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Durante décadas, Colombia fue vista principalmente como un país receptor de ayuda internacional. Sin embargo, su transición a una economía de renta media-alta está cambiando las reglas del juego: menos recursos de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD), pero más protagonismo en nuevas formas de cooperación. En ese escenario, la Cooperación Triangular emerge como una de las apuestas más estratégicas del país para enfrentar desafíos persistentes como la desigualdad, el crimen ambiental o la productividad rural.
A través de la Agencia Presidencial de Cooperación Internacional (APC Colombia), el país está impulsando un modelo que combina intercambios de conocimiento, financiamiento compartido y alianzas entre países del Sur Global y socios tradicionales del Norte. El objetivo es generar soluciones más adaptables, sostenibles y basadas en experiencias reales.
La Cooperación Triangular funciona bajo un principio clave: la horizontalidad. A diferencia de los esquemas tradicionales, donde un donante financia y un receptor ejecuta, este modelo reúne al menos tres actores: un país solicitante, un oferente del Sur —como Colombia— y un segundo socio, generalmente del Norte, que aporta capacidades técnicas o recursos.
Más que transferir dinero, el énfasis está en compartir conocimiento. Buenas prácticas, metodologías, innovación tecnológica y lecciones aprendidas se convierten en los principales insumos de intercambio.
Este enfoque cobra sentido en un contexto donde muchos países enfrentan problemas similares, pero tienen niveles distintos de desarrollo tecnológico o institucional. La clave está en conectar esas experiencias.
Este enfoque ha ganado terreno en un contexto global donde los países en desarrollo ya no solo demandan ayuda, sino que también ofrecen soluciones. Colombia, con experiencia en temas como paz, desarrollo rural o gestión ambiental, se posiciona como un actor clave en esa transformación.
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Eso es lo que ocurre, por ejemplo, en el proyecto Intercítricos, una iniciativa que une a Colombia, Cuba y España para enfrentar la crisis silenciosa de la caída de la producción de cítricos en América Latina debido a enfermedades que se han expandido por la región.
Desde 2004, cuando se detectaron los primeros brotes en Brasil, el impacto ha sido progresivo. “Hemos ido perdiendo producciones de cítricos y áreas sembradas en todos los países. ¿Cuál es el reto? El reto es recuperar esta producción, ya que países como Cuba, donde estamos en estos momentos, ha disminuido más de un 50 por ciento su producción y siempre queremos tener una naranja, un limón, una mandarina, porque forman parte de nuestra cultura. Gracias a estas donaciones, a este proyecto, estamos trabajando para recuperar este sistema productivo”, explica Lumey Pérez, entomóloga agrícola de AGROSAVIA, quien describe un fenómeno que ha reducido significativamente la oferta de frutas como la naranja o el limón, productos profundamente arraigados en la cultura alimentaria de la región.
En algunos territorios, la situación es aún más crítica. En Cuba, por ejemplo, la producción prácticamente desapareció. Un productor recuerda cómo pasaron de tener más de 3.000 hectáreas cultivadas a no contar con ninguna. “De más de 3.000 hectáreas plantadas con cítricos, hoy día no tenemos alguna. Y lo debemos en un lugar fundamental a la enfermedad, al Huanglongbing —también conocida como “enfermedad del brote amarillo”, la plaga más destructiva de los cítricos a nivel mundial. Hoy participamos en un evento donde implementamos la fe de volverlo a fomentar, y por eso no perdemos la ocasión de intercambiar con los que más saben, con los que más experiencia tienen, porque nos dedicamos desde mucho tiempo, desde nuestra juventud, a la producción de cítricos, y la vimos desaparecer llegando con esta empresa a haber obtenido rendimientos de entre 30 y 40 toneladas por hectárea a no tener alguno hoy. Para nosotros la economía dependía de los cítricos en su totalidad”, dice José Piñero, citricultor de Cuba, resumiendo no solo una crisis agrícola, sino también económica: comunidades enteras se mantenían con ese cultivo.
Aprender juntos para recuperar
Frente a ese panorama, la respuesta no puede ser aislada. Las enfermedades que afectan los cítricos —complejas y de rápida propagación— obligan a pensar en soluciones regionales.
“Las enfermedades que afectan a los cítricos son tan complejas que requieren que se trabaje de conjunto. Cada país no puede trabajar de forma aislada, son enfermedades que de hecho afectan de manera regional los esfuerzos y condiciones que tiene cada país. Si se comparten y se integran los conocimientos, si se intercambian las experiencias, tanto buenas como malas, realmente resulta clave para avanzar en el desarrollo de estas enfermedades”, advierte Lochy Bautista, investigadora titular del Instituto de Investigaciones de Fruticultura Tropical (IIFT) de Cuba, quien explica que se trata de un problema que trasciende fronteras y exige trabajo conjunto.
Y agrega: “Un proyecto como Intercítrico nos ha permitido y seguirá permitiendo avanzar en este sentido, fortalecer capacidades, integrar conocimiento y, en definitiva, saldremos todos más preparados, con más condiciones para enfrentar el reto que representan estas enfermedades bacterianas”.
La Cooperación Triangular permite precisamente eso: integrar conocimientos, comparar experiencias —incluso los errores— y construir respuestas más robustas. En ese intercambio, países como España aportan avances tecnológicos, mientras que los países latinoamericanos comparten aprendizajes desde sus propios contextos productivos.
Los espacios de formación se vuelven entonces un punto de encuentro clave. Para los participantes, no se trata solo de recibir información, sino de actualizar prácticas y adaptarlas a sus realidades. “Nosotros tenemos la oportunidad de que países como España nos transfieran estos desarrollos de tecnología, así como Brasil, que tiene muchos años de experiencia en el cultivo de los cítricos”, señala la entomóloga Lumey Pérez, una de las asistentes a estos talleres, destacando el valor de acceder a conocimiento que no siempre está disponible localmente.
Pero el desafío no termina en la investigación. Llevar ese conocimiento al terreno es igual de importante. “Es importante que la información del conocimiento llegue a los productores. La capacitación de los citricultores es muy importante para que hagan la mejor estrategia para la toma de decisiones, lo que se debe hacer para manejar las enfermedades”, Renato Bassanezi, investigador de FundeCitrus de Brasil.
En medio de la incertidumbre, lo que se mantiene es la expectativa de recuperación. Algunos productores lo dicen sin rodeos: no han perdido la fe en que, con el conocimiento adecuado y su aplicación, podrán volver a niveles de producción similares a los del pasado.
Del campo a los tribunales: otro frente de cooperación
La lógica de la Cooperación Triangular no se limita al sector agrícola. También se está aplicando en uno de los problemas más complejos de la región: los delitos ambientales.
Estos crímenes —que incluyen la deforestación ilegal, el tráfico de fauna o la minería ilícita— no solo afectan los ecosistemas, sino que están vinculados a redes de corrupción y economías ilegales. Su impacto es global, pero América Latina concentra una parte significativa del problema: alberga el 60 % de la biodiversidad del planeta, mientras enfrenta algunas de las tasas más altas de pérdida de bosques.
En ese contexto surge Profor Ambiental, un proyecto que articula a Colombia, Paraguay y Argentina para fortalecer la capacidad institucional frente a estos delitos. La iniciativa busca mejorar la respuesta de fiscales, jueces, policías y técnicos en un escenario donde las dinámicas criminales evolucionan constantemente.
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Rosalía Fariña, jefe de departamento de la Dirección de Delitos Ambientales de Paraguay y quien participó en estos intercambios, señala que el valor del proyecto está en entender cómo se abordan los temas ambientales. “El poder haber participado de esta reunión de Profor Ambiental me permitió tener la visión de cuál es la situación y cómo se abordan los temas ambientales en Argentina y en Colombia, ver cuáles son los puntos comunes”, asegura Fariña.
El intercambio no es solo conceptual. También incluye herramientas prácticas desde el análisis de muestras entre laboratorios hasta metodologías para evaluar el impacto ambiental o rastrear redes criminales. Para los investigadores que participan, el aprendizaje es mutuo. No solo reciben conocimiento, también aportan desde su experiencia, fortaleciendo así sus propias capacidades.
Al final, el objetivo es compartido: mejorar la respuesta frente a un problema que afecta directamente a comunidades y territorios.
Nuevas reglas en la cooperación internacional
Detrás de estos proyectos hay un cambio más profundo en la arquitectura de la cooperación. Colombia no solo participa en iniciativas, también está ayudando a diseñar nuevos mecanismos.
Uno de los ejemplos más significativos es el Mecanismo Tripartito con Alemania y la Unión Europea, que creó un fondo conjunto con aportes iguales de cada socio. Este esquema rompió una lógica tradicional: por primera vez, un país latinoamericano transfirió recursos a un socio europeo para la gestión de proyectos.
A partir de esa experiencia surgieron nuevas plataformas como TriNova, que amplía los recursos y abre la puerta a más países y alianzas con socios como Japón, que incorporan temas como género, productividad y paz. En algunos casos, incluso se plantea un flujo inverso de aprendizaje: que países del Norte adopten prácticas desarrolladas en América Latina.
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“Con esta nueva convocatoria de TriNova, profundizamos una alianza de largo plazo entre Alemania y Colombia, generando nuevas oportunidades para abordar conjuntamente retos regionales y globales”, destaca Ulrich Hoecker, director país de GIZ Colombia.
Con más de 50 años de experiencia en Colombia, la cooperación alemana para el desarrollo ha contribuido al crecimiento económico, fomento del empleo, consolidación de la paz, cierre de brechas de género, cuidado del medio ambiente y el uso sostenible de recursos naturales, entre otros temas.
“Con esta nueva convocatoria de TriNova, profundizamos una alianza de largo plazo entre Alemania y Colombia, generando nuevas oportunidades para abordar conjuntamente retos regionales y globales”, destaca Ulrich Hoecker, director país de GIZ Colombia.
Más allá de los proyectos específicos, lo que está en juego es un cambio de paradigma. La Cooperación Triangular refleja una transición hacia modelos más equilibrados, donde el conocimiento circula en múltiples direcciones y donde los países del Sur Global dejen de ser vistos únicamente como receptores de ayuda.