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Hace unos días, María Corina Machado convocó a 11.000 personas en Madrid. Allí aseguró que el retorno a Venezuela, más que un anhelo, será una realidad cercana. Pero lo cierto es que ese mensaje cargado de esperanza, aunque ilusione con reparar los ocho millones de vidas que se fracturaron huyendo del chavismo, está lejos de materializarse.
Expertos en la diáspora comentan que si bien retornar es un deseo generalizado en los venezolanos, aún faltan condiciones para que familias que llevan una década, o más, en el exilio consideren volver a un país que completa 27 años de dominio chavista.
Así lo demuestra el último estudio del Observatorio de la Diáspora: según sus datos, 9,2 millones de venezolanos han salido de su tierra para asentarse en 91 países alrededor del mundo, siendo Latinoamérica y el Caribe los principales receptores, seguidos de Europa, Canadá y otras latitudes. La respuesta a esto es generalizada: el anhelo del migrante es volver, pero no bajo el panorama actual que hoy vive Venezuela.
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El estudio encuestó a 1.266 personas en 55 de esas naciones que manifiestan, en el 40 % de las respuestas, una voluntad de regresar, pero solo si hay cambios significativos que les garanticen un proyecto de vida estable y acceso a mínimos básicos. En el caso de los exiliados políticos también se requiere la seguridad jurídica de no ser arrestados recién pisen suelo venezolano, donde aún siguen vigentes una treintena de leyes que criminalizan disentir del régimen chavista o exigir derechos humanos.
La encuesta también muestra que hay quienes, pase lo que pase, no están dispuestos a volver: el 23,7 % de las respuestas señalan que permanecerían en sus países de acogida, sea por un nuevo arraigo familiar que construyeron allí o porque ven muy lejano que florezca nuevamente un país que está sumido en una crisis política pero también social y económica, como lo catalogan organismos humanitarios alrededor del mundo.
Tomás Páez, sociólogo y coordinador del Observatorio, comenta: “Venezuela lleva casi tres décadas afianzando un modelo que causó la migración forzada del 30 % de la población. El retorno está condicionado a esas mismas variables que obligaron la salida muestren síntomas de mejora, como la salud, electricidad, empleo o libertades básicas”.
El costo de volver
Uno de los principales argumentos por los que la diáspora se muestra reticente a volver, dice el estudio, son las variables económicas. El 84 % de los encuestados envía remesas para sostener a familiares que permanecieron en el país. Pero la totalidad de los entrevistados reconoce que en 27 años de chavismo el ecosistema financiero se volvió un ambiente hostil para la inversión extranjera y también para sostener cualquier modelo de vida; hoy un profesor universitario de alto nivel percibe un sueldo de USD 12, mientras que el salario mínimo ronda los USD 0,30 centavos.
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La infraestructura petrolera, que antaño sostuvo las arcas nacionales produciendo tres millones de barriles en la década de los 90, hoy difícilmente extrae un millón diario. El descenso empeora con diagnósticos ofrecidos por Oxford Economics, que reveló que, aparte de la caída en la producción de hidrocarburos, Venezuela tiene una deuda equivalente al 193 % de su PIB. Los daños, comenta el estudio, se prolongarán al menos con una “tendencia insostenible” hasta 2037. A ese dato hay que añadir predicciones, como la hecha en 2024 por el Centro Internacional para Académicos Woodrow Wilson, donde se estimaba que nueve de cada 10 venezolanos que permanecieron en sus tierras vivían en condiciones de pobreza, o que la tercera edad recibe una pensión de USD 1,3.
“El 84 % de los encuestados percibe que su calidad de vida en el país de acogida es buena, y miles de familias se plantean si volver a emprender una nueva migración, esta vez de vuelta a Venezuela, y llegar a un lugar donde no hay mínimos básicos de supervivencia. Las personas no vuelven cuando quieren, sino cuando pueden sostener la vida que tuvieron antes”, comenta Páez.
Retorno condicionado
La decisión de retornar también pone en la balanza si los venezolanos, hoy viviendo en países democráticos y con libertades aseguradas, están dispuestos a retornar a un país que si bien ha tenido algunos cambios este año, sigue en un limbo incierto.
La encuesta del Observatorio revela que la seguridad es el primer aspecto a mejorar para retornar a Venezuela (75,1 %), seguida del acceso y funcionamiento de servicios públicos (69,5 %) o empleo digno (57,1 %).
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María Clara Robayo, investigadora del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario, comenta que el retorno de millones de personas debe leerse en términos estructurales: un factor político que detonó a su paso otros ámbitos de la vida pública, como la democracia, o el ecosistema social.
“Las causas de expulsión migratoria tienen que convertirse en factores de atracción (...) es un proceso demorado de varios años. Es una migración en que las personas buscan salir de la pobreza multidimensional, mejores servicios públicos, educativos, médicos. Estas situaciones tendrían que cambiar y para que se den, requieren un cambio de dirección política y administrativa, lo cual no es fácil en el corto plazo”, concluye Robayo.
