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El rol de las cajas de compensación en la garantía de los derechos

Adriana Guillén, presidenta de Asocajas, cuenta cómo la labor de estas organizaciones ha sido revolucionaria y contribuye a la dignidad y libertad de los trabajadores. “Todas las mujeres tenemos de alguna manera que ser feministas”, dice en esta entrevista.

María Alejandra Medina

24 de febrero de 2026 - 09:14 a. m.
Adriana Guillén ha sido directora de la Agencia de Defensa Jurídica del Estado y magistrada auxiliar de la Corte Constitucional.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada

Tras más de medio siglo de existencia, ¿cuál se podría decir que es el legado de las cajas de compensación en el país?

Las asignaciones familiares tienen como derrotero generar bienestar en las familias de los trabajadores. Desde sus inicios se pensó que el salario del trabajador no era suficiente para llevar ciertas condiciones o posibilidades a las familias. Hago hincapié en el bienestar porque es una serie de mínimos a los cuales todas las familias quieren acceder: la posibilidad de tener una vivienda, acceso a una educación de calidad, a un empleo digno, a un crédito y a actividades culturales y recreativas que en condiciones normales no tendrían.

Cuando hablo de bienestar estoy hablando de una amalgama de condiciones mínimas que hacen que te puedas desarrollar en dignidad. La palabra “dignidad” para nosotros es muy importante porque es la posibilidad de partir de un mismo punto con ciertas posibilidades y a partir de ese punto que tú te puedas desarrollar y elegir libremente lo que quieres hacer.

Dentro de la sombrilla de la protección social, muchos países han incorporado la compensación familiar dentro de sus esquemas de protección social con la diferencia de que en muchos de esos Estados el aporte o quien financia esas asignaciones familiares es el Estado, en Colombia lo financia el empleador.

¿Se podría decir entonces que la labor de las cajas de compensación ayuda a avanzar en materia de derechos?

Claro que sí. Cuando estás en el partidor con una serie de mínimos, estás hablando de la posibilidad de que puedas desarrollar o ejercer con algunas posibilidades esos derechos mínimos. Y el más importante de esos derechos es, además de la dignidad, la libertad, porque esos mínimos te dan la posibilidad de elegir. En condiciones de pobreza extrema, la capacidad de elegir es muy reducida, casi nula.

En Colombia el 69 % de nuestros afiliados, trabajadores formales, son personas que ganan 1,5 salarios mínimos. Entonces, tampoco uno puede pensar que cuando una persona tiene un trabajo formal ya salió de las condiciones de pobreza.

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En este mundo, tenemos a los trabajadores formales y a los informales, que hoy en día llegan a 13 millones de personas. Y esas personas informales no tienen la posibilidad de acceder a una pensión. Sin embargo, tienen acceso a una serie de subsidios cruzados, que en muchos casos es lo que hace que se mantengan en la informalidad, y se llama informalidad voluntaria. Pero si logramos convencer a esos informales voluntarios de que yendo a la formalidad también tendrán ayudas, como las que ofrece el subsidio familiar, esta sería una herramienta positiva para generar ese traslado de la informalidad a la formalidad.

¿Qué podríamos decir del rol de las cajas de compensación para avanzar en materia de igualdad de género?

Cuando uno mira la población que no está económicamente activa, que son más o menos 14 millones de personas, 6,9 millones son mujeres. Estas mujeres están atascadas en el cuidado. Y eso nos tiene que hacer un llamado para entender que es necesario establecer un serio sistema nacional de cuidado para que puedan salir de ese oficio y puedan incorporarse al mercado laboral y todas sus ventajas.

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Entonces, aquí está el sistema de compensación para poder ayudar en ese segmento: pueden dejar a nuestro cuidado a los niños, las personas con discapacidad o los adultos mayores. Es una de las partes más importantes que tiene el sistema de compensación frente a esas mujeres que están ancladas en el cuidado.

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Pero también es hora de decirles a las mujeres que están ancladas en el cuidado que también pueden capacitarse e integrarse al mercado laboral: las cajas también están cumpliendo un rol muy importante desde la formación para el trabajo.

Cuando las cajas inician hace casi 80 años su funcionamiento, estaban pensando en familias que estaban llenas de hijos, pero hoy en día, como ha aumentado la expectativa de vida y ha disminuido tasa de natalidad, ya no nos tenemos que enfocar tanto en los niños, sino que empezamos a enfocarnos más en el cuidado del adulto mayor.

En el mercado laboral, nuestras afiliadas hoy en día son el 46 %, y hoy quienes más reciben subsidios de vivienda del sistema de compensación son las mujeres: el 60 %. Cuando llegué al sistema de compensación el acceso de mujeres cabeza de familia a esos subsidios de vivienda era muy bajo, y creo que nos hemos movido mucho desde el gremio y desde las mismas cajas para tratar que esas mujeres tengan más acceso a subsidios.

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¿Qué servicios de cuidado prestan las cajas?

Ya tenemos centros especializados en personas mayores, con discapacidad o de niños. Muchas cajas están construyendo y dedicando esfuerzos a esto. Aquí en Bogotá las cajas han hecho una tarea muy importante para proporcionar centros destinados directamente a esta población. Eso permite que una persona que está dedicada al cuidado pueda hacer que la persona que está bajo su cuidado pueda ir a uno de estos centros todo el día. Aquí no hay un sistema nacional de cuidado como en otros países del mundo, como España, donde esas personas mayores o con una enfermedad o discapacidad pueden estar mientras las personas, las mujeres principalmente, trabajan o se educan. Las cajas estamos desarrollando todos estos centros para que eso pueda ocurrir.

Y más allá de los subsidios de vivienda, que de pronto es el más visible, ahorita que empieza la temporada escolar todas las cajas ofrecen subsidios para que los niños puedan tener sus útiles escolares o sus uniformes. Incluso los colegios de las cajas para esas categorías A, donde tenemos al 46 % de las mamás, pues les ayudan a estas mujeres con los kits escolares o con la posibilidad de tener becas en los colegios o en los jardines de las cajas de compensación o que operan las cajas. Ayudamos mucho en el tema de jornada escolar complementaria, que es también una ayuda muy grande para las mamás, porque es la forma en que los niños estén desarrollando aptitudes lectoras, de idiomas, deportivas o artísticas y que alejan a los niños de otras actividades que pueden ser no tan buenas para su desarrollo.

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¿Qué cambios cree que ha podido imprimirle al gremio desde que está en este papel?

El tema es cómo visibilizar, y sí ha sido un propósito del gremio, beneficios para las mujeres cabeza de familia, porque a pesar de que el subsidio o la asignación se crea para beneficiar al conjunto de la familia, lo que no se nos puede olvidar es que muchas de esas familias están comandadas por una mujer. Decir que el 46 % de nuestras beneficiarias son mujeres es, de hecho, muy importante, si tienes en cuenta que en el mercado laboral hay más vinculación masculina que femenina. ¿Dónde estamos poniendo el objetivo? En el cuidado, en cómo vamos a traer a esas mujeres, porque, cuando tú ingresas al mercado laboral, puedes desarrollar todo tu potencial. Pero también hay mujeres que se quieren quedar en el cuidado, y el sistema de compensación lo que está haciendo es tomar a esas mujeres y capacitándolas, porque no es lo mismo cuidar a un niño que a una persona con discapacidad o que una persona mayor. El cuidado también requiere capacitación.

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Desde el gremio, hablamos con el Ministerio de Trabajo para que esas beneficiarias que se dedican al trabajo de cuidado puedan recibir cuotas monetarias.

Si bien los servicios de las cajas están dirigidos a todas las personas, creo que el esfuerzo sí ha sido muy importante en relación con las mujeres. Tenemos cajas con beneficios maravillosos para madres gestantes, trabajando en algo muy interesante que se llama micronutrientes: cómo llegar a esas madres con esos micronutrientes que necesitan dentro de los primeros meses de desarrollo.

Por ejemplo, Compensar tiene una campaña muy interesante en la que esos subsidios para madres gestantes se destinan principalmente a la nutrición. Y luego, cuando el bebé nace, todo ese subsidio pasa a ese bebé en sus primeros meses.

Para nadie es un secreto que este sector, como muchos otros de la economía, ha estado tradicionalmente liderado por hombres. ¿Todos estos cambios o innovaciones en cuanto a género es algo que se ha dado orgánicamente dentro de las cajas de compensación o cómo han llegado a estos replanteamientos?

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Tiene razón: la gran mayoría de directores de cajas son hombres. Hoy tenemos 42 cajas de compensación familiar, 26 están afiliadas a Asocajas, las más grandes y las medianas, sobre todo, y en la junta solamente tenemos a tres mujeres. Entonces, ¿a qué le atribuyo esto? A que el sistema, al estar orientado a la familia, siempre ha puesto en el centro a la mujer, independientemente de que el director sea hombre.

Cuando usted dice orgánicamente, sí, orgánicamente se llega a que este sea un apoyo para el trabajador, pero sobre todo para la mujer trabajadora y su grupo familiar. Pero también creo que hay una corriente externa que se mueve hacia la protección para la mujer y también hay un grupo de directores que son visionarios.

Las cajas son autónomas en la creación de esos subsidios y esos servicios, y Comfama, por ejemplo, creó un subsidio a la menstruación. Y en principio todos los compañeros dicen: “¿Esto qué es?, ¿por qué?”. Pues porque se da cuenta de que muchas niñas dejan de asistir a los colegios, que hay una deserción escolar, porque esas niñas no tenían para comprar sus compresas higiénicas. Y cuando este director expone en junta los grandes beneficios que tiene ese subsidio, muchas otras cajas dicen: “Bueno, ¿y nosotros por qué no lo hacemos?”. Entonces, sí hay visión dentro de los directores y desarrollo de muchos temas que son, desde mi punto de vista, revolucionarios.

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Usted particularmente tiene una trayectoria en temas jurídicos y de derechos, desde las cortes. ¿Cómo considera que lo que pudo aprender o hacer en ese otro campo le ha servido para su rol actual?

Para mí llegar a este sector social ha sido muy revelador. Estuve en la Corte Constitucional, y todo lo que se hacía allí era en clave de derechos: cómo garantizar efectivamente los derechos. El tema es que muchas veces esos reconocimientos se quedan a veces en el papel. Cuando hay una restricción a que se penalice el aborto, es un tema pionero, importantísimo, pero de pronto cuando vas a las clínicas, a los hospitales, instrumentalizar esas decisiones es otro mundo, otra cosa.

En el sistema de compensación tú puedes hacer mucho para que esas decisiones que toman los jueces constitucionales se hagan realidad. Por ejemplo, cuando llegué aquí los subsidios de vivienda no se otorgaban a parejas del mismo sexo. Y ese fue un tema que nos propusimos desde el gremio para tratar con el Ministerio de Vivienda, para decirle que creemos que deben recibir un subsidio de vivienda, y lo logramos. Lo mismo con los hogares unipersonales.

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¿Cómo cree que en los últimos años se ha avanzado también en materia de igualdad de género entre las personas en posiciones de liderazgo?

Se han abierto muchas puertas y se han roto muchos techos de cristal, y no gracias a estas actuales líderes, sino al camino que han abierto muchas mujeres a través de estos últimos años. Pero también me he encontrado con que a veces los sesgos de género ni siquiera son conscientes, sino que forman parte de una manera de hacer las cosas, que culturalmente han estado ahí presentes, y que es necesario hacerlas evidentes para que esos liderazgos sigan floreciendo.

¿Por qué piden que en los cargos directivos el 30 % sean mujeres? ¿Por qué tiene que haber una norma que lo establezca? Al principio yo decía: “No debería existir una norma, debería ser orgánico”, pero no. Culturalmente no funcionamos así. Necesitamos a veces que nos lo recuerden en una norma, porque solamente cuando se hace explícito las culturas van cambiando. Y creo que lo estamos logrando, pero todavía nos falta. Yo decía que yo no era feminista, pero creo que todas las mujeres tenemos de alguna manera que ser feministas: cómo culturalmente vamos transformando sesgos que nos impiden hacer cosas y hacerlos evidentes.

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Para nadie es un secreto tampoco que el feminismo ha entrado en una especie de crisis porque es evidente que las mujeres salieron a la esfera pública, pero los hombres no entraron en la misma medida a los trabajos del hogar, al cuidado, y eso hace que las mujeres tengan dos o tres jornadas laborales, al tiempo que los hombres sienten que han perdido privilegios en la sociedad. Entonces, ¿qué podemos hacer como sociedad, y particularmente qué pueden hacer las cajas, para realmente “equilibrar la cancha” y que los beneficios de la igualdad de género sean evidentes para todos?

Entendiendo que el liderazgo no es solo del que está arriba, sino que hay muchos liderazgos desde la base de la pirámide, que hay que estimular, la pregunta es cómo desarrollar eso sin importar si es hombre o mujer, pero en igualdad de condiciones, y eso solo se logra a través de la educación. Y no solamente la educación del colegio o las instituciones educativas, sino desde de la casa. Cuando yo como mamá digo: “Esta actividad la haces tú porque eres la niña y esta actividad la haces tú porque eres el niño”... Hoy las mamás que entienden la importancia del feminismo también tienen que tratar de inocularlo en sus hijos, no solo en sus niñas, sino en sus niños. Las labores de la casa y del cuidado son de todos, compartidas. Son cosas que incluso los jóvenes hoy tienen que ir hablando en sus relaciones de pareja: ¿de qué te encargas tú, de qué me encargo yo y cómo compartimos esta responsabilidad?

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