¿De qué se trata “Todo por contar”?
“Todo por contar” empezó como mi biblioteca digital, con la idea de poner fotos de los libros que me estaba leyendo. En mi casa, desde que yo era muy chiquita, los siempre libros han estado presentes en todo. En vacaciones o viajes cortos íbamos a una librería y mis papás nos decían a mi hermano y a mí: “Cada uno sale de aquí con un libro, el que quiera”.
Después en la vida llega la universidad, el trabajo, y uno se embolata. La lectura la había dejado de lado, pero en la pandemia dije: “Con esta cantidad de tiempo libre, qué chévere volver a conectarse con la lectura”. Así lo hice, y dije: “Voy a empezar a publicar mis libros y a hacer ‘reviews’ [reseñas] chiquitos, para mí, de los libros que me vaya leyendo”. Ahí empezó a nacer esta idea y pensé que sería chévere compartir eso.
Como yo estudié administración, empecé a leer cosas de no ficción, cosas de negocios, biografías, muy estimulantes para mí en ese momento y sentí las ganas de compartirlo.
Quisiera tener una gran historia sobre el origen del nombre, pero creo que estaba yo en piyama, en el sofá, en la mitad de la pandemia, con el mundo muy loco, y se me ocurrió “Todo por contar”, que después fue teniendo mucho más sentido.
Hoy, después de seis años de estar ahí creando contenido y haciendo comunidad, es un espacio para aprender, de diferentes formatos. Siempre me defino como la eterna estudiante, la persona que siempre quiere estar aprendiendo cosas nuevas, y ese espacio es para visibilizar, y lo pongo en mi perfil, lo que se me ocurre, lo que oigo, lo que otros me cuentan, lo que leo en los libros. Más allá del canal, es un espacio para aprender y compartir historias que, creo, son lo que une la vida de las personas.
¿Por qué hablas de “comunidad”?
En redes sociales se mezcla mucho al hablar de los seguidores como “comunidad”. Si tú tienes 10.000 seguidores, tú dices “Mi comunidad de 10.000 seguidores”. Pero yo he me he replanteado un poquito ese concepto porque siento que en redes hay audiencias con muy buen potencial y demás, pero para mí una “comunidad” tiene unas características diferentes, donde no solamente hay alguien que recibe el mensaje, sino que hay una doble vía y conversaciones entre la gente sin que uno esté.
Entonces me siento muy orgullosa de que “Todo por contar” pase de ser simplemente una buena audiencia a ser una comunidad donde la gente puede interactuar, incluso sin que yo esté en el medio.
¿Por qué te inclinaste por los libros y no otra cosa, como series, películas, etc.?
Creo que era lo que yo tenía más a la mano. Siempre ha habido una gran biblioteca en mi casa. Mis papás se separaron cuando yo tenía como 16 o 17 años, y en la casa que cada uno hizo mantuvieron la misma estructura de biblioteca.
Fue un recurso con el que me conecté mucho porque cuando empecé a leer los primeros libros en esa pandemia, después de no haber leído mucho durante mucho tiempo, sentí que el formato era lo que yo buscaba en medio de tanto ruido. Yo decía: “No quiero más algoritmos, quiero el libro en papel, físico”.
¿Cuál es la interacción que tienes con las personas que te siguen? ¿Qué actividades hacen?
En 2021 empecé con clubes de lectura. Yo veía que había muchos clubes de lectura, por ejemplo de literatura, de libros de grandes autores, de premios Nobel, de libros de ficción sobre todo, pero yo encontraba muy poco sobre no ficción: libros de negocios, de mercadeo, de desarrollo personal, y decidí hacerlo. Esa iniciativa se ha mantenido durante cinco años y me ha demostrado que todos tenemos una necesidad por conectarnos con otras personas, porque a la gente le llama la atención el libro o el hecho de leer, pero siempre quieren compartir con otra gente. A medida que uno crece es más difícil hacer amigos, conocer gente nueva o a tus amigos no necesariamente les encanta el libro que tú lees.
Alguien me contaba hace poco: “¿Te acuerdas de que hace un año y medio hicimos un club y terminamos con un taller presencial? De ahí yo hablé con otras personas y hoy en día son mis grandes amigas". Qué impresionante que esto se pueda generar.
Leemos más o menos seis u ocho libros al año con el club y siempre busco que las sesiones, que son virtuales, terminen con alguna experiencia presencial que lo acerque a uno a al libro. Entonces, por ejemplo, si estamos leyendo algo de bienestar, hacemos una clase de yoga juntos. Si estamos leyendo biografías de negocios, hacemos una sesión en la que nos podamos sentar con fundadores de startups.
Lo otro es que yo a través de los libros descubrí la escritura, no escritura profesional o para publicar ni mucho menos, sino simplemente como un canal de autoconocimiento y de sacar el enredo que uno tiene en la cabeza. Hice journaling (escribir un diario) durante 2023, cuando estaba renunciando a mi trabajo corporativo y me estaba separando de mi pareja, y dije: “Vamos a intentar escribir a ver qué sale aquí”. Y fue tan impactante que decidí crear un taller de journaling, solo en diciembre y en enero, para reflexionar qué pasó el año anterior y planear el siguiente.
¿Son un grupo consolidado con los mismos participantes o abres nuevos cupos cada vez para esas actividades?
Cada mes anuncio el club de lectura y es entrada libre. La gente se va inscribiendo a cada club de lectura. Hay unos que siguen desde el año pasado, otros se van uniendo cada mes, eso le da aire al espacio.
He querido hacer que el club de lectura sea también toda una experiencia, entonces les mando el libro a la ciudad de Colombia en la que estén, con una cajita, regalos para los lectores, cosas que siento que hoy se han perdido mucho: volver a regalar un cuadernito intencional, una vela, algo que vaya con el mood (estado de ánimo) de la lectura, y creo que eso ha sido parte de por qué la gente sigue viniendo al club.
¿Cómo escoges los libros?
Soy muy fan de algunas listas de recomendación, como la del New York Times, no me la pierdo; la de Adam Grant, que es un autor que me fascina, él publica trimestralmente qué libros recomienda para el trimestre. Siempre estoy viendo autores y pensadores que me gustan, qué libro están leyendo o qué están recomendando.
También soy muy fan de ir a las librerías físicamente, creo que es mi mayor fuente de libros. Para mí, las librerías en el mundo digital siento que no han terminado de inventarse: entrar a ese espacio físico, ver cómo están organizadas las cosas, los rinconcitos que nadie ve, en donde he encontrado los libros que más han cambiado mi vida.
La pregunta obligada: ¿cuál es tu libro favorito?
Es muy difícil, siento que esa respuesta cambia según el año en el que uno esté y la situación que uno está viviendo, pero creo que uno de los más transformadores para mí ha sido El acto de crear, de Rick Rubin, que es un productor de música detrás de muchos hits que uno oye y no tiene ni idea de que él está detrás. Ese libro habla de la creatividad desde una perspectiva más filosófica, de que todo el día nosotros somos creadores. Por ejemplo, esto que estamos haciendo es crear una conversación, del que se va a crear un artículo… todo el tiempo estamos en ese modo. Ese libro lo lleva a uno por el poder de la creatividad, de cómo reforzar la confianza que uno mismo tiene. Tal vez la razón por la que es mi favorito es porque habla mucho de los bloqueos que uno a veces dice tener, y uno de los mensajes del libro es que no hay cosa tal como estar bloqueado porque la fuente de creatividad nunca deja de fluir, es uno el que le está poniendo la tranca. Invita un montón a esa reflexión del poder de crear, de soltar y construir la confianza.
Soy generación Z o, bueno, estoy entre la bisagra de centennial y millennial, y siento que nos mucha falta confiar, una espiritualidad que va mucho más allá de la religión, porque somos una generación que claramente se ha cuestionado eso, nuestros papás se lo cuestionaron también, pero nos hace falta agarrarnos a algo, que hoy en día es el universo, la manifestación, como lo quieran llamar, pero nos hace falta confiar un poquito más en que las cosas se pueden dar a nuestro favor.
Tú trabajabas en una empresa en márketing digital. ¿Hoy estás dedicada 100 % a “Todo por contar”?
Yo me gradué de administración de empresas, empecé a trabajar en marketing digital desde mi práctica empresarial, duré seis años en una empresa de educación en línea y, a raíz del taller de journaling que te contaba, sentí que había una chispa de querer dedicarme por completo a “Todo por contar”. Desde hace tiempo me preguntaba si esa comunidad había crecido de esa manera dedicándole el 15 % de mi energía y de mi tiempo, ¿qué pasaría si yo de verdad me dedico a este proyecto? Decidí renunciar y le metí todo el foco a mi cuenta y a mi comunidad. Siempre terminábamos reunidos en un café o un espacio que alguien nos prestaba, pero siempre sentí la necesidad de un espacio para clubes de lectura y encuentros en comunidad.
Tiempo después vi un espacio espectacular, muy cerca de Unicentro, y era lo que quería. También me empecé a dar cuenta de que había mucha gente que estaba creando comunidades y que quería reunirse físicamente, y las únicas opciones eran hoteles, que es muy costoso, o cafés, que no son un espacio óptimo.
Al tiempo, me estaba leyendo El acto de crear, que también decía que lo que uno está creando se le va revelando a uno con el tiempo.
Sabía también que debía encontrar un modelo que fuera en línea con lo que quería, pero que me permitiera crear flujo de caja. De ahí nace Vínculo, la casa de “Todo por contar”. Es una librería, un espacio de coworking (trabajo compartido) y un espacio para eventos.
Se habla del “hábito” de leer, pero un hábito es, por ejemplo, lavarse los dientes antes de dormir. ¿Qué recomendaciones darías para cultivar el gusto por la lectura, sobre todo en tiempos en que no hay tiempo para nada?
Encontrar lo que a uno le gusta es prueba y error. Yo no creo que uno tenga que ir a los clásicos de la literatura, o que si uno se sabe los autores y los estilos literarios es mejor lector que la gente que está leyendo libros de desarrollo personal o de negocios. Creo que hay que romper ese mito. Mi primera recomendación sería ir explorando qué libros me gustan, qué temas me llaman la atención. Si yo oigo pódcast, si veo series, si converso con mis amigos, sobre qué temas se trata, qué temas me gustan o me apasionan. Y entonces cómo puedo buscar un libro que hable de esos temas, para empezarme a enganchar. Aquí viene un consejo medio contraintuitivo: creo que uno puede abandonar los libros. Hay mucha gente que bloquea su proceso de lectura porque se empezó a leer un libro y dice: “No me gustó, no me enganché, pero lo tengo que terminar”. Y yo digo: “La vida es muy corta y la cantidad de libros que hay es demasiada como para estar uno terminando un libro que no le apasione y que no lo enganchó”.
Por otro lado, la gente cree que tiene que dedicarle una hora completa a la actividad de la lectura. Sacar ese tiempo puede sonar abrumador. Yo digo: son cinco o 10 minutos de lectura, no necesitas la hora completa. Siempre ponemos la excusa del tiempo, pero uno ve las estadísticas del celular y a la semana pudo estar ocho horas en redes sociales. Eso, versus cinco minutos todos los días… Creo que se vuelve una meta más lograble.
Y lo último: uno está tan pegado al celular que a uno no se le queda en la casa y, si se le queda, se devuelve. Entonces, soy partidaria de que todo el mundo coja un libro y lo eche en la cartera, en el morral, para tenerlo a la mano durante el día, que tiene muchos tiempos muertos, esperando una cita o a la persona con la que quedaste para almorzar. Esos momentos para mí valen oro.
Al final, creo que no se trata de leer por leer o de leer más libros, sino de leer mejor y que lo que uno esté leyendo tenga sentido para la vida de uno. Cuando uno lee, todo pasa por un colador, pero, para mí, si se te quedó una sola frase, valió la pena. La gente cree que le toca recitar el libro, pero a veces el libro trae una frase, un concepto que se queda, así sea un libro de 400 o 500 páginas.