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Faltan cinco pa’l peso: las consecuencias de un sistema financiero desigual para las mujeres

Colombia muestra síntomas de mayor equidad de género en el mundo financiero, pero aún hay algunos diagnósticos que alertan que falta recorrido para que, más allá de las cifras, tengan oportunidades reales de cambiar sus vidas.

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Tomás Tarazona Ramírez
08 de abril de 2026 - 09:51 p. m.
La desigualdad de género permanece en todos los países del mundo.
La desigualdad de género permanece en todos los países del mundo.
Foto: Pixabay
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No son solo los salarios desiguales o que el peso del desempleo recaiga mayoritariamente sobre ellas. Tampoco se trata únicamente de que madres, hermanas o abuelas dediquen casi un tercio de sus vidas a cuidados por los que no reciben un céntimo como remuneración. Es también todo un sistema financiero que, aunque ha pavimentado avances para lograr la equidad de género, sigue teniendo en desventaja a las mujeres y sus posibilidades de salir de la pobreza o traducir los avances en bienestar.

Si bien las mujeres han logrado subir varios peldaños para alcanzar la igualdad financiera, expertos en el mundo económico aseguran que queda toda una escalera por delante para lograr una equidad real. El Espectador habló con ellos para conocer qué falta para que, como se dice popularmente, ser mujer deje de ser tan costoso en Colombia.

“Hemos avanzado en el acceso al sistema financiero, pero la igualdad real exige cerrar brechas mucho más profundas asociadas al uso del sistema y al acceso efectivo a oportunidades (...). La diferencia no está solo en quién tiene un producto financiero, sino quién puede usar ese sistema para crecer o construir patrimonio”, comenta Isabela Fernandes, gerente de Comunicaciones y Sostenibilidad del Banco Itaú.

Saldo insuficiente

Los tiempos han cambiado y también las varas con las que se mide la desigualdad de género. Soraya Husain, directora de investigación de la Fundación WWB Colombia, comenta que hace décadas el foco estaba puesto en lo desigual que resultaba que mujeres que realizan las mismas labores que los hombres pero perciben un sueldo muy inferior o cómo acceder a trabajo o a ser propietaria de un bien era casi un imposible.

Pero ahora que las mujeres están en puestos de poder y forman una parte de la arquitectura económica del país, hay nuevos debates. Para Husain, que ha liderado investigaciones de inclusión financiera con enfoque de género, los ojos de la economía deberían posarse sobre cómo hacer que esas brechas que se han venido derribando (como salarios, trabajo, ahorro, crédito) se traduzcan en bienestar real para las mujeres. Es decir, que pasen del plano de las cifras y la macroeconomía a la vida de madres cabeza de hogar, emprendedoras o jóvenes que recién inician su vida financiera.

Y es que algunos de los proyectos que Husain ha liderado en la Fundación WWB indican que un símbolo de autonomía financiera radica en que las mujeres emprendan, costeen sus propios gastos y no dependan de terceros que puedan arrastrarlas a vidas de subordinación y violencia. Pero a esa fórmula le falta un factor: que los caminos pavimentados conduzcan a destinos donde cambien sus vidas, construyan capital o salgan de situaciones de pobreza.

“No es solo el sistema financiero, sino toda la estructura social la que ha ahondado las desigualdades. Las deja de lado a pesar de que son el sostén de la economía, pues sus tareas de cuidado representan el 20 % del PIB. Sin las mujeres nadie hubiese sido cuidado o podido trabajar”, asegura Husain.

Datos de pesos pesados del mundo económico muestran que hay avances; pero siguen siendo insuficientes. Por ejemplo, el último Reporte de Inclusión Financiera, publicado en 2024, reveló que había una paridad parcial entre hombres (99,4 %) y mujeres (92 %) cuando se habla de acceso a productos financieros. Pero tener un producto, como asegura Husain, no es sinónimo de mayor autonomía u oportunidades. En el mismo informe queda demostrado que cuando las mujeres “buscan pista” para adquirir un crédito, se alzan nuevamente las barreras.

El documento indica que, en promedio, a las mujeres les aprueban microcréditos un 17,8 % menores que a los hombres. Y las complicaciones continúan: así tengan perfiles crediticios prácticamente idénticos, las mujeres llegan a pagar dos o tres veces más en tasas de intereses, aún cuando las mismas cifras muestran que tienen menos índice de morosidad y retrasos para pagar esos préstamos.

“Rara vez es una política explícita. Se puede explicar con algoritmos (que aprueban, o no, un crédito) que aún no entienden la realidad de la mujer y de quienes, como ellas, lideran la economía informal y asumen 2,5 veces más horas de cuidado no remunerado”, comenta Santiago Etchegoyen, cofundador de uFlow, una fintech en Colombia.

Lo macro a lo micro

¿Cómo afectan esas cifras a las colombianas? Héctor Nieto, director del programa de finanzas de la Universidad El Bosque, recalca que si bien las desigualdades ofrecen un diagnóstico en términos generales, también causan daños individuales.

Un ejemplo son las consecuencias de una mujer emprendedora que depende, sí o sí, de un crédito para poder sostener o aspirar a más en su negocio. La negativa al préstamo, u otorgarle un crédito de menor valor, termina siendo un antídoto peor que la enfermedad. Así lo determinó un informe de la Fundación WWB donde señala que las brechas, usualmente sustentadas en sesgos de género relacionados a la maternidad o productividad de las mujeres, pueden conducir a las mujeres a reportes negativos o no sostener sus emprendimientos.

“Las brechas no solo limitan el acceso a productos financieros, también inciden en la autonomía económica. Definen qué decisiones se pueden tomar, en qué momento y con qué nivel de seguridad. Debemos hablar de la calidad de la inclusión a las mujeres: los montos, tipos de productos, capacidad de financiamiento o acumulación de activos. Ahí es donde todavía hay un rezago importante que define, en la práctica, cómo avanzar hacia una mayor equidad económica”, agrega Nieto.

Pero hay más indicadores que si bien muestran avances a nivel macroeconómico, en la escala individual deja saldos en rojo. Ese es el caso del dato revelado por el Consejo Privado de Competitividad, donde quedó demostrado que la maternidad sigue siendo una barrera para la inclusión en el sistema financiero. El informe menciona que, a ojos del mercado, los hijos son sinónimo de informalidad y por ende más inestabilidad para las mujeres. Según las cifras recopiladas por esa organización, tener un hijo reduce a 50 % las chances de ingresar al mundo formal y el 80 % de las mujeres que tienen más de tres hijos menores de 14 años se encuentran en la informalidad.

Hay otros dígitos que muestran el efecto dominó que causan estas disparidades. La Universidad de Los Andes señaló que a falta de salarios equitativos, las mujeres ahorran menos y se crea una bola de nieve que, en la vejez, permite que solo tres de cada 10 mujeres reciba una pensión y, en caso de lograrlo, cobren 30 % menos en sus mesadas de jubilación. Para Nieto, esto también condiciona cómo viven a lo largo de su juventud: “Se aplazan decisiones, se limitan posibilidad y se reducen opciones de adquirir vivienda, consolidar un negocio o invertir en educación. No ocurre en un solo momento, sino que se consolida a lo largo de los años”.

La tarea ahora consiste en que el mundo financiero, más que incluir a las mujeres, logre materializar esos avances en bienestar real para ellas, que hoy son más de la mitad de la población, pero cuya mayoría no se está traduciendo en empleo o formalidad. Mientras eso no pase, los pronósticos van a seguir siendo los mismos: pierden ellas, por supuesto. Pero pierde Colombia entera al dejar de lado a millones de personas que pueden contribuir al desarrollo del país.

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