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Carolina García: la abogada que transforma empresas en decisiones sostenibles

Una colombiana creó en 2025 Myzelio, una consultora que recorre ciudades y juntas directivas para convertir grandes compañías en negocios amigables con el ambiente.

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Tomás Tarazona Ramírez
30 de junio de 2026 - 01:00 p. m.
García ha dedicado los últimos dos años de su trayectoria profesional a convertir empresas en decisiones sostenibles y acciones con impacto ambiental.
García ha dedicado los últimos dos años de su trayectoria profesional a convertir empresas en decisiones sostenibles y acciones con impacto ambiental.
Foto: Cortesía
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“Aún hay chance de un futuro posible y sostenible con el medio ambiente”, dice Carolina García Arbeláez, una abogada de profesión que ha dedicado los últimos años al cuidado de la naturaleza y los ecosistemas. En 2025 tomó la decisión de juntar a varias mujeres colombianas y crear una consultora que busca convencer a algunas de las empresas más grandes del mundo de que la productividad y la conservación ambiental pueden ir de la mano. Esa apuesta la bautizaron Myzelio: un juego de palabras que hace referencia a la red subterránea que sostiene los ecosistemas del planeta a través de raíces y sistemas de todos sus organismos vivos.

Casi tres años después lidera una treintena de personas -la mayoría mujeres- especialistas en cómo conjugar la responsabilidad social, la productividad de las grandes corporaciones y el cuidado del medio ambiente. Y ha logrado transmitir su mensaje del “único futuro posible: el de convivir en equilibrio con la naturaleza”. Se lo ha entregado a grandes empresas, como Argos, Bavaria y Alianza Team, que emplean personas, pero también pueden contribuir en gran medida a mitigar el deterioro climático.

“No se puede abordar la crisis climática siguiendo las mismas lógicas que condujeron al planeta a este estado de emergencia. Nuestro trabajo es mostrarle a cualquier corporación, independientemente de su nicho, que se puede producir y al mismo tiempo proteger el planeta”, comenta García.

El arte de conectar

Una de las actividades principales que se han desarrollado en los cubículos y pasillos de la sede de Myzelio, en Bogotá, ha sido la de conectar grandes ideas con capitales igual de abultados que financien esas iniciativas. Si una corporación local, por ejemplo, en lugares alejados del centro en Colombia, tiene un modelo sostenible, que beneficie a la gran mayoría de sus participantes y de paso tenga réditos positivos con el medio ambiente, Myzelio conecta los bolsillos con las manos disponibles para hacerlos.

Así ha sucedido con corporaciones grandes que tienen casas matrices en varios países, como PepsiCo, L´Occitane y Marriott, al reorganizar el organigrama empresarial y enfocarlo a economías regenerativas y que aporten a la conservación desde sus diferentes industrias.

Pero su mensaje urgente de “hacer las paces” con la naturaleza también ha tenido eco en “startups” pequeñas, como Café Devoción, o en millonarios fondos filantrópicos, como Daughters for Earth, un fondo de USD 100 millones que financia a mujeres comprometidas con el liderazgo ambiental.

“Las empresas y la sostenibilidad no solo pueden ir de la mano, sino que deben ir juntas. Si no tenemos un planeta habitable en el futuro, tampoco estarán las empresas. Si no tenemos sistemas vivos, no habrá economía. Ese es el mensaje que difundimos y que han escuchado más de 30 aliados y organizaciones”, comenta la abogada.

Así sucedió a inicios de este 2026 con Moviendo (LO)CAL: una alianza entre la consultora y Yango, la empresa que transporta 1,5 millones de personas al mes en Colombia. La iniciativa trató sobre buscar proyectos pequeños de alto impacto y, luego de un concurso y varias proyecciones, entregarles bonos de COP 40 millones para impulsar su trabajo y maximizar el beneficio comunitario a largo plazo.

Una de las empresas ganadoras fue Ciclo Alternativo: organización de recicladores de oficio en Puente Aranda que trabaja para dignificar la labor de 340 clasificadores de residuos, entre mujeres, madres cabeza de hogar o personal de la tercera edad que dependen de cuántas toneladas recojan para poder sostenerse económicamente. El patrocinio servirá para mejorar sus condiciones laborales, kits de autocuidado y un paso más para formalizar a los integrantes que por décadas han estado al margen de la seguridad social y ganancias de ley.

“Hay muchas brechas y tropiezos. Este impulso significa reconocer a una población marginada y estigmatizada e incluirlos al andamiaje social y certificar una labor supremamente importante”, explicó a El Espectador María Alejandra Sánchez, ingeniera ambiental y vocera de la organización.

Cambio de modelo

Por supuesto, ha habido tropiezos en el camino. Uno de los principales, recuerda García, es la preocupación de centenares de empresas que ven la sostenibilidad y el cuidado ambiental más como un gasto que una inversión.

Razones no faltan: una gran corporación, independientemente del área en que funcione, debe destinar cientos de millones para reorientar sus esfuerzos en que sus productos no afecten tan drásticamente el planeta. Pero también tiene la tarea de entrar a una tarea contrarreloj de capacitar a todo su personal, desde la cúspide hasta la base de la pirámide, en apersonarse del objetivo de sostenibilidad.

Pero García y sus socias se han encargado de mostrar una realidad que trasciende más allá de la caja menor de las empresas. Uno de los ejemplos que más trae a colación es el de la energía renovable: empresas que utilizan electricidad “limpia” alivia cargas contaminantes a la atmósfera y, en cuestión de unos años, ahorran dinero al no tener que desembolsar por consumir combustibles fósiles que mantengan funcionando una planta o un inmenso edificio.

Mensaje recibido

García comenta que Myzelio es solo una plataforma que ha logrado mostrarle a Colombia que la sostenibilidad sí es posible, y las organizaciones han recibido el mensaje y lo han multiplicado. En el país, por ejemplo, hay al menos 150 empresas certificadas internacionalmente que combinan sus objetivos corporativos con acciones de cuidado ambiental, como Alquería, Bancolombia o algunas más pequeñas y de nicho, como lo es el caso de Alcaguete, un emprendimiento que por cada producto que comercializa destina un porcentaje a mitigar la desnutrición infantil y el desarrollo de comunidades vulnerables.

En unos años, dice la abogada, espera que el mensaje que empezaron a difundir se convierta en un rasgo del tejido empresarial colombiano.

“Todos, ciudadanos, empresas y privados, pueden sumarse al cambio. Es cuestión de transformar cualquier empresa en decisiones sostenibles que nos permitan seguir viviendo en equilibrio con la naturaleza”, concluye.

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