En muchos territorios del país, la violencia basada en género sigue siendo una realidad cotidiana que rara vez se nombra en voz alta. Para algunas mujeres, reconocer que viven violencia y no simples “problemas de pareja” puede ser el primer paso para protegerse. Para otras, saber que existen rutas de atención marca la diferencia entre el silencio y la búsqueda de ayuda.
En 2025, esta conversación llegó a territorios donde antes era poco frecuente, como San Andrés, Amazonas y Guainía. Allí, comunidades participaron en espacios pedagógicos sobre género, derechos y prevención de violencias. “Al inicio muchas personas preguntan: ‘¿Por qué vamos a hablar de género acá?’, como si fuera un tema ajeno. Pero al final esa duda se transforma. Empiezan a mirar su realidad con otros lentes, a reconocer violencias que antes veían como normales y a entender que hablar de igualdad puede hacer más segura la vida en el territorio”, cuenta Fani Areiza Moncada, facilitadora de la estrategia Ofelia no está sola de la Fundación WWB Colombia, quien acompañó procesos en varios departamentos, incluido San Andrés.
Durante el último año, Ofelia no está sola benefició a 6.765 personas, mediante procesos de formación y sensibilización desarrollados en 117 municipios de 25 departamentos, a través de 155 espacios pedagógicos y el trabajo articulado con 48 aliados públicos, privados y comunitarios.
“Escuchar historias como la de Viviana, quien entre lágrimas contó que su expareja, después de la separación, la buscó con amenazas de muerte hacia ella y sus hijos, o la de Isaura, que recordó el asesinato de su hermana a manos de su pareja hace dos años, es devastador. Pero también confirma por qué es necesario seguir: todas y todos somos dignos de derechos, y es urgente poner sobre la mesa los estereotipos de género que siguen alimentando el dolor y la exclusión”, relató Fani.
En San Andrés, varias participantes manifestaron que nunca habían tenido un espacio seguro para hablar de estos temas ni acceso a información clara sobre sus derechos. Algunas reconocieron por primera vez que la violencia no siempre deja huellas físicas; otras identificaron señales de control económico o manipulación emocional que antes normalizaban.
Sensibilizar, fortalecer, comprender
El Cine Taller Ofelia no está sola, al final tú decides es una estrategia pedagógica y cultural que busca sensibilizar y fortalecer la comprensión de las Violencias Basadas en Género (VBG) en situaciones cotidianas. La iniciativa narra la historia de Ofelia, una joven que, en el marco de su relación con Pedro, enfrenta distintos episodios de violencia impactan su vida personal y familiar. El cortometraje invita a reflexionar sobre la toma de decisiones frente a estas violencias, presentando tres posibles desenlaces que promueven el análisis crítico, el reconocimiento de las VBG y el conocimiento de los derechos de las mujeres consagrados en la Ley 1257 de 2008.
En el último año, el cinetaller llegó a una diversidad de territorios urbanos y rurales del país, con presencia en capitales, municipios intermedios y comunidades apartadas. Entre algunos de los lugares visitados se encuentran Cali, Buenaventura, Cartagena, Leticia, Inírida, Quibdó, Cúcuta, Sincelejo, Palmira, Jamundí, Tumaco, Popayán, Barranquilla, San Andrés, Providencia, Riohacha y Barrancas, así como centros poblados más pequeños como La Boquilla (Bolívar), Puerto Nariño (Amazonas), Unión Panamericana (Chocó), Villa Rica (Cauca), Robles (Sucre) y Timbíquí (Cauca), lo que da cuenta del alcance territorial y la diversidad de contextos en los que se desarrollaron estos espacios pedagógicos.
Para Johana Urrutia, directora de Programas de la Fundación WWB Colombia, llegar a territorios como San Andrés y Amazonas tiene un significado estructural:“Son territorios históricamente marginados de las estrategias de prevención, pese a que las cifras muestran altos niveles de violencia basada en género. Haber llegado allí es clave porque permite que más personas reconozcan sus derechos y accedan a herramientas para prevenir la violencia en su vida cotidiana”.
Urrutia insiste en que uno de los principales aportes de estos procesos es ampliar la comprensión sobre lo que realmente constituye violencia:
“Es fundamental que las personas identifiquen que la violencia no es solo física o psicológica, sino también económica, patrimonial y digital, y que además puedan conectarse con las rutas de atención disponibles en el país”.
En muchos municipios, estos encuentros han sido el primer espacio estructurado de conversación sobre violencias basadas en género al que han tenido acceso las comunidades.
Que la prevención transforme la vida cotidiana
De cara a 2026, el desafío no es solo ampliar la cobertura territorial, sino profundizar el impacto cultural. Entre las prioridades están trabajar los roles de género en los hogares, fortalecer la corresponsabilidad en el cuidado, integrar la salud sexual y reproductiva como herramienta preventiva con mujeres jóvenes y llevar estas conversaciones a entornos laborales, empresariales y espacios públicos.
“Necesitamos que la prevención atraviese la vida cotidiana: la familia, el trabajo, la calle. Que los espacios donde transcurre la vida de las mujeres sean entornos seguros, respetuosos y libres de violencias. Ese es el cambio de fondo que el país necesita”, concluye Urrutia.