reunirá a medios y periodistas que realicen contenidos infantiles, para dialogar con los niños sobre ellos.

Antes de grabar, los niños preparan todos los contenidos en grupo con la guía de Benítez. En estas secciones, además, los menores salen a la calle y, a partir de un tema específico, entrevistan a los habitantes del pueblo.

—¿Por qué están aquí? —les pregunta Benítez.

—Me parece bonito —dice uno de los niños— que los radioescuchas oigan mi voz.

—A mí me gusta el periodismo y quiero estudiar comunicación —dice una niña.

—Estoy acá porque es aburrido estar en la casa —dice el último.

Para “Palabras al viento”, cuyo objetivo es promover la lectura, los niños inventan cuentos y no toman los de otros autores porque, dicen, ellos también hicieron un esfuerzo.

—¿Cuántas veces tenemos que leer el cuento? —pregunta Benítez. —Tres veces —dice una niña, firme—. La primera para saber qué es, la segunda para entenderlo y la tercera para grabarlo.

Cada jueves salen en grupos a grabar la reportería que Benítez se encargará de editar. El siguiente martes, a las 3 de la tarde, después de ir al colegio, combinan sus voces en cuatro micrófonos. Como en esta tarde de martes en que se ríen y corren y hacen ruido con lápices sobre la mesa. Escriben, borran, dicen “venga, déjeme ver que no entendí” y se quitan los cuadernos y ensayan y gritan y, cuando Benítez les dice que ya deben grabar, ellos responden “Ay, nooooo”.

Esta emisora, financiada por la ONG Semillas, fue reconocido en 2011 con el Programa de Estímulo del Mincultura y en 2012 obtuvo el premio a mejor radio comunitaria de Semana-Petrobras. Por eso, y porque ya superaron incluso el robo de sus equipos en 2001, Benítez parece entusiasmada. Es calmada, se exalta poco. En cambio, sonríe y pide a los niños que graben una y otra vez, hasta que, veinte o treinta minutos después, terminan el programa.

—Nos despedimos de todos los oyentes —dice uno de los niños.

—Buenas tardes, sumercé —canta otro.

—Adiós, oyentes. —cierra el último—. Los espero de hoy en ocho días.

Y con la mano hace una seña plana. Se acabó.

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Este texto fue realizado gracias a una invitación del Ministerio de Cultura.